viernes, 15 de enero de 2016

En la mesa de la cocina hacíamos los deberes y se me atragantaban las matemáticas


Como todo lo que hago me recuerda a ti no me importa que sea invierno. A veces vuelvo a casa con la nariz fría y me acuerdo también de mi madre, de las fajas de tubo que nos ponían a los niños en aquellos tiempos en los que en las casas de familias como la mía no había calefacción y la bufanda, bueno, la bufanda no, el verdugo. Colocaba mis manos tapándome la boca y la nariz y respiraba para que el aliento me calentara. Eran tiempos en los que se helaban los charcos durante días y semanas en las que se agarraba al suelo una niebla densa. Hasta que un día se levantaba y se resolvía en una tarde soleada y no era primavera pero lo parecía. Mi madre encendía a media mañana la económica con aquel carbón pero primero echaba hojas de periódicos atrasados y papeles y algún trozo de madera seca. Y en la chapa iba creciendo el sagrado enigma de los olores de las comidas llamándonos a la mesa y por la noche bailaban las castañas. En la mesa de la cocina hacíamos los deberes y se me atragantaban las matemáticas.

22 comentarios:

Elías dijo...

Me acabas de llevar a la infancia -prácticamente idéntica a la que cuentas- de golpe.
Y a aquel frío, al que hace años no se le ve el pelo. Ahora caen cuatro gotas y ya estamos en alerta no sé qué.
Abrazo.

Pamisola dijo...

Los recuerdos cual burbujas llenas de imágenes-emociones, de vez en cuando vienen y nos explotan en la cara.


Abrazos.

Mariluz González Hidalgo dijo...

¡Eras igualico al "pequeño ruiseñor"!

Entrañable recuerdo.

Alicia Montero dijo...

Querido Pedro, vivimos el hoy con recuerdos bueno y no tan buenos del pasado... existen aromas que nos llevan a esos momentos y nos volvemos niños...cuando mamá y papá "sabían lo que hacían" y nosotros felices..cómo añoro esos momentos!
Aún huelo ese aroma entrañable...
gracias por traerlos a mi hoy, y recordar momentos inolvidables!
te quiero, te lo dije??

;-)
Ali

Campurriana Campu dijo...

¡Qué belleza y qué ternura, Pedro!

Myriam dijo...

Claro que sí, está presente en ti.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Me has llevado a un tiempo de ropa al calor de la chapa. El pasamontañas y la faja para no coger frío en la tripa. Y deberes sobre una mesa con hule, puaf la aritmética. Y el cuello rebelde de la camisa. Un abrazo.

Emilio Manuel dijo...

A pesar del verdugo y de la bufanda que picaba un webo, a mi me salían unos sabañones que ardía Troya, cosas de la mala alimentación.

Saludos

Rita dijo...

Que bonitos recuerdos Pedro... me han devuelto a mi infancia, a la cocina económica de esa cocina... a mí también se me atragantaban las matemáticas y cruzábamos el frío invierno con ese verdugo que casi no nos dejaba respirar.

Precioso retrato de interior.

Joselu dijo...

La infancia, ese territorio no sufientemente explorado que nos lleva a visiones entrañables como la tuya. ¡Qué extraño es ese tiempo! Hay quien dice que ya somos en él y quienes dicen que estábamos incompletos y que hemos necesitado toda la vida para rematar la obra. A mí también se me daban mal las matemáticas.

DORCA´S LIBRARY dijo...

La descripción de tu entorno me ha recordado el mío. A mí también me ponían esa faja tubular de color blanco. Tenía algodón en la parte interior. Llegué a acostumbrarme a ella.Ya en la adolescencia me la quité, cuando empecé a vestir de mujercita.
Y esa cocina económica... Yo todavía conservo la de mi casa, aunque tengo otras fuentes de calor. La carne y el pescado en su horno, ¡umm!, bocado de dioses. El chisporroteo de la leña a veces me susurra risas y palabras de la gente que se ha ido marchando.
Me ha encantado esta entrada, Pedro.
Un abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Entrañables recuerdos que te agradezco compartir.
Un abrazo

Edurne dijo...

A mí también me has hecho viajar hasta mi infancia, la que viví en Vitoria, tierra muy fría en invierno, y que cada periodo vacacional en que regresaba a Bilbao, me parecía que venía a otro territorio.
La faja de tubo... ¡jajajajaja, qué suplicio ponérsela por prescripción materna!
¡Y ese pasamontañas! ¡Qué frío, Dios, qué frío hemos pasado de pequeños!
Yo también hacía los deberes en la mesa de la cocina, y a mí también se me atragantaban las mates, de hecho, se me siguen atragantando (pero esto lo digo así, en bajito, que no se enteren que a la profe se le atragantan, jejejeje!)

¡Gracias mil por tus recuerdos que son también los de muchos de nosotros!
Besos.
;)

Myriam dijo...

Y tanto, que ni mate puedo tomar :-)

Besos

Marina dijo...

Yo me levantaba, me sentaba en el sillón y me tapaba el cuerpo entero con las faldillas de la mesa camilla. Mi madre me ponía el desayuno delante, pero ¿Quien sacaba las manos del calorcito del brasero?

Cuando por fin salíamos hacia el colegio íbamos chupando los chuzos formados durante la noche.

Yo hacía los deberes en la sala-comedor, con las faldillas por los hombros y la tele puesta... hasta que algún tufo me hacía levantarme a escarbar el brasero, encontrarle y ponerle bajo el grifo :)

Besitos.

impersonem dijo...

Es una estampa de mi infancia... carámbano en los tejados y en los charcos... y frío a raudales... el brasero de cisco... etc.

Ahora bien, lo de la faja esa que dices para mí fue imposible, nunca la soporté...

De las matemáticas mejor no te digo nada...

Aquel entonces sigue en mi retina y en mi memoria... en las tuyas veo que también...

Me ha gustado recordar aquello a través de este buen relato...

Ele Bergón dijo...

Hasta Pardilla llega, de vez en cuando, la famosa niebla de Valladolid, es espesa, densa y tarda mucho en irse, como los recuerdos de nuestra infancia. ¡Esa dichosa faja también la he padecido!

No me extraña que se te atragantasen las matemáticas. Son un poco feas.

Luces muy guapo en la foto.

Besos

LA ZARZAMORA dijo...

Dulces recuerdos que nos llevan hacia nuestros seres más entrañables.
Las Mates tampoco fuereon para mí, y eso pese a lo mucho que me gustaban ;)

Besos, Pedro.

Aldabra dijo...

que recuerdos Pedro... en mi casa había estufa de butano y yo, que siempre fui muy friolera, me pasaba la vida pegadita a ella, cuando estaba encendida, que no era siempre... más de una vez el gas me aturdía... y a mí también se me atragantaban las matemáticas, tal vez por culpa de ellas fueron mis primeras lágrimas... jamás entendí los números en sí mismos, y menos todavía, los problemas.

bicos,

PENELOPE-GELU dijo...

Buenos días, professor Ojeda:

¡Cómo le gusta retomar esa fotografía!
¡Cuántos recuerdos de infancia surgen de esos trocitos de papel!
Las madres en la casa. Y al encender el fuego, qué contratiempo el día que por el capricho del viento la cocina ‘no tiraba’.

Un abrazo
P.D.: ¡Qué parecido tiene su hija!

JL Ríos dijo...

Pues si, Pedro, así éramos, así somos.

Un abrazo

XuanRata dijo...

Las fajas de tubo, Pedro, ese es uno de los primeros recuerdos de mi vida, hay que fastidiarse, qué cutre es a veces la memoria...