domingo, 1 de noviembre de 2015

Otoño en la sierra de Béjar


Ando estos días por la sierra de Béjar. Anoche celebré el paso a noviembre comiendo calbotes en Candelario. El ayuntamiento repartía castañas asadas y perrunillas que podían mojarse con una limonada casera. Nada más sencillo y necesario que un puñado de castañas que calentaban la mano y la mirada y que nos congregaban al lado de la hoguera.

Tras un año muy seco las escasas lluvias de estas semanas pasadas no han llenado los arroyos y muchas fuentes que dejaron de manar en verano siguen sin agua. Aún así ha comenzado a oler a otoño. Los prados han recuperado algo del verdor perdido y los caballos y las reses pastan, imponentes e impasibles, guardados por perros que vigilan los pasos del viajero. Entre Cantagallo y Puerto de Béjar corre una calleja empedrada que se utilizaba antes de construir, por arriba, la carretera y que ahora se usa como sendero de excursionistas y paseantes. Su trazado no se hizo para que fuera hermoso sino útil pero el tiempo, la vegetación, el musgo sobre las piedras de los murallones y el contraste con la carretera moderna le ha dotado de una belleza que asombra al pasar bajo el dosel de árboles. El último tramo para entrar a Puerto, antes de llegar a la casa del fielato levantada en el siglo XVIII y ahora lamentablemente amenazando ruina como tantas casas de la comarca, tiene el aire de una leyenda medieval o de una estampa romántica para encuentros amorosos. Todo se ha tejido ya de otoño. 

Puede no haber llovido lo suficiente pero este otoño se parece ya a los otros, los días se acortan y son propicios para buscar el calor del hogar y de las brasas del fuego y comer castañas, como si aún no se hubiera construido la carretera asfaltada por la que tantos corren sin saber siquiera que toda esta parte de la sierra está tamizada por el otoño.

10 comentarios:

Edurne dijo...

¡Que así sea pues!
Besos otoñales
;)

Alicia Montero dijo...

La escasez de agua no es solo en tu tierra, es planetario...mientras nuestros corazones piden ese vital elemento, el hombre seguirá en la sequía del alma Pedro...y el corazón no tendrá otoños...
besos,

Ali

Emilio Manuel dijo...

Hoy día de difuntos lo he estado celebrando recogiendo aceitunas para adobarlas en casa, castañas, nueces y membrillos para hacer dulce, una magnifica celebración de y para los vivos, terminada la labor, una magnífica comida típica (andrajos) y una carne de caza (jabalí) ha sido regada con un buen vino de la tierra, desconozco que habrán pensado unos suizos que por allí andaban, bueno, han dicho que sabemos vivir.

Un saludo

Joselu dijo...

¡Qué lejos me queda el otoño, encerrado en mi casa y mi instituto! Te imagino comiendo calbotes, asadas en las brasas, y yo me tuve que contentar con asarlas en el horno eléctrico. Imagino que el sabor no es nada comparable. Ahora llueve, debe de ser una lluvia de otoño.

María del Carmen Ugarte García dijo...

La falta de lluvias francamente preocupante, aunque hoy esté lloviendo.

Añoro esas fiestas populares por estos días.

Abejita de la Vega dijo...

Luego no las recogiste del suelo y no eran pilongas, que eran de las buenas, las castañas digo. Lo de calbotes, voy al diccionario.


São dijo...

As cores outonais são as mais belas que existem, sem sombra de dúvidas.

Castanhas ainda não comi, mas sexta-feira passada deliciei-me com batatas doces, que adoro!

Bom Novembro, amigo mio

pancho dijo...

Un privilegio parar por esa zona, sobre todo para los que quieran vivir en un entorno de una riqueza vegetal y paisajística únicas. Ya pareces serrano auténtico.

dafd dijo...

Algo está lloviendo. Los últimos restos de hojas pueden estar cayendo.

JL Ríos dijo...

Estos días son, por aquí, los mejores, ya que dentro de poco comenzarán las nieblas, y reconozco que hay días en los que el ánimo estará bastante bajo, y la niebla no ayudará precisamente a levantarlo.

Un abrazo