lunes, 12 de septiembre de 2016

Una cierta sensación de interregno


Metidos en el ruido cotidiano uno va a lo suyo, a sus cosas, compromisos y quehaceres. Al pasar de la zona de despachos a la zona de aulas de mi Facultad, he visto una piña en el suelo. No es extraño, hay pinos en el espacio ajardinado del antiguo Hospital Militar ahora reconvertido para usos académicos y algunas partes del jardín tienen el suelo arenoso propicio para estos árboles. No es extraño pero me he quedado mirando esa piña abierta, sin piñones, en el suelo. Lo extraño es que aún esté allí esa piña abierta o que ya esté allí porque no es la época. Es como si todo estuviera ligeramente trastornado, como el calor intenso que se ha prolongado tanto incluso en Burgos. De pronto he recordado haber visto calima en Béjar a finales de agosto o insectos que yo no recordaba. La piña ha roto mi meditación sobre cómo enfocar la explicación de la literatura española de finales del siglo XIX a mis estudianes para no caer en la trampa de la Generación del 98.

Pues eso, que uno va a lo suyo y de pronto algo lo detiene y percibe una extraña sensación de tiempo sin normas, de interregno. Y no lo digo porque literalmente España no tenga gobierno definitivo o porque haya un decidido choque de intereses entre el gobierno provisional y el Congreso de diputados ni porque un parlamento autonómico esté decidido a no cumplir la ley, en una huida hacia adelante que no dejará más que fracturas de imposible cicatrización ni porque por aquí tengamos la sensación de que nunca se cierran los juicios por corrupción abiertos, como si todos fueran el mismo y los viviéramos en bucle sin solución de continuidad. Lo digo metafóricamente.

España, Europa, me temo que el mundo, vive una situación de paréntesis entre lo que no fue y lo que aún no es. No hay nada que impulse el mundo más allá de la fabricación de tecnología que se aplica a soluciones concretas, aspectos de la vida prácticos pero para cuya aplicación decide el dinero requerido en la investigación y desarrollo. El ser humano cada vez es más eso, un pseudoandroide. Pero no sabe dónde quiere ir.

Después de pararme delante de la piña les he hablado a mis estudiantes de la indefinición de nuestro tiempo incluso en la terminología para definirlo. Para unos vivimos una post-postmodernidad o ultramodernidad, para otros una neomodernidad. Supongo que estos últimos quieren impulsar la construcción de una especie de nuevo pacto entre los seres humanos a partir de aquellas grandes ideas que nos hicieron salir del servilismo del Antiguo Régimen pero sin llegar a caer en el dogmatismo de las ideas de la modernidad que nos condujeron a los desastres de las guerras mundiales, la división en bloques del mundo y la devastación del planeta. Pero esto aún no ha calado ni entre la población mundial ni entre los dirigentes, que se mueven ante la urgencia del corto plazo. De ahí la falta de urgencia para solucionar el interregno español o lo que sucede ante las próximas elecciones norteamericanas, pero también -y eso es lo peor-, la escalada de ideas ultraconservadoras, radicales o extremistas que ven en el otro el enemigo y no un igual. Y que ante la falta de impulso y buen gobierno todo quede al estricto manejo del mundo financiero. Pues eso, una piña. Me he encontrado una piña en el jardín que separa la zona de despachos de mi Facultad de la zona de aulas. También me he encontrado rosas y una fuente sin agua, pero de eso hablaré otro día.

3 comentarios:

JL Ríos dijo...

Confusión, quizás por eso hay que aferrarse a lo habitual y más o menos conocido. Son tiempos confusos y difíciles, creo que tener, encontrar algún sentido a la vida ayudaría bastante, pero no es fácil. ,¿sabes qué la principal causa de muerte entre la gente joven no son los accidentes de tráfico sino el suicidio.
En otro orden de cosas: mi hija está en Estoocolmo como auxiliar de conversación, en castellano, claro. Ha viajado más ella que todos sus antepasados juntos. Seguiré atento a la comida cervantina de diciembre, a ver si puedo, podemos, ir.
He acabado el Camino de Santiago, desde Somport a Santiago, una barbaridad.

Un abrazo

dafd dijo...

"vive una situación de paréntesis entre lo que no fue y lo que aún no es".
Parece que estemos en una senda no hollada y, en realidad, nadie sepa qué pasa.

Abejita de la Vega dijo...

Y nos hemos acostumbrado.