miércoles, 27 de abril de 2016

El guerracivilismo español y el cuento de los alcaldes que rebuznaban


Dicen algunos que uno de los males españoles es la tendencia al guerracivilismo. De hecho, no sé si hay muchos países como España que tengan su historia tan tamizada de conflictos por todo, por cualquier cosa, desde las más graves hasta las más superfluas, que afectan a todo el territorio o solo a una parte. Incluso inventamos aquí un matiz del honor que empujaba a todo un grupo -linaje, barrio, pueblo, al país entero- a liarse a mamporros con los otros. En muchos conflictos al español no le importa tener o no razón (a veces porque ni se plantea no tenerla), sino tan solo defender lo que es suyo. No es exclusivo de españoles, pero sí de sociedades en los que la ilustración auténtica está por llegar.

Cervantes parodió este concepto del honor y la negra honrilla que nos lleva a armar una guerra civil por nada cuando parodiarlo era tener valor porque se atacaba uno de los fundamentos del imaginario colectivo obligatorio para ser español. Me gustaría a mí ver a muchos que presumen de valientes y de independientes hoy hacerlo en aquellos tiempos. Se burló en el Quijote, en la aventura del rebuzno (a partir del capítulo XXV de la segunda parte): la historia de dos alcaldes que rebuznan admirablemente para encontrar un asno perdido y de los que se mofan los pueblos de las comarcas vecinas, con lo que todo acaba en conflicto armado. Y, como suele suceder en la realidad -sabio, Cervantes-, el que aparece por allí y no tiene nada que ver ni con los unos ni con los otros, recibe una lluvia de piedras solo por mediar.

El guerracivilismo español no tiene nada de heroico ni admirable. Suele tender a localista y paleto. Las crónicas de verdad sobre las muchas guerras civiles del XIX nos hablan de escaramuzas a traición más que de batallas. Ironizó con ello Valle Inclán a la hora de contar en la Sonata de invierno cómo perdió el brazo el marqués de Bradomín.

Cuando las furias se desataron en 1936 por la sublevación de unos militares de medio pelo (nunca habían ganado una batalla de verdad frente a un ejército organizado) contra el gobierno de la República, en la retaguardia de ambos bandos se organizaron patrullas que sacaban a la gente de sus casas para fusilarlos sin trámite al amanecer. Estos asesinatos, que sembraron España de sangre, solían ocurrir más por rivalidades personales y enconamientos locales que por causas ideológicas. Incluso aunque la patrulla viniera de fuera preguntaba primero a los suyos del lugar a quién había que dar un paseo y no se sometía a criba de verdad lo que tantos delataban solo por envidas y enconamientos familiares. Algunos expertos avalan la hipótesis de que Franco prolongó más tiempo del necesario la guerra para asegurarse ser el indiscutible triunfador entre los suyos, no fueran a darle problemas si la victoria ocurría de forma rápida. Por esa misma razón, tantos aún no quieren que se saquen de las fosas comunes y de las cunetas los miles cuerpos de los asesinados que aún quedan por estas tierras. Por esta razón tenemos esta tendencia a destruir cualquier construcción común. Como en el cuento medieval en el que el diablo concede a un labrador la mitad de lo que desee para su vecino y no dudó en pedir que el vecino se quedara ciego.

El guerracivilismo se extiende a todos los campos de acción en España -en especial en los momentos en los que el proyecto de país colapsa- y provoca, en gran medida, que seamos una nación tan poco productiva. Los partidos políticos caen frecuentemente en este mal español y no son capaces de pactar nada, los medios de comuncación pueden incendiar el territorio si con eso ganan audiencia, los de un pueblo siguen apedreando a los del vecino y los chavales jugábamos a canteas contra los de la calle de al  lado solo porque eran de la calle de al lado. 

No hay peor enemigo que el de misma madera (Cuerpo a tierra, que vienen los nuestos, exclamaba Pío Cabanillas refiriéndose a la UCD), porque como el guerracivilismo es personalista y ruin, no hay nada más peligroso que un colega, un compañero o un vecino o un afín ideológico que te declara la guerra. Porque el guerracivilismo español no busca el triunfo de una idea sino el control de la cuota de poder y espacio que corresponda y pasar factura de rencores a veces inconfesables productos de la miseria moral y la envidia.

