miércoles, 20 de enero de 2016

Personas a las que quiero que me despresenten.



Hay personas que no saben conversar ni escribir sin soltar en cada frase el nombre de alguien que conocen y que tiene peso en la materia de la que se trata. A veces es para darse tono: jalonando sus palabras de nombres importantes quieren evidenciar que ellos también lo son y hemos de tenerlos en cuenta; otras ocasiones es para amedrentar al interlocutor y hacerle pensar que tiene muchos contactos. En realidad son personas que valen muy poco porque quien es verdaderamente importante no tiene necesidad de avalarse con nombres de conocidos salvo en ocasiones muy concretas y casi siempre en conversaciones privadas.

En mi profesión es muy frecuente. Algunos colegas sueltan retahílas de nombres insignes, políticos o escritores como si comieran con ellos a diario. Y siempre saben la última de unos y de otros y, por supuesto, ellos estaban allí cuando ocurrió tal o cual anécdota. Conozco una colega que se hizo un hueco en determinado lugar diciendo que era muy amiga mía. A esta colega hace muchos años que borré de mi agenda porque era un auténtico dolor de cabeza, pero ella insistió en su afirmación de lo muy amigos que éramos durante unos cuantos años. Otro sigue usando mi nombre a pesar de que yo le haya retirado el saludo porque no soporto a los covachuelistas que son serviles con el poder y soberbios con los débiles, los tiralevitas que son capaces de denunciar a sus venerables madres con tal de congraciarse con quien manda. En los círculos próximos ya no le sirve, porque todo el mundo conoce lo que hay, pero no deja de usarme fuera en cuanto puede.

Hay un caso en mi profesión que vaya donde vaya se hace fotos con todos -al estilo del pequeño Nicolás- y luego las cuelga en su Facebook y así parecer que conoce a todos y que todos le hacen caso y le estiman. Parece inocente, pero en su institución quiere hacerse imprescindible y las fotografías le sirven para eso. La última vez que coincidí con él en un acto público me escabullí haciéndome el distraído mientras me reclamaba a voces para que posara para una foto de grupo. Como no lo consiguió, publicó la única que tenía junto a mí puesto que interveníamos en la misma mesa. Así consiguió completar su álbum de fotos sin que yo pudiera hacer nada.

Es un tipo social muy interesante que uno debe siempre mantener lo más alejado posible. No hablo del que admira o quiere sinceramente a alguien y necesita un recuerdo que valora con cariño y sin otra intención sino de aquellos que luego utilizan el trofeo de tu nombre o tu imagen para llegar a otra persona. Sucede que luego tiran la escalera por donde subieron para que nadie pueda reconstruir sus pasos, confiados en la falta de memoria de muchos. Siempre hay un tanto por ciento de ellos lo suficientemente listos como para conseguir el objetivo del ascenso profesional o social o el nombramiento para tal o cual cargo gracias a ese álbum de fotos y listado de nombres. Como me dijo hace tiempo una amiga mía a la que echo mucho de menos, a este tipo de personas prefiero que me las despresenten.

15 comentarios:

Fackel dijo...

Los nombres y las citas están a la orden del día en las entrevistas o los artículos de gran parte de periodistas y literatos. Los políticos siguen sus pasos pero resultan más grotescos aún. A mí me hartan todos. Y que conste que no estoy libre de tamaña manía.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Sin duda algo muy grotesco y molesto.
Un abrazo

Rita dijo...

Ese tipo de personas es mejor no cruzarse con ellas en el camino y sí es así es mejor que nos despresenten, no son de fiar...

Besos.

Emilio Manuel dijo...

Por suerte, yo he sido un (don) nadie.

Saludos

Abejita de la Vega dijo...

Y todo el mundo se pregunta quién ese señor, ni su madre lo conoce aunque fue quien lo alumbró. No sé en qué zarzuela cantan eso pero yo lo recuerdo.

¡Menudo nido el Alma Máter!

emejota dijo...

Con esa actitud, pian pianito, me alejé del espacio convencional con moradores incluidos. La popularidad, mayor o menor suele resultar demasiado cruel y enojoso para determinados individuos entre los que me parece adecuado alinearme.

emejota dijo...

A lo mejor por razones semejantes Pio Baroja acabó en la panadería. No me fue presentado por razones obvias!

LA ZARZAMORA dijo...

Por lo que veo tú también tienes a algunos Fernández entre tus colegas o conocidos, porque amigos no lo son.
Lo curioso es que luego, si cayeras algún día verías cómo también muchos de los que hasta hoy se dicen amigos, y a los que crees, en cuanto te descuides zass, puñalada al canto para quitarte de donde estás y ocupar ellos tu lugar de plantearse la ocasión. Estos también abundan. Tartufos los llamo yo.
Estos y estas arrivistas, por desgracia abundan, y cuanto más subes, peor. El pequeño Nicolás se queda corto al lado de unos cuantos personajillos como estos con los que nos toca tropezarnos en la profesión.
Y sí, son tremendos impresentables.
Besos, Pedro.

São dijo...

De acordo totalmente contigo.

Lembrei-me de uma peça teatral que vi há muitos anos em que um dos personagens vivia citando pessoas muito importantes e quando um outro personagem o criticou dizendo que " quem cita muito, é porque pensa pouco" reagiu perguntando quem era o autor, que era , afinal, o próprio e , então, assim já lhe não valor

Besos, querido amigo mio

dafd dijo...

"A veces es para darse tono".
No lo había visto así. Esto es para pensarlo.

JL Ríos dijo...

Quizá ha llegado el momento de leer "Stoner", una traducción, claro.

Ele Bergón dijo...

¡Cuando nos daremos cuenta que no es importante ser importante! Lo mejor es ser buena persona y nada más, como es tu caso .

Besos

Alicia Montero dijo...


Te leo, sin sorpresa Pedro, porque esta "especie" habita no sólo en España, sino en todo el planeta..."jactarse"..."darse tono"... pobres diablos!!
Me gustó mucho el término "despresentar"...;-)

beso,

Ali

Alicia Montero dijo...


Te leo, y veo que esta "esta especie" habita en todo el planeta.
Jactarse, "darse noto", etc...son pobres diablos!! ;-)
Me causó risa el término "despresentar".

Beso,

Ali

Paco Cuesta dijo...

Cuando caminamos no es posible evitar que el polvo del camino se pegue a nuestros zapatos. Ya solos y descalzos, estos pueden volver a su aspecto inicial.
Un abrazo