jueves, 25 de febrero de 2016

El Alcalde de Zalamea hoy, noticias de nuestras lecturas y aviso de la próxima.


Aunque Calderón deje todo cerrado dentro de la ortodoxia ideológica y teológica en El alcalde de Zalamea y defienda la sociedad estamental, no puede evitar el reflejo de una época en la que ciertos valores modernos comienzan a agrietar el sistema, singularmente, el poder del dinero que subvierte el orden establecido.

En la primera jornada aparece un claro precedente del figurón, el hidalgo don Mendo, acompañado de su criado Nuño. El hidalgo es un personaje ridículo que viene a tomar parte de la función del gracioso de la comedia barroca pero sin su baja extracción social. Calderón nos presenta en él a los hidalgos empobrecidos que poblaban España con su hambre y su vanidad y que tanto juego dieran en la literatura crítica desde el escudero de El Lazarillo. Su requerimiento amoroso es ridículo pero es aprovechado por el autor para reflejar una realidad social cuando Nuño le dice que tendría fácil la solución de su hambre si se casara con Isabel. El criado no ve más que ventajas porque el hidalgo comería y Pedro Crespo vería hidalgos a sus nietos. Sin embargo, el carácter de don Mendo no puede llevarle al matrimonio porque él representa la caricatura del hidalgo español orgullos de su sangre y que no está dispuesta a mezclarla con el dinero. Sabemos que la realidad española era muy diferente porque estos matrimonios eran frecuentes. No lo desaprobaba Calderón directamente al hacer ridículo a don Mendo precisamente por lo contrario, por su manía de nobleza y así lo convierte en una especie de doble cómico de don Álvaro.

También hay una sutil crítica moderna a la obligatoriedad de dar alojamiento en las casas particulares a los soldados porque esta obligación no se extendía ni a los hidalgos ni a los ricos que pudieran pagar la exención. Otros aspectos modernos los observamos en algunos matices del personaje Isabel y en la posibilidad de un respetuoso diálogo no exento de admiración mutua entre Pedro Crespo y don Lope. No menos moderna es la libertad a la hora de dictar justicia que tienen las villas libres, como Zalamea.

Curiosamente, la mejor respuesta a los desórdenes modernos establecidos por los nuevos tiempos la da Pedro Crespo. Él sabe qué estamento social le corresponde y, por lo tanto, no quiere subvertir el orden con algo que le sobra, el dinero:

¿qué gano yo en comprarle
una ejecutoria al rey
si no le compro la sangre?

Para hacer más poderosa esta defensa del orden estamental en boca de un villano rico como Pedro Crespo, en contra de la habitual compra de hidalguías de aquellos tiempos bien a través de ejecutorias bien a través de matrimonios desiguales, Calderón introduce la teología (el alma como ámbito que corresponde solo a Dios) y dos motivos procedenes de la tragedia griega. Por una parte, la soberbia de don Álvaro -similar a la hibris clásica-, por otra, la aparición del rey Felipe II como un auténtico deus ex machina que sanciona finalmente el conflicto reestableciendo el orden propio de la sociedad estamental.

Si quitamos, desactivamos o reducimos estos tres elementos, los sacamos del contexto ideológico en el que se producen, es fácil adaptar la obra a nuestros tiempos, modernizarla y hacer un montaje de El alcalde de Zalamea revolucionario, radicalmente moderno y hasta feminista. Ya no sería Calderón, claro. Y no estaríamos ante el mismo conflicto dramático.

ay suficientes ediciones disponibles en el mercado en papel y en formato electrónico. Os recomiendo aquellas que vengan acompañadas de prólogo y notas a pie de página. En Internet podéis encontrar una fiable y gratuita en el Portal que la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dedica al autor en este enlace.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino resume la sesión presencial del club que tuvimos el pasado martes, con lo que me ahorra los detalles. Y, además, termina la comida...

Mª del Carmen Ugarte aborda el estudio del refrán Dádivas quebrantan peñas en la obra. Y tiene razón al hacerlo no solo porque sea un tema recurrente en el teatro clásico: sigue tan de actualiad que una dádiva te abre cualquier puerta...


Brujona gallega llama Pancho a doña Emilia al proseguir con la lectura de Los Pazos de Ulloa. Y yo, ahora que no nos oye doña Emilia, no dejo de darle la razón.

Recojo en estas noticias las entradas que durante la semana han publicado los blogs amigos. El listado de lecturas para lo que queda de curso, en este enlace.

