miércoles, 2 de noviembre de 2016

¿Conoce don Juan a don Juan?


Don Juan Tenorio vuelve a Sevilla después de años fuera de España. Tuvo que huir de la justicia tras los crímenes cometidos en su quinta (el secuestro de doña Inés, robada del convento; las muertes de don Luis y don Gonzalo). En el antiguo palacio familiar se encuentra un panteón dedicado a guardar las sepulturas de alguna de las víctimas de sus desmanes. Las esculturas han sido terminadas tan solo un mes antes, excepto la suya, que no ha podido ser levantada por el escultor porque nadie le ha facilitado un retrato suyo.

ESCULTOR.- ¿También habéis conocido
                        a don Juan?
DON JUAN.-                     Mucho.

Y es cierto. Don Juan es quien mejor conoce a don Juan, quien mejor conoce su retrato a estas alturas del drama. Los demás solo saben de él por sus acciones y por lo que dice en ellas -sus palabras son acción, también- y porque o bien lo fijan en el tiempo sin dejarlo evolucionar porque pertenecen a una teología antigua (como hace don Gonzalo o su propio padre, don Diego, que levanta el panteón para lavar de alguna manera el honor familiar mancillado por aquel a quien desconociera en las primeras escena del drama) o bien porque, aunque pertenecen al mundo nuevo, fían en una vaga esperanza -incluso en contra de la opinión de Dios mismo- poder entrar en sus pensamientos y modificarlos (así, doña Inés). Su padre lo había negado como hijo en el primer acto, don Gonzalo vuelve al mundo como estatua para condenarlo porque no puede comprender que alguien sea capaz de cambiar; Inés se limita a esperar confiada en el amor. Pero todos lo desconocen. El mismo don Juan, cuando es un torbellino joven, pura acción, no se para a pensar en sí mismo y obedece al impulso de su personaje. Lo antiguo y lo nuevo se contraponen, dos formas de entender el mundo.

¿Qué ha pasado desde las famosas escenas de la quinta a las orillas del Guadalquivir con las que termina la primera parte del drama? Dos cosas: don Juan se ha enamorado y la edad. Don Juan se hace mayor en esos años en los que está fuera de Sevilla (eso es lo que facilitó a Gustavo Pérez Puig en el 2000 la dramaturgia que le llevara a proponer dos actores para don Juan: uno joven -Juan Carlos Naya-, otro mayor -Ramiro Oliveros-) y ese tiempo le ha permitido profundizar en sus cambios.

La suma de ambas cosas le provocan pensamientos extraños, como desvela el personaje en el eficaz monólogo que sigue al diálogo con el escultor. Don Juan ha cambiado y esto hace de la obra un drama más moderno que muchos de sus antecesores románticos, por mucho que pese a los que critican la obra.

El cambio se prepara en el diálogo con doña Inés en el que don Juan se enamora y sucede en la elipsis entre las dos partes pero aún el protagonista no es del todo consciente hasta este momento, cuando entra en el panteón familiar. A todo esto se refería el propio Zorrilla en la nota que acompañaba la versión para zarzuela de la obra con la que quería recuperar sus derechos -de autor y económicos- sobre la historia del Tenorio (de los ataques  de Zorrilla a su don Juan se ha escrito mucho y mal) cuando afirmaba que con su drama había despojado al Don Juan del absurdo y explicado el milagro sobrenatural con el que concluye de acuerdo a las exigencias realistas y filosóficas de su época. Es en virtud del amor como cambia don Juan. Del amor y del tiempo. Don Juan podrá fingir ser el mismo que era de joven pero en su pensamiento se ha instalado la culpa y la duda sobre sus acciones. El personaje se enriquece: la actitud social, la que debe ejercer ante los demás, es la misma pero por dentro piensa ya de otra manera. Esto es tan difícil de hacer en escena que casi todos los directores que se han enfrentado con el drama pasan de puntillas sobre esta parte, deseando que llegue pronto el final de la obra. El don Juan joven es mucho más ágil, popular y efectista. Más fácil de llevar con éxito a la escena, por lo tanto. Algo de eso es lo que dice Zorrilla en sus Cuatro palabras sobre mi Don Juan Tenorio, un texto lleno de zumbona gracia en el que critica con dureza la manera en la que se representa habitualmente su personaje. A él, además, le ocurre lo mismo que a don Juan: escribió la obra de joven, se fue de España, volvió y por todas partes fue perseguido por el éxito del drama:

En los años que han corrido
desde que yo le escribí,
mientras que yo envejecí
mi Don Juan no ha envejecido.

Y fama tal por él gozo
que se cree, a lo que parece,
porque Don Juan no envejece,
que yo he de ser siempre mozo.

Pero no, Zorrilla se había hecho mayor y se le nota muy harto de que todos se enriquezcan con una obra que a él no le reporta ni un centavo (mi drama D. Juan Tenorio es al mismo tiempo mi título de nobleza y mi patente de pobre de solemnidad). Que señale los defectos de su drama no significa que no lo considere y augure que viva diez mil soles. No es para menos: habla de la cuestión de la inmortalidad, del libre albedrío, del amor, de la rebelión ante todos y ante todo, de la oposición entre lo viejo y lo joven, de la aventura y de la tentación del abismo.

Y aquí estamos aún, como cada año, pese a quien pese, volviendo a Don Juan Tenorio. Ya me lo perdonaréis. Llevo unos cuantos años dedicándole entradas en este blog cada 2 de noviembre. Porque la obra aborda la tradicional fiesta del día 2 de noviembre y no la del 1, que siempre conviene recordar que no es lo mismo el día de Todos los Santos que el de los Fieles Difuntos. Para no mezclar churras con merinas, aunque a nadie le importen ya estas cosas.


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Otras entradas sobre el Don Juan de Zorrilla con motivo del Día de los fieles difuntos:
Los difuntos (2007) 
Un punto de contrición (2012)
¿Cómo se enamora Don Juan? (2013)
Por qué perdonamos a nuestros políticos o Don Juan Tenorio en el Día de los fieles difuntos (2014)
El conflicto del burlador (2015)
Y de propina, mi crítica sobre el Don Juan Tenorio de Blanca Portillo y Juan Mayorga.
Remito también a la Bibliografía que escribí con Irene Vallejo para el Ayuntamiento de Valladolid con motivo del centenario del autor (aquí).

4 comentarios:

mojadopapel dijo...

Siempre es mejor comprender al Tenorio yendo de tu mano.

Abejita de la Vega dijo...

Don Juan rebobina como todos hacemos al llegar a la edad en que chirrian las bisagras. Viva Zorrilla digan lo que digan.

SAU dijo...

HOLA PEDRO BUEN DIA...
no conozco a don juan tenorio...ni su historia ni como se relaciona con los muertos ..aki ayer fue dia de los santos difuntos....pero ni se por kien ni como a que se debe..en esta zona donde vivo es mas mistico que otra cosa y hay algunas costumbres --

desde san salvador de jujuy
besines :)
SAU

dafd dijo...

Me encanta esta parte que comentas tan acertadamente. El don Juan del último acto es un remache de oro que hace volar más alto a la obra. He de reconocer que cuando un personaje en el trascurso del drama (o de la novela, película, etc.) se transforma, evoluciona, cambia de perspectiva se me hace más atractivo. Un don Juan que no se pregunta, que no se juzga, que no se cuestiona, sería solo un torbellino de pura acción, que no está mal, pero no sería suficiente para volverlo un poco más universal, más persona.