jueves, 10 de marzo de 2016

y nos permitíamos algunas licencias, como beber alcohol, fumar porros o dejar a los niños durante un rato sin vigilancia o cómo se introduce la ruptura de la armonía en Andarás perdido por el mundo de Óscar Esquivias y noticias de nuestras lecturas.


Algunos de los cuentos de Óscar Esquivias suelen trascurrir de forma poco alarmante, sin grandes truculencias, jugando magistralmente entre lo que ocurre en la narración directa y lo que se esconde y aflora poco a poco. La voz narradora desgrana los acontecimientos casi como en un diario sin grandes alardes de lo que se vive, una confesión de algo que parece no tener relevancia y que entra en los cánones de lo correcto y admisible por la sociedad bien pensante. Sin embargo, el lector debe estar atento a las pistas que van sembrando el giro final, siempre sorprendente. Ismael, el primero de este libro de relatos, que de cierta manera conecta con su anterior colección titulada Pampanitos verdes, es un ejemplo. La vida de los catequistas contada por el joven narrador trascurre en un hilo previsible y lo que narra puede aparacer en cualquier hoja parroquial. Todo es lo que parece ser durante las primeras páginas. Pero de pronto, como si no fuera importante, hay un elemento que no cuadra, extraño con el tono que había llevado el relato hasta ese momento:

Esa noche nos saltábamos las estrictas reglas del campamento y nos permitíamos alguna licencia, como beber alcohol, fumar porros (Bernardo siempre llevaba una china encima) o dejar durante un rato a los niños sin vigilancia para ir a bañarnos desnudos en las gélidas aguas de algún río montuno (a cuenta de esto, en cierta ocasión yo casi pillé una pulmonía en el Pedroso).

Después, el relato recupera la normalidad pero el lector atento ha quedado descolocado por la extrañeza que, en principio, puede explicar por la juventud de los protagonistas. Pero en ese mundo conservador de una ciudad de provincias en la que nada parece cambiar y en la que el empeño es recuperar la tradición belenística en Navidad y viajar a Roma para celebrar el Año Nuevo recibiendo la bendición papal, se ha introducido ya un elemento rupturista que poco a poco irá creciendo hasta alcanzar su máximo nivel en el final del relato, que desarma la hipocresía que impone el silencio de un mundo que ya no es tan correcto -según las normas sociales tradicionales- como parecía. La evolución de Ismael es solo la objetivación de todo ello porque Ismael es el único que se ha atrevido a buscar la sinceridad en su vida. Eso sí, fuera de la rutina cotidiana del barrio natal y la ciudad en la que parece que nada cambia.


Noticias de nuestras lecturas

Carmen Ugarte comienza su segunda entrada sobre Andarás perdido por el mundo alabando la presentación de este volumen de cuentos para detenerse en el cuento dedicado al personaje del tío Lolo y su sobrino, uno de los que más centrarán la atención de los lectores para comentar después El Chino de Cuatroca, uno de los textos que más llamarán la atención de los lectores. Lo contextualiza e ilustra con un interesante reportaje fotográfico, imprescindible todo para comprender mejor el cuento.

Sobre el cuento de El Chino de Cuatroca también escribe una entrada prodigiosa Pancho que recomiendo, incluidos los comentarios a ella de sus lectores, todos muy sugerentes...

Myriam Goldenberg analiza con su penetración habitual la personalidad de Edison Gutiérrez, el protagonista del mismo relato y se identifica con él de la manera que el lector verá.

Luz del Olmo escribe varios microrrelatos sobre los cuentos de Óscar Esquivias: a la vez, homenaje y creatividad. Para no perdérselo.

Mª Luz Evangelio comenta con intensidad y por lo breve sus impresiones -que me parecen totalmente acertadas- de la lectura del segundo y tercer relato de esta colección. El tercero, además, le supone cierta identificación con el protagonista. 

Mª Ángeles Merino vuelve a soprendernos. Comenta el libro en diálogo con una amiga y paseándose por Gamonal. Desde allí aborda las cuestiones generales y los espacios de los cuentos. No os lo perdáis.
 
Recojo en estas noticias las entradas que durante la semana han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas para lo que queda de curso, en este enlace.

7 comentarios:

Óscar Esquivias dijo...

En efecto, basta un pequeño giro para cambiar la trayectora de un relato (y de toda una vida). Mil gracias por los comentarios y por los enlaces. Interesantísimas todas las aportaciones. Qué riqueza de comentarios, aportaciones literarias y de imágenes. Estoy emocionado.

pancho dijo...

Tienes razón en que el autor presenta una gran habilidad en ir introduciendo información sobre los hechos y los personajes de manera escalonada, poco a poco, a medida que avanza el relato. También en que existe un momento exacto en el que a Ismael se le enfría la fe. Como aquel recordado también aquí: ¿En qué momento se jodió el Perú?
Oscar pronto va a necesitar algún ayudante para que le eche una mano en los asuntos menores de la escritura... Se le quiere, pero sus lectores son exigentes. Se espera mucho de su innegable talento. Sin menospreciar lo que ya ha dado que no es poco, por supuesto.
Un lujo hacer el recorrido por los blogs participantes y encontrarse los comentarios del autor. Impagables.
Un abrazo.

Abejita de la Vega dijo...


Vaya con los meapilas, dejan a los niños solos para beber alcohol, fumar porros y bañarse desnudos en el río. Algo así se nos pasa por la cabeza cuando llegamos a ese punto del relato, mira que si las reglas no hubieran sido estrictas...El primer volantazo.

Ismael era demasiado inteligente, demasiado culto, ya ha sobreactuado demasiado, está cantado que se enfriará pronto y no por el baño en el Pedroso.

Llevé "Andarás perdido por el mundo" a la iglesia de la Antigua, la de Gamonal, una parroquia con fuerte olor a "kikos". Óscar Esquivias me dice "Me encanta. Entrar en la Real y Antigua neocatecumenal con mi libro es como ir a la Meca con una novela de Salman Rushdie ;-)"

Disfrutamos con todas las lecturas pero esta tiene un plus.

Un abrazo y muchos éxitos con piel.

São dijo...

Gracias pelo tanto que aqui aprendo, amigo mio.


Buen finde!

Myriam dijo...

"que desarma la hipocresía" de la sociedad
es lo que más me gusta de este relato.

Ismael al buscar la sinceridad que es, en definitiva,
buscar la autenticidad en su vida,
no puede hacer otra cosa que entrar en crisis.
Y sí, los viajes, salir del medio habitual,
ayuda a ver las cosas con cierta distancia,
a tomar perspectiva para poder lograr un cambio.

Abrazos

JL Ríos dijo...

Me está gustando mucho el libro. Creo que estuvimos en la iglesia de Oña, casualmente, cuando vimos una de "Las edades del hombre". Con los comentarios de los blogs enlazados se podría escribir otro libro, sin duda.

Un abrazo

PLACIDO dijo...

A mí este relato me ha dejado un poco descolocado. No me parece tan raro el que unos catequistas beban alcohol y fumen porros. Y si quería cambiar porque también cambia con su Madre? Por qué no hace ver a sus amigos la realidad e intentar comentar su experiencia?