lunes, 30 de mayo de 2016

Regresos, de Laura Parellada Salinas, y Bautismo de recuerdo de la autora en la Casa Zorrilla de Valladolid


De izquierda a derecha, José Luis Chacel, Laura Parellada y el que esto escribe. (Ignoro el autor de la foto.)

El pasado jueves 26 de mayo, fui padrino (junto a José Luis Chacel) del acto de bautismo poético de Laura Parellada Salinas en la Casa de Zorrilla de Valladolid. A punto de conmemorarse el bicentenario del nacimiento de este poeta romántico (que tuvo lugar en esa misma casa en 1817), es un buen motivo para regresar a un lugar en el que he pasado muchas horas investigando sobre la literatura y la sociedad del siglo XIX para mis trabajos académicos. La sala en la que se desarrolló el acto fue arreglada hace décadas para que sirviera de biblioteca en la que acoger la generosa donación de Narciso Alonso Cortés (1875-1972). Su biblioteca personal estaba a la altura de las mejores españolas de su época y a mí me facilitó mucho el trabajo en tiempos en los que no existía internet. Hoy el lugar es un salón de actos presidido por un retrato de Alonso Cortés.

La Casa Museo de Zorrilla es un lugar de interés para cualquier turista que llegue a Valladolid y desde hace años programa actividades culturales de todo tipo, algunas en el jardín romántico. Entre ellas, estos Bautismos de Recuerdo, buena idea con la que se integra en esta institución a artistas relacionados con Valladolid de una u otra manera. En la lista figuran ya Fermín Herrero, Carlos Aganzo, Diego Fernández Magdaleno, Ángela Hernández, Luis Ángel Lobato, Eduardo Fraile, José Manuel de la Huerga, etc.

Conocí a Laura Parellada en nuestros tiempos de estudiantes de bachillerato. Después la vida nos ha llevado por caminos diversos y procurado algún encuentro, siempre grato. Conocía desde entonces su gusto por la poesía y algunos de sus poemas se han publicado en revistas. Por eso, cuando el año pasado publicó su primer poemario, Regresos (Valladolid, Fuente de la Fama, 2015), no fue tanto una sorpresa como una celebración. Se adentraba en él por terrenos más libres de los que eran habituales en sus poemas.

En Regresos predominan las formas derivadas de la silva, que lleva Laura Parellada hasta el verso libre y consigue un poemario con voz propia, unidad en tono y línea temática. La voz poética nos acompaña siempre sin imponernos nada y se pone a nuestro lado para hablarnos casi en susurro de una sensación del tiempo entre melancólica y reflexiva que tiene como raíz más cierta las Soledades de Machado y toda la línea poética nacida en España a partir de ese libro iniciático de la poesía contemporánea de nuestra lengua. Hay una aguda sensación del tiempo vivido en su lentitud, que se condensa:

Con un susurro lacerante
dice otro día, otro día,
que ya se ha consumido
y no lo has hecho.

Esta sensación se objetiviza con metáforas muy plásticas -casi pictóricas- en las que se consigue marcar dos tiempos -el de lo permanente, ese tiempo que regresa, y el del momento, que pasa y casi no importa más que como elemento que permite la meditación profunda- y que surgen de ese paseo en soledad y del susurro de la voz poética al contárnoslo como si del encuentro naciera el tiempo auténtico de la poesía. Así en uno de los mejores poemas del volumen:

Hay troncos en el fondo del canal
que la trasparencia inesperada del agua
     en la gélida mañana de noviembre
evidencia
como cadáveres antiguos
visibles de nuevo
dormidos en limo
en el fondo gris sedimentado
pudriéndonse en el incesante roce del agua
que los satura, los llena
y los aturde
en un sueño interminable
acariciado de filamentos vegetales
y de la sombra diminuta y breve de los patos
que nadan
  distraídos e indolentes
en la superficie
rizada por el viento del norte.

Aunque sin duda, el que condensa todo el poemario es el más breve, que contiene un giro final sorprendente que consigue herir al lector y dejarlo durante un momento suspendido en ese tiempo que tan bien trabaja la autora en este libro:

Una casa pequeña sin jardines
junto a la vía del tren
mirando pasar algo apresurado y turbulento
tan cerca tan inasible
tan diverso
y repetido.
Creo que ya no vive nadie
que ya me he ido.

Celebro este Regresos de Laura Parellada como la sabia forma en la que la autora ha hallado definitivamente su voz poética.



4 comentarios:

JL Ríos dijo...

Hay muchas más personas que escriben poesía, y que tú me has dado directa o indirectamente a conocer durante estos años, que las que imaginaba. Muchas gracias, como siempre. Este blog, realmente, es un acto de generosidad.

impersonem dijo...

Interesante... le deseo lo mejor a Laura... y te deseo lo mejor a ti en tu colaboración con la promoción cultural...

Abrazo.

Campurriana Campu dijo...

Pedro, que bonito lo que te dice JL Ríos. Bonito y justo también decirlo.

Ele Bergón dijo...

Qué entrañable resulta encontrarte a los amigos de otros días y además compartir con ello poesía . Así se te ve muy guapo y con cara de felicidad.

Besos