martes, 6 de octubre de 2015

Weegee. The Famous: Una forma de entender Nueva York


A Weegee (Arthur Fellig) no le interesaba por lo general el glamour de Nueva York, ni siquiera fotografiar escenas hermosas. O, al menos, lo que la mayoría de las personas consideran glamuroso o hermoso. A este fotógrafo autodidacta pero con gran instinto, le gustaba captar el momento en el que la ciudad deja las apariencias para sacar sus secretos a primera línea. Pero no grandes misterios sino los cotidianos, aquellos que no queremos ver pero están delante de nosotros. Hombres y mujeres en una fiesta cuando el alcohol y otras drogas se juntan con el cansancio y la falta de sueño, esos momentos en los que hasta el maquillaje se ha gastado, la ropa se ha arrugado y a la persona que fotografía ya no le parece importar. Incluso los famosos a los que fotografiaba. En esta exposición (Weegee. The Famous, Sala municipal de exposiciones de San Benito de Valladolid hasta el 18 de octubre) hay una fotografía de Dalí subido a una silla. Es Dalí, con su bigote y su gesto ensayado, pero es Dalí también en una situación en la que cualquiera que pasara por allí pensaría que no es Dalí sino un imitador de Dalí. 

Weegee (sobre cuyo trabajo se basó la más que recomendable película El ojo público) se pateaba la calle, instaló una emisora de radio conectada a la de la policía para llegar a los sucesos al mismo tiempo que los agentes o incluso antes, acudía a los locales de moda. Supo captar esa vida que sucede cuando las luces se apagan, escenas llenas de la necesidad de olvidarse del trabajo diario, llenas también de miseria, de agotamiento. Se especializó en sucesos violentos. Sus fotografías de asesinatos y criminales se hicieron famosas y contribuyeron a crear una imagen inolvidable de la gran ciudad que coincidía con las películas en blanco y negro que contaban las andanzas de la mala vida. No es que estas fotografías sean Nueva York, es que estas fotografías son también Nueva York. Una parte de la moneda sin la cual la gran metrópoli no puede entenderse. A fuerza de práctica y de rapidez en el disparo, más que de una depurada técnica, consiguió Weegee crear una manera de mirar la noche, personal e inconfundible, necesaria también.

Una buena razón para acudir a ver esta exposición. Eso sí, sería deseable que los folletos y los paneles de lo que se muestra fueran algo más allá de un refrito de la Wikipedia. Hasta las repeticiones ocasionadas por la separación producida por los epígrafes suprimidos se copian. No costaría más dinero sino tan solo un poco de amor al trabajo y respeto al público y mejoraría la impresión que recibe el visitante del excelente listado de exposiciones mostradas en esta sala.

4 comentarios:

XuanRata dijo...

Otros fotógrafos rastreaban la noche americana pero solo las fotos de Weegee siguen pareciendo tomadas esta misma madrugada, tal vez porque él no fotografiaba para los periódicos del día siguiente sino para los de ayer. Creo que el flash duro y directo que hoy le identifica pretendía iluminar algo más que la escena. Viendo sus fotos uno tiene la sensación de vivir en un mundo enloquecido, áspero y tierno al mismo tiempo.

Myriam dijo...

Interesante! Estuve en el Momento, hace unos años, pero no recuerdo haber visto sus fotografías allá. Tendré que volver :-)

Lo del refrito de Wikipedia, es en verdad, patético.

Un abrazo

Myriam dijo...

Estuve en el MoMa, debió decir, es que mi smartphone es un incultofon que me cambia las palabras....

JL Ríos dijo...

Imprescindible fotógrafo, te guste o no.

Un abrazo