martes, 29 de marzo de 2016

Tour de France, de Luis Felipe Comendador.


Uno de los libros de poesía más interesantes publicados en España el año pasado no fue una novedad sino una reedición. Se trata de Tour de France, de Luis Felipe Comendador. Publicado originalmente en el año 2005 en la colección Planeta Clandestino de Ediciones del 4 de agosto, lo reedita ahora una joven e interesante editorial que cuida tanto a los libros como a sus autores y sus lectores, LeTour1987, dirigida por Mario Quintana.

Curiosamente, este libro, que podría parecer atado a unas circunstancias y personajes concretos ha ganado con el tiempo transcurrido desde su primera edición, demostrando que en él se hallaba tanto lo circunstancial como lo universal. Es virtud del poeta, por supuesto, porque ha sido él el que prestó atención a lo legendario que hay en el deporte y supo llevarlo a la poesía de una manera que trasciende unos hechos determinados. Son muchos los ejemplos de la relación de la literatura con el mundo del deporte y muy significativos los casos en los que la poesía se ha acercado también. La llamada épica del ciclismo ha dado origen a un tipo de manifestaciones artísticas que contribuyen a engrandecer uno de los deportes más duros y que tan convulsionado se ha visto en las últimas décadas por el dopaje.

Tour de France está dedicado al ciclista bejarano Roberto Heras ("un campeón tremendamente humano") y por él también pasan nombres como Santi Blanco (de Puerto de Béjar) o Lale Cubino (también ciclista bejarano). Luis Felipe Comendador canta, en principio, a ciclistas de su tierra, que se hicieron deportistas por la sierra que él tan bien conoce. Este aspecto local es trascendente en el poemario: son tres personas cercanas que saltan al mundo sin perder las raíces, a un horizonte como deportistas que no resulta tan amable como nos parece a los espectadores que asistimos a sus hazañas a través de la televisión. A partir del esfuerzo de estos personajes el poeta construye una serie de 13 poemas (ignoro si el número significará algo pero lo parece) sobre algunos de los aspectos más llamativos de este deporte, desde la Etapa prólogo hasta la lección final de tanto esfuerzo (Cuando canta la chicharra). En estos textos se juega con ironía, escepticismo y crítica con la fama, el impuesto necesario a la publicidad y las cosas que no vemos pero que constituyen la verdadera razón de este deporte. Por último, hay algo que nos ata a estos deportistas y que universaliza su dedicación a todos los seres humanos. No solo porque estos héroes locales se atrevan a competir en la cita más importante de su deporte. El ciclismo se convierte, finalmente, en una forma de entender el mundo actual y la construcción de un héroe solitario -incluso en su condición de gregario.

Para construir este poemario, Luis Felipe Comendador parte de la silva impar pero la destruye tanto con versos pares como por la misma manera de disponer cada verso sin que nos aparezca muchas veces como heptasílabo o endecasílabo. Crea así un ritmo muy apropiado que es y no es el propio de estos versos, dotándolos de nuevos significados que se ajustan perfectamente a la temática:

Porque te asusta la vida
pero la muerte no,
tocas el filo,
lo recorres con ímpetu,
te aprietas sobre él
y nunca cedes
sino ante la caída brutal
de todas tus constantes vitales
o porque simplemente
ya no das más de sí,
pero no importa.
Cuando todo se resume en sudor,
huelgan las lágrimas.

Un ejercicio sorprendentemente plástico y exacto en el que se lleva el ritmo hasta la sensación buscada por el poeta en cada palabra.

Es bueno recuperar libros que pudieron pasar desapercibidos en sus primeras ediciones para el público y si se hace con el cuidado demostrado por este nuevo equipo editorial, más. Sólo queda disfrutar de la buena poesía. Y que no pasen sin más libros como éste.

2 comentarios:

JL Ríos dijo...

No sabía que existían libros de poesía sobre ciclismo. Leí hace un tiempo una novela sobre ciclismo, "Alpe D’Huez" de Javier García Sánchez, pero poesía no. Muchas gracias.

Un abrazo

El Deme dijo...

Una de las poesías deportivas más hermosas de todos los tiempos:
El ciclista José Luis Viejo (Yunquera de Henares, Guadalajara, 1949) consiguió en el Tour de 1976 un record todavía no superado por nadie: llegó en una etapa a la meta de Manosque en solitario, con una ventaja sobre el pelotón de 20 minutos y 50 segundos.