Y en cosas de menos enjundia pero que hacen daño: en los sindicatos, en las organizaciones colectivas, en las empresas o en las instituciones todo son banderías que impiden el trabajo en equipo (la Universidad pública española es un buen ejemplo) porque lo que importa es que el otro caiga, no que todos salgamos adelante. Una reunión de vecinos se convierte pronto en un campo de batalla y un partido político antes de fundarse tiene ya varias familias dentro. En el mundo literario andamos en conflicto permanente por la negra honrilla: un premio de más o de menos, por ejemplo; un éxito de ventas; una referencia en un periódico o medio minuto en una emisora de gran audiencia. O negar que alguien tenga calidad literaria solo porque no nos gusten sus opiniones o su aspecto. Y si tomamos el control de la cultura de nuestro pueblo, al enemigo ni agua. Como lo hicieron los unos, lo hacemos los otros.

Eso sí, si se te ocurriera quedarte en medio y usar la razón e intentar el consenso por el bien de todos, recibirás una nube de piedras o una cuchillada trapera. Guárdate las espaldas o emigra, como han tenido que hacer tantos antes para evitarse males.

Qué país España.

10 comentarios:

Fackel dijo...

Me identifico mayormente con tu discurso, pero sólo se me ocurre la pregunta del clásico: ¿Qué hacer?

Omar enletrasarte dijo...

siempre habrá dos Españas,
lo malo que esa que describes parece mayoría
un abrazo y no decaigas en buscar un futuro mejor

Abejita de la Vega dijo...

Rebuznan en balde pero nos obligan a escuchar su concierto asnal.

Myriam dijo...

Sabio, Cervantes.

Besos

dafd dijo...

Para reflexionar, verdaderamente. ¿Qué es el punto de vista de cada cual? ¿Todo un mundo irrenunciable e imperturbable o solo un punto de vista más? Buf, que nadie tire la primera piedra por lo que cada cual es capaz por sostenerla y no enmendarla. Buena anotación.

LA ZARZAMORA dijo...

Excelente artículo Pedro.
Te aplaudo.
Mediar es perder el tiempo cuando ambas partes han decidido declararte una guerra.
Pensar, analizar y reflexionar es el peor de los pecados por los tiempos que corren en los que llega la noticia y se ha condenado de antemano hasta al inocente.
Guardarse las espaldas no creo que evite males, pero sí se protege uno, ya que ni emigrando.

Qué gente la nuestra...

Besos.

pancho dijo...

Pobre de aquel que tenga algún don, la que le espera:
"Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano." Así retrataba Luis Cernuda a los que acabaron con la vida de Federico García Lorca.
No creo que te compren muchos partidos este discurso tan subversivo.

Luis Antonio dijo...

Me gustaría contradecirte, pero todo lo que expones es verdad. Ahí está la historia que lo corrobora... Sin embargo quiero pensar que, aunque el presente vaticina un oscuro e incierto futuro, el guerracivilismo cruento no se va a repetir.

Un abrazo

Pedro Ojeda Escudero dijo...

LUIS ANTONIO: mi esperanza es que los jóvenes, que viajaban, saben idiomas y viven temporadas en el extranjero, comprendan que España hay que airearla y la cambien. Ojalá.

impersonem dijo...

Estoy de acuerdo con todo lo que dices... no obstante, sobre los "pactos" y sobre los "acuerdos", se precisan puntualizaciones muy precisas...

No sé si las generaciones que han de construir el futuro de estos lares los regenerarán (en el mejor sentido del término), tengo muchas dudas al respecto... hay fuerzas involucionistas que han puesto a pleno rendimiento su maquinaria en pro de sus intereses... la clave está en la educación... la revolución ha de ser intelectual más que de puños en alto ("El que primero levanta el puño, es al que primero se le han acabado las ideas" que dijo Gandhi)...

Abrazo.