Anuncio de la lectura del mes de marzo


Ya está disponible en librerías Andarás perdido por el mundo, volumen de cuentos de Óscar Esquivias (Ediciones del Viento, 2016). Será el título que leamos y comentemos durante el mes de marzo. Esquivias es uno de los autores más importantes para este Club de lectura y le debemos un encuentro que cuando abordamos su trilogía dantesca no pudimos tener. Lo compensaremos y el autor se reunirá con nosotros en una fecha que anunciaré más adelante. Como siempre, este encuentro, organizado por el Club de lectura, será abierto a todos los que nos quieran acompañar.

5 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

El hidalgo del Lazarillo conservaba cierta dignidad y el criado se guardaba la opinión. El don Mendo de Calderón tenía a su lado a un criado, Nuño, que no se cortaba en proclamar la situación famélica de amo, criado y caballo; aconsejando matrimoniar con Isabel Crespo, para remediar la situación. Lo que va del XVI al XVII, la ruina ya no se podía disimular. La sociedad estamental se agrietaba aparatosamente y urgían los parches: matrimonios convenientes, compra de hidalguías…y honor para los villanos. Unos pasitos muy cortos los de Calderón hacia la modernidad. De revolucionario, nada. Y una cucharada de reconstituyente a la monarquía que nunca viene mal. Y otra para papá al ejército, heroica pierna la de don Lope en los gloriosos tercios. Cada uno en su estamento cumpliendo su función y ojo con pasarse, que a ofensa de nobles hay castigo de villanos.

Confieso que nunca había leído una obra entera de Calderón. Había leído algunas de Lope de Vega, mucho más…ligeras. Que no, que no estoy llamando pesado a tu barroco tocayo.

Acabamos la lectura, voto a Dios. Ahora nos vamos con nuestro amigo Óscar Esquivias, con unos relatos que son una delicia. Andaremos perdidos por el mundo, pero con una sonrisa cómplice en la boca.

Un abrazo, Pedro.

pancho dijo...

El dinero no puede comprar sangre azul, pero sí de la roja. A don Pedro le sirve para castigar con la pena capital al infractor, perteneciente a una clase hidalga y ganar el beneplácito de la máxima autoridad, la que nunca puede ser discutida. Algo tendrá el agua cuando la bendicen; la fama que acarrea El alcalde de Zalamea no es asunto baladí.
Una sociedad en la que naces etiquetado, perteneciente a un grupo social desde la cuna, el destino escrito de antemano, más tarde o más temprano sufre problemas de estancamiento y consanguinidad. ¿Para qué voy a trabajar si voy a ser noble toda la vida? ¿Para qué me voy a esforzar en hacer las cosas bien si el condumio lo tengo asegurado? ¿Para qué esforzarse en crear algo si viene alguien desde lo alto a cortarte la cresta?
Interesantes reflexiones las propuestas por esta obra del S. XVII.
Ya tengo el libro de Esquivias desde ayer. El verde de las pastas es muy atractivo. La presencia mola que dirían los jóvenes con esa foto de la portada. El primer cuento ya deja entrever sus características, la prosa elegante, los personajes un poco raros y bastante cultos. El comienzo a contrapelo, de difícil clasificación. Por las situaciones chocantes, el tema. El narrador. Mezcla de espacios que van de Gamonal a centro Europa y Roma. Promete.

Myriam dijo...

¡Una clase muy suculenta la tuya!.
g
r
a
c
i
a
s
y besos. Ya tengo encargado el libro
de Esquivias. Vamos a ver cuando llega.

elena clásica dijo...

Querido Pedro:

Solo me cabe dar las gracias por asistir a la lectura y al estudio de esta obra, me fascinan todos los temas tratados y el análisis tan profundo de personajes, motivos y estructura.

Solo me queda un queja un tanto acallada pero que a veces se deja sentir. Tanta obsesión por el honor y la honra, tanta insistencia en la permanencia de los valores tradicionales, ¿qué sentido tienen? No será el querer disimular el desmoronamiento interior de tales creencias y autoimponérselas aún con más fuerza.

Otra mirada hacia atrás y el encuentro con los ojos de Padro Crespo me ha producido un escalofrío, como si fuera un estremecimiento de siglos, y sin embargo... ahí está.

JL Ríos dijo...

No sé si me dará tiempo de todo, soy más bien lento en todo. Estoy con tu poemario, y no tengo prisa.

Un abrazo