sábado, 26 de diciembre de 2015

El desprecio de la humanidad y el abuso de la fuerza. El final de un linaje y noticias de nuestras lecturas.


Nos retrata Emilia Pardo Bazán el final de un linaje. Don Pedro de Ulloa ni siquiera es marqués. O, por lo menos, no lo es más allá de los límites de los Pazos de Ulloa. Allí nadie se lo discute y siente un pellizco de orgullo cuando lo saludan con ese título los campesinos con los que se encuentra por los caminos porque los señores de los Pazos "eran marqueses por derecho consuetudinario". Pero fuera de allí don Pedro no es, en realidad, nadie, quizá uno más de los pequeños caciques locales que trufaban la España política del momento y ayudaban a sostener un sistema corrupto desde el origen. Pero eso no es nada puesto que le deja casi como una pieza necesaria pero minúscula en un engranaje mucho mayor que obedecía ya a tiempos nuevos pero necesitaba sostenerse en hombres como él. Este final del linaje que representa don Pedro es una evidencia más del conflicto latente entre los nuevos y los viejos tiempos. Estos solo pueden sustentarse ya en tierras alejadas de cualquier indicio de modernidad.

En estos lugares -ciertamente abundantes en la España del momento-, la legalidad moderna no manda. Más que el título, lo que da verdadera fuerza y dominio es la posesión de la casa solariega que vertebra el territorio y no contravenir los instintos más antiguos del ser humano. La casa central de los Pazos de Ulloa es protagonista de la novela ya desde el título. Falta del limpieza, desordenada, llena de muebles estropeados y cristaleras rotas, conserva, sin embargo, toda la fuerza de su valor simbólico y primitivo. Es más, es precisamente esa sensación de ruina que percibe Julián desde el inicio lo que aumenta el riesgo de la fuerza primitiva que simboliza la decadencia de los Ulloa. Hay varios pasajes que lo evidencian. Uno será el de la tormenta y la acción de Nucha. Otro está al inicio de la novela, cuando el nuevo cura llega a la casa y se produce la primera comida en la cocina, verdadero hogar -quien la controla será el dueño efectivo de todo el corazón de los Pazos-, una escena brutal que sitúa a Julián ante la realidad que le espera: comen primero los perros de caza. Y toda la escena posterior se centra en la sensualidad salvaje de Sabel y la manera en la que Primitivo emborracha a su nieto, Perucho, de apenas tres o cuatro años.

En medio de todo ello, don Pedro. El último de un linaje que se arruina sin ninguna grandeza. La propuesta inicial de Pardo Bazán es evidente: cuando a quien le corresponde gobernar un lugar así no cumple su misión, todo se desmorona hacia las fuerzas más primitivas y salvajes de la naturaleza, en las que triunfa siempre el más fuerte. Don Pedro fue criado por su tío de forma improcedente: "especie de señor feudal acatado en el país, que enseñaba prácticamente al heredero de los Ulloas el desprecio de la humanidad y el abuso de la fuerza". Y la consecuencia es la que es, como se aprecia en el archivo familiar, desorganizado y comido por el moho y los insectos. Don Pedro, en el fondo, no tiene más personalidad que la de dejarse gobernar por la casa, no tiene suficiente coraje como para hacer nada que evite la decadencia ni que modernice la vida del lugar. Sus instintos siempre pueden por encima de cualquier sentido de la responsabilidad, puesto que fue educado sin voluntad para tenerla.

Frente a ello, parece que poco puede oponer la escasa fuerza de un personaje tan débil y civilizado como el del cura Julián Álvarez. En ese caldo de cultivo, el joven sacerdote parece candidato a ser una víctima más de la feroz lucha de la naturaleza desatada que domina en la casa.

Puede consultarse el interesante y documentado portal sobre la escritora alojado en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes (en este enlace), en el que puede hallarse una buena edición de la obra (aquí).

También aconsejo ver la excelente serie de televisión que adaptó la novela (en este enlace).

 La lectura de Los pazos de Ulloa nos ocupará hasta el jueves 14 de enero.

Noticias de nuestras lecturas

Coro Entreaguas publica una oportuna reflexión sobre el contenido político de Los Pazos de Ulloa que viene muy al caso tanto para esta lectura como para las circunstancias españolas actuales... Hay que leerla.

