sábado, 25 de junio de 2016

Elogio de la libertad. Discurso pronunciado en la ceremonia de graduación de la promoción 2016 del Grado de español de la Universidad de Burgos


Elogio de la libertad.
Discurso pronunciado como padrino en la ceremonia de graduación 
del Grado de español de la Universidad de Burgos (24 de junio de 2016).



Sr. Vicerrector de Cultura, Deporte y Relaciones Institucionales, Sr. Decano de la Facultad de Humanidades y Comunicación, Sr. Coordinador del Grado de español, queridos alumnos graduados, compañeros, amigos y familiares:

CUANDO don Quijote se vio en la campaña rasa, libre y desembarazado de los requiebros de Altisidora, le pareció que estaba en su centro, y que los espíritus se le renovaban para proseguir de nuevo el asunto de sus caballerías, y, volviéndose a Sancho, le dijo:
-La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres. Digo esto, Sancho, porque bien has visto el regalo, la abundancia que en este castillo que dejamos hemos tenido; pues en mitad de aquellos banquetes sazonados y de aquellas bebidas de nieve, me parecía a mí que estaba metido entre las estrecheces de la hambre, porque no lo gozaba con la libertad que lo gozara si fueran míos; que las obligaciones de las recompensas de los beneficios y mercedes recibidas son ataduras que no dejan campear al ánimo libre. ¡Venturoso aquél a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecerlo a otro que al mismo cielo!

(Miguel de Cervantes, Don Quijote, capítulo LVIII de la Segunda parte)

Se cumplen cuatrocientos años del fallecimiento de quien escribiera estas palabras y en vuestra ceremonia de graduación no podían dejar de ser escuchadas porque no solo son el núcleo de la acción de don Alonso Quijano el Bueno cuando decide salir al mundo a reparar las injusticias que en él hallare tras transformarse primero a sí mismo sino el verdadero impulso de todo ser humano que tenga la esperanza de ser dueño de su destino.

Hay muchas formas de ser libre. Tantas como formas de ser esclavo. No todas ellas fáciles de identificar. Más allá de la necesidad de comer que nos conduce a aceptar aquello que de otra forma nos parecería inaceptable y del drama de las personas a las que la violencia –sea del tipo que sea, puesto que en este mundo globalizado que haya hambrunas en algunas regiones es parte de la violencia institucional de los intereses financieros y políticos- les ha afectado en la dignidad hasta el punto de que han caído en un estado que ha colapsado su voluntad y hasta su pensamiento, está en las decisiones que tomamos cada día la opción de ser libres o ser esclavos, la de comportarnos como seres humanos con criterio propio o hacerlo de forma servil. Incluso cuando necesitamos comer –nosotros o nuestros hijos- y aceptamos condiciones de esclavitud para poder hacerlo, deberíamos luchar para tener como un sello en el pecho la inquietud de la libertad, como le pasaba a don Quijote en casa de los duques.

Don Quijote aspira a ser libre. Porque la libertad es un camino, no un final ni una utopía. Recelad de quien os prometa utopías como esos parques temáticos propios de esta sociedad consumista que nos convierte el mundo en trampantojo para turistas. Don Quijote decide marchar a Barcelona porque alguien se ha empeñado en que cumpla un destino escrito que lo llevaba a Zaragoza, o decide liberar a los galeotes que iban encadenados por orden del rey. También apoya la libre elección de amor de los jóvenes frente a las convenciones sociales que obligaban a casarse por intereses familiares. Y lo hace arriesgándose en cada momento. La mayor parte de las veces acaba apaleado o apedreado o se ríen de él, porque es condición de serviles atacar a quien actúa con libertad. Pero de vez en cuando consigue el respeto de aquellos que tienen el suficiente interés como para detenerse a contemplarlo más allá de su extraño aspecto, de las armas anacrónicas que porta o de la bacía de barbero que le sirve de casco.

La libertad es ese camino que lleva a don Quijote de su pueblo manchego a la playa de Barcelona cuando el destino parecía no quererlo alejar de su aldea. En él hay que esforzarse a diario y transigir muchas veces cuando se trata del respeto a los otros. Cervantes quiere que su novela trascurra por un mapa reconocible de la España de su época porque sabe que la libertad debe trabajarse en el espacio de la realidad a pesar de que cada día puedan reírse de la persona extravagante que quiere hacer mejor el mundo. Se encontrará muchas veces solo, ninguneado e incluso acosado y difamado por el colectivo de seres gregarios al que ha decidido no pertenecer. También sabe Cervantes que para que una sociedad sea libre deben serlo primero sus individuos. Y que los más conscientes de esa condición deben comenzar el camino.

