domingo, 24 de enero de 2016

Poner orden en los papeles acumulados


Es curioso esto de poner orden en los papeles acumulados. Esta tarde de domingo ha sido la única en unos meses en la que me he podido dedicar a la tarea pendiente de ordenar papeles, acumulados durante semanas en las que no he hecho otra cosa que apilarlos por falta de tiempo. Hay muchas formas de entretener una tarde de domingo en la que se decide no salir a la calle y dejar pasar las horas muertas hasta que llegue el momento de acostarse.

Entre los paquetes, envíos de editoriales y amigos con novedades que he separado escrupulosamente en dos torres: libros que me interesan y libros que no me interesan. Dudé con uno de ellos, pero lo mal editado que estaba aquel poemario me convenció de que no me interesaba. Daré cuenta de los primeros.

Ente los papeles diversos hay de todo: facturas domésticas, circulares, cosas que imprimí para que no se me olvidaran y se me olvidaron. Algunos recortes de periódicos que van tirando a sepia con noticias o artículos que me parecieron relevantes y el tiempo se ha encargado de ponerlos en su sitio.

Sucede también con la bandeja de entrada del correo electrónico. Recibo tantos a diario en mis tres direcciones que no sería capaz de leerlos con calma a lo largo del día en el que llegan y me limito a echar un vistazo al remitente y al asunto para descartar la mayoría y dejar pendientes de contestación unos cuantos que terminan sepultándose en el olvido al pasar a la segunda o tercera pantalla. Pido disculpas si alguien me envió algo interesante de verdad y no he dado respuesta pero me comen los papeles.

Es curioso esto de poner orden en los papeles acumulados y darse cuenta de que lo urgente de ayer es lo insustancial de hoy en muchos casos. Tengo un documento en el que se me pide con toda urgencia algo relativo a mi trabajo que semanas después dejó de ser necesario sin que nadie tuviera el gesto de comunicarlo con la misma exigencia. Me salvó que no hice caso al apremio. Otro en el que un conocido me reclama no recuerdo qué porque era algo importantísimo que dejó de serlo tan pronto que al encontrármelo por la calle unos días después me dijo que me olvidara de aquello, que se había equivocado y no lo necesitaba y que se le había olvidado decírmelo. Ahí estaba todavía el papel para atestiguar la petición como una hoja que pidiera no haber sido escrita.

Tirar. Romper y tirar. Qué pocas cosas quedan después de que uno decide tener una tarde libre de un domingo para poner orden en los papeles. Qué pocas cosas.

12 comentarios:

Alicia Montero dijo...

Lo que es yo, estoy tambien poniendo en orden los papeles... esos que nunca antes ví, que por estar tan cuidada, "al margen de esas cosas" con o sin importancia, no aprendí y omití...hasta hoy!
Hoy tambien pongo orden, un nuevo orden en mi vida para poder llevarla bien y tranquila.
Coincidentemente, pocas cosas quedaron...;-)

Beso,

Ali

Eme dijo...

Yo soy desordenada con los papeles de una forma implacable. Los amontono, dejo que se agosten, y los olvido sin más. Pasado mucho tiempo los reúno y los tiro.
Pero mi desorden me pasa factura. Tiendo a hacer lo mismo con las personas, las pongo en el mismo grupo, dejo que el tiempo pase sin hacerles caso, y las olvido sin más. Ya, ya lo sé, esto dice poco bueno de mi misma...
Quizás debería empezar por imitarte un domingo. Con los papeles. Lo demás vendrá por si solo, supongo.
Un saludo.

JL Ríos dijo...

Buen tema, buena fotografía y buenas decisiones, seguramente.

Un abrazo

DORCA´S LIBRARY dijo...

A veces me he vuelto a encontrar con algún escrito oficial que en su momento me causó un cierto trastorno, por ese tono de amenaza que de forma sibilina suele introducir la Administración. Leyéndolo tiempo después, más que molestarte me parece ridículo que me preocupara durante un segundo por ello.
Un abrazo, Pedro.

Campurriana Campu dijo...

Yo tengo que poner en orden tantas cosas...

Fackel dijo...

Sano ejercicio el de ir desempapelándonos. El empapelador está empapelado, ¿quién lo desempapelará?, etc. La dosis informativa, ¿o pseudoinformativa, es decir, innecesaria? es tal que nos exige ordenar y guardar un mínimo y deshacernos -con bondad, eso sí- de la mayor parte de papeles, correos, y demás. Una vorágine que viene desde muy atrás sobre todo a los que nos gustaron siempre los libros o las publicaciones en general. Salud y buen lunes.

Emilio Manuel dijo...

"Lo urgente de ayer es lo insustancial de hoy", de eso me dí cuenta cuando los papeles me llegaban a la coronilla en un periodo de mi vida, de toda aquella urgencia nada pasó salvo una hipertensión.

Abejita de la Vega dijo...

Imagina que nos echaran encima todos los papeles que generamos a lo largo de nuestra vida. Nos sepultarían y ahogarían. Un día de estos hago como tú...

São dijo...

Quando trabalhava, ia empilhando papéis sobre a secretária .Depois, antes de férias, fazia o que chamava " a razia".Graças a Deus, nunca rasguei nenhum que me fizese falta , rrss


Boa semana, amigo mio

LA ZARZAMORA dijo...

Nada es tan imprescindible y hay prioridades y prioridades.
Cuando me pongo con el papeleo se me va el fin de semana, por eso lo retraso, lo retraso...
Sonrío.
Besos, Pedro.

Ele Bergón dijo...

Poner en orden yo me la repito más de una vez. De momento, donde más la practico es en el pensamiento y a veces ne funciona. Pensé ordenar mi ordebador y ahí estoy. Soy bastante desordenada, lo reconozco.
Besos

dafd dijo...

Sí, realmente es extraño. Parece que jugamos a ser impostergables para el prójimo. El primero de la fila de sus deudos. Ya bastantes descalabros que enderezar nos procura la vida para que obstaculicemos a los demás con los nuestros.