Pancho comenta acertadamente cómo el espacio se convierte en parte sustancial de la novela y termina con Sabina, exacto.

Paco Cuesta analiza el naturalismo de la novela y, para ello, parte del contexto español y europeo y de la posición que ocupaba la autora. Imprescindible.

Mª Ángeles Merino sigue dando paso a la primera persona epistolar del protagonista para comentar la novela: aquí su primera toma de contacto con la realidad. No sabe bien dónde se ha metido el joven cura.

Gelu  llega a la madurez del relato, cuando todo se preparara para el drama final. Y comenta con todo acierto cómo se entremezcla lo ficcional y lo real en la narración.

Luz del Olmo comenta las circunstancias de Nucha a través de un poema en el que se interroga por las claves fundamentales de este personaje.



Pancho llega al comentario del pasaje sobre los gitanos en El Coloquio de los perros, unos párrafos que han suscitado siempre cuestiones sobre los tópicos/afirmaciones cervantinas. Y excelente la forma de terminarlo por parte de Pancho, por cierto.

Recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os  agradezco que me lo comuniquéis.

5 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Don Pedro Moscoso no era nadie fuera de los Pazos y lo notaba. Al pseudomarqués montaraz le sofocaba Compostela, ciudad universitaria con cierta atmófera intelectual, comprendía cuánto se mofarían de él si se averiguase que no estaba fuerte en ortografía ni en otras ías. Impaciente resolvió su marcha y salió para Cebre con la infeliz Nucha, ya su mujer. A medida que se acercaban a sus dominios, "exclamaba regocijadísimo: "¡Foro de casa...! ¡Foro de casa...! No corre por ahí una liebre que no paste en tierra mía." Esos son sus dominios, aunque no se mueva una hoja sin que lo decida Primitivo, el zorruno mayordomo.

Emilia Pardo Bazán nos muestra un sistema político que se apoya en personajes así, la parte del libro dedicada a las elecciones nos ofrece una pintura muy viva de la España rural de los caciques y los pucherazos. ¡Pobre país! ¡Pobre Nucha!

El cura Julián nada puede hacer. Será otra víctima. Es un cura bueno, nada que ver con un Fermín de Pas, el de la Regenta.

Lo veremos, no adelantemos acontecimientos. Un placer leer a doña Emilia.

Un abrazo, Pedro.



PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Tremenda la pobreza generalizada de este país, con esos caciques y esa nobleza. Y la ignorancia reinante, del pueblo en general y de las mujeres. ¿Cómo escapar al maltrato en un país de maltratados? Y para remate, con la perspectiva de condenarse en el infierno.
Zola tenía motivos para asombrarse. Si bien Doña Emilia no cumplía todos los requisitos para formar parte de los naturalistas radicales españoles, su aportación fue un paso muy valiente.

Abrazos.

pancho dijo...

El desmoronamiento de la Casa de Ulloa es un símbolo del avance de los tiempos que llaman a la puerta y que entran en ella muchas veces sin llamar porque no tienen la paciencia suficiente de buscar la llave de abrir. Suele estar debajo del felpudo o te abren si se lo pides. Las sociedades son muy complejas y siempre hay resistencias que no se vencen sino con paciencia y barajar.
Como bien señalas en el comentario, los gitanos eran un pueblo recién llegado cuando Cervantes escribió las Novelas Ejemplares, por lo tanto sus costumbres eran una rareza. Lo escrito, escrito está para los restos, también la ambigüedad cervantina para cubrirse las espaldas ante la censura.

Myriam dijo...

¿Cumplimos cada uno con nuestra misión en la vida?
¿Cuántos de nosotros no nos detenemos ni siquiera un instante
a meditar sobre cuál es la nuestra?

Si las personalidades de un reprimido cura imberbe de ciudad
y de una delicada mojigata citatina no son suficientes
para vencer las fuerzas indómitas de la naturaleza,
qué tipo de persona si puede hacerlo? ¿Cuál debiera ser su carácter?
en el supuesto que hubiera que vencerlas, claro.
porque.... se trata de vencer en una lucha de titanes o más bien
de respetarla y lograr una sana interacción simbiótica
con el ecosistema del que,
en definitiva, formamos parte?

JL Ríos dijo...

La estoy leyendo con mucho agrado, esa es la verdad, y haciendo que me dure.

Un abrazo