No sé bien qué os hemos enseñado estos años que habéis pasado bajo el amparo académico de la Universidad. Pero me bastaría con que os hayamos enseñado esto de lo que habla Cervantes por boca de don Quijote. Sin esa conciencia de la libertad no puede haber mejora individual, ni social. No puede haber un verdadero progreso material acorde con las necesidades del ser humano ni verdadera ciencia, porque todas las épocas en las que la ciencia y la tecnología se han puesto al servicio de la falta de libertad han supuesto un dolor intenso, expolios, guerras y gobiernos criminales.

El Quijote es la historia de un lector. Después de la descripción, lo primero que se nos dice de él es que su casa está llena de libros, que se gasta buena parte de su hacienda en adquirirlos y que se pasa las noches enteras leyéndolos. Siempre se ha tomado esto como parodia de los libros de caballerías pero en la novela cervantina hay otros personajes que también leen. La parodia no está en que don Quijote lea o que sus lecturas sean historias de caballerías sino en el juego narrativo de confrontar las historias fantásticas de las caballerías con el mundo real. En El licenciado Vidriera hay un estudiante que de tanto estudiar se vuelve loco y se cree hecho de frágil cristal. Este licenciado sí se ha trastornado, de don Quijote nos quedará siempre la duda. ¿Es locura, juego o voluntad de ser diferente haciendo lo que todos pensamos que debe hacerse pero no nos atrevemos? ¿No es parte de su libertad gastarse la hacienda como le dé la gana incluso en contra de sus herederos y amigos o salir al mundo aunque parezca extravagante su decisión? Después de ser salvajemente golpeado por el mozo de mulas en el capítulo IV de la primera parte, a don Quijote lo encuentra un labrador de su pueblo y ante lo que él entiende por desvarío del cerebro de su vecino, quiere volverlo a la sensatez:

-Mire vuestra merced, señor, pecador de mí, que yo no soy don Rodrigo de Narváez, ni el marqués de Mantua, sino Pedro Alonso, su vecino; ni vuestra merced es Valdovinos, ni Abindarráez, sino el honrado hidalgo del señor Quijana.

-Yo sé quien soy -respondió don Quijote-; y sé que puedo ser no sólo los que he dicho, sino todos los Doce Pares de Francia, y aun todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno por sí hicieron, se aventajarán las mías.

                Una gran parte de nuestra libertad proviene de la cultura. Me gustan mucho las definiciones que de ella da el Diccionario de la Real Academia. En su segunda acepción se trata del “Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”. Es decir, la más pura esencia de la libertad. Podemos ser libres incluso en una sociedad que no nos lo permite con su estructura social, sus leyes y sus costumbres. Tosca, paternalmente o de forma tan sutil como en gran parte de nuestra vida actual. Podemos ser libres gracias a la cultura y desde nuestra libertad como individuos favorecer la libertad de toda la sociedad. Quizá por eso algunos gobiernos aparentemente democráticos no apoyan la cultura con entusiasmo, no invierten en este necesario alimento de todo ser humano. Y aquí es en donde entra la tercera acepción del Diccionario: “Conjunto de modos de vida y costumbre, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.”

                Lo sabía Cervantes. Por eso hace entrar a sus protagonistas en el mundo de los Duques. Estos han leído mucho: conocen, incluso, la primera parte del Quijote (ya sabemos que una de las genialidades de esta novela cervantina es que los personajes son conscientes de ser personajes). Pero su forma de entender la cultura no es la de la libertad sino que la instrumentalizan para que les sirvan todos los demás de entretenimiento y convierten a Don Quijote y Sancho en poco más que bufones aparentando respetarlos. Cuando la cultura está en manos de los otros, ni nosotros podemos ser libres como individuos ni la sociedad lo es. En la corte de los Duques sucede lo que siempre ocurre en cualquier sociedad en la que falta la verdadera libertad: hay serviles, delatores, interesados y se respira un ambiente de opresión y control del disidente aunque aparentemente vivamos de forma cómoda y regalada. Por eso quiere salir de allí don Quijote.

Incluso, aunque no lo puede racionalizar de la misma manera, lo sabe Sancho, que renuncia a ser gobernador porque ha dejado de ser libre y vuelve junto al hidalgo. Él proviene de otra forma de entender el mundo, más práctica y por eso continúa la cita con la que arrancábamos este discurso:

-Con todo eso -dijo Sancho- que vuesa merced me ha dicho, no es bien que se quede sin agradecimiento de nuestra parte doscientos escudos de oro que en una bolsilla me dio el mayordomo del duque, que como pócima y confortativo la llevo puesta sobre el corazón, para lo que se ofreciere; que no siempre hemos de hallar castillos donde nos regalen, que tal vez toparemos con algunas ventas donde nos apaleen.

Sancho no deja de ser Sancho aunque evolucione a lo largo de la novela. Pero no nos engañemos. La verdadera libertad es contagiosa cuando se conoce de cerca. Y Sancho, que no ha leído nada, que solo portaba en sí la cultura popular de su tiempo, la propia de un campesino de La Mancha (que es mucha y no debemos despreciarla pero no contenía el concepto de la libertad individual ni, mucho menos, el de la libertad social), ha visto el ejemplo del que antes era su amo y que se ha convertido ya en su amigo. Y decide seguir junto a él el resto del camino ya sin más interés que aquella aventura extravagante que les llevará hasta donde nunca había llegado ninguno de los personajes de la literatura universal. Igual que había decidido compartir comida y conversación con su vecino Ricote a pesar de que era consciente de estar incumpliendo una orden del rey que prohibía todo trato –y menos amistoso- con los moriscos expulsados. Pero era su vecino y lo conocía de toda la vida y las leyes son abstractas y no se adaptan bien a todas las circunstancias.

Y aquí estáis vosotros. Habéis terminado vuestros estudios universitarios. Y si lo hemos hecho bien, si hemos servido de algo, habréis adquirido aquí lo necesario para que tengáis juicio crítico. Es decir, para que seáis libres. Debéis actuar como tales no solo por vosotros. Y debéis hacerlo en el plano real del mundo sin dejar de soñar en el horizonte aunque nunca pueda alcanzarse. Eso ya lo sabemos y no debería provocarnos frustraciones ni amargura ni rencor sino la alegría del camino en medio de todos los sinsabores, temores y golpes que nos deparen la vida y aquellos que sienten miedo ante la libertad ajena.

Esta sociedad está cambiando, nuestra época histórica se trasforma. Más rápidamente que nunca en la historia de la humanidad. Y en este momento os necesitamos libres. Necesitamos que cada uno de vosotros salgáis de vuestras casas, que salgáis de esta institución y que hagáis cada día vuestras vidas sin caer en servilismos, sin caer en la tentación de dejaros arrastrar por las consignas fáciles y cómodas y que extendáis esa libertad con vuestro trabajo diario y con vuestro ejemplo.

La cultura que habéis adquirido estos años tanto por nuestro estímulo como por vuestras propias inquietudes y la que adquiráis a partir de ahora en un proceso de sedimentación y renovación constante debe ayudaros a tomar decisiones que no suelen ser fáciles. De ellas dependerá vuestra libertad como individuos pero también algo más importante. Si vosotros sois libres la sociedad será mejor. 

Es la comisión que lleváis junto al título que acredita vuestros estudios y la beca que ahora vamos a imponeros. No hay otra forma de entender la Universidad, incluso en estos tiempos en los que parece predominar el mero valor mercantil de los estudios superiores y todo se traduce en cifras y parámetros de calidad que no miden lo importante. Porque lo importante no es que recordéis el año en el que fue escrito el Quijote para cumplimentar un formulario sino que en él se habla de libertad. Que hagáis esas palabras vuestras y que sepáis trasmitirlas a las generaciones siguientes.

Vuestros estudios son humanísticos, no lo olvidéis nunca, incluso aunque en vuestros trabajos futuros os pidan que pongáis valor económico a lo que hagáis. Vuestros estudios tratan sobre el ser humano y sus creaciones culturales. Es decir, sobre cómo un individuo alcanza el juicio crítico, como llega, por lo tanto, a ser libre y cómo puede hacer que la sociedad también lo sea y las razones por las que otros no pueden alcanzarlo.

No conozco misión más elevada que la vuestra. Estoy convencido de que estaréis a la altura de ese reto, os conozco y sé que seréis capaces.

Enhorabuena y muchas gracias.

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9 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Me gustaría ser uno de esos estudiantes, qué envidia le da a quien se graduó en plena transición, tiempos distintos. Pero las palabras de don Quijote son de oro siempre. Las tuyas también.
Un abrazo en este día problemático. Me visto y me voy a votar.

pancho dijo...

La libertad es un camino. Don Quijote persevera en ese camino recto hasta la derrota final. Ni los gatos tienen compasión de él ahí fuera, por algo los animales tienen descendientes y los humanos herederos...
Siempre me ha encantado el pasaje en el que don Quijote vende las tierras para comprar libros. Medio pan y un libro como decía Federico.
Hermosa reflexión en la jornada de lo mismo desde la Universidad, templo de la cultura y semilla de libertad.
OK, vale.

LA ZARZAMORA dijo...

Excelente, y tan de actualidad...

Besos, Pedro.

Aldabra dijo...

Desde luego que es un discurso muy emotivo y muy de actualidad, como bien dice La Zarzamora. Pero yo añadiría que atemporal porque ¿Cómo dejar alguna vez de buscar la libertad? ¿Sinceramente, Pedro, tienes esa fe ciega en nuestros jóvenes? Yo soy más escéptica. Yo hablo por lo que conozco pero no veo a jóvenes en las manifestaciones cuando las hay aquí en mi pueblo, para reivindicar carga de trabajo a los astilleros, por poner un ejemplo. Por lo que oí o por lo que se habla son las personas mayores los que siguen queriendo manifestar su opinión en las urnas, tal vez porque ellos no han vivido siempre en libertad, e incluso han sido perseguidos por ella... Estoy muy decepcionada de nuestra sociedad, pero mucho, así que leer un discurso como éste en el que leo tu esperanza pues anima un poco. Tu opinión es de confianza pues convives con los jóvenes a diario... Pero no hay que olvidarse de otros miles de jóvenes que no tienen ni oficio ni beneficio, ni ganas de formarse, y que viven casi al margen del juego de la sociedad (que sería de ellos si no tuviesen unos padres...)

No sé, hoy estoy muy desesperanzada. No veo cambio, no llega la luz soñada, qué digo luz, un pequeño rayo y ya me conformaría.

biquiños,

Pedro Ojeda Escudero dijo...

ALDABRA: Comprendo tu pesimismo y puedo compartirlo en parte. Este discurso -como los otros que están enlazados en la entrada y que corresponden a situaciones similares anteriores- está pensado para la promoción concreta que me ha elegido como padrino. Aunque hay algo de abstracto siempre los pienso en relación con algo significativo de cada promoción (en este caso no podía ser otra cosa que Cervantes ni podía ser otra cosa que la libertad).
En cuanto a tu reflexión general: sí. Siempre soy optimista ante la juventud. Hay que trasmitir el ánimo y el entusiasmo. Grano a grano. Ellos tampoco lo tendrán fácil.
Un beso.

Myriam dijo...

¡¡Maravilloso y emotivo discurso!!.

Me alegra mucho que esta promoción te haya elegido como Padrino,
(esta como las otras que lo hicieron
cuyos discursos personalizados recuerdo muy bien) para mi
significa, además, que estos jóvenes han sabido valorar
el gran profesor que eres, no sólo por lo
que has sembrado en ellos para que germine,
también por hacer que las potencialidades de cada uno
de ellos afloren. Se que el tiempo me dará la razón
en lo que digo. Estoy convencida de ello.

Besos a ti y Felicidades a la promoción,




Ele Bergón dijo...

Pedro, me ha encantado tu discurso y creo que los alumnos no echarán en saco roto tus palabras sobre esa libertad que tanto nos pregonó Cervantes, tratándola como un bien que tiene su precio en la soledad y en ocasiones en el ostracismo, pero que lo importante es ser persona con su auténtico yo,se esté en la situación o lugar donde se esté y aveces como Sancho hay que ser muy valientes para darse cuenta de cuando nos están encadenando.

Me gusta ese lema que acuñaron los jóvenes en el 15 M : Dormíamos, despertamos. Estoy segura que tus alumnos también despertarán, si algunos aún dormían, ante este magnífico discurso. Enhorabuena.

Besos

(Al final la presentación del libro la dejé para el próximo curso)

Besos

JL Ríos dijo...

Hace un tiempo recuerdo que te pedí una definición de cultura, que hoy das. Me quedo con la que hace referencia al juicio crítico. Las escasas ocasiones en las que he tenido que tratar con responsables políticos, muy pocas veces, ya he visto que su idea de cultura no es la misma que la tuya, que la nuestra.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

Sabía que te gustaría, J.L. He tenido que escribir un discurso entero para responderte y responderme.