miércoles, 16 de septiembre de 2015

Acerolas


A mediados de septiembre maduran las acerolas. Por suerte, hay frutos que no pueden comercializarse de forma masiva y permanecen idénticos a sí mismos por muchos que sean los años que pasen. No cumplen el patrón de lo aceptable por las grandes superficies y los consumidores los miran con desprecio. Comerlos es recordar el sabor de las cosas cuando todo venía de la maduración tenaz de la naturaleza, que cumplía su ciclo año tras año. A mediados de septiembre maduraban las acerolas en mi infancia y mi madre nos ponía un puñado de ellas en la mesa de la cocina. En algún lugar alguien conserva los acerolos (¿cuántos quedan en España?), vigila su floración y recoge el fruto. Estas acerolas de hoy saben exactamente como aquellas.

10 comentarios:

Estrella dijo...

No conocía este fruto. Ni había oído su nombre tampoco. Si aún mantienen el sabor de antes, no hay que dejarlos pasar. Por desgracia ya ninguna fruta tiene ni el olor ni el sabor que tenían cuando yo era pequeña, que todo olía y sabía a gloria bendita, a naturaleza. Ahora los plátanos huelen más a pegamento Imedio que no a plátanos. El dulzor de la fruta es todo artificial, como la sacarina. A saber qué nos están dando de comer.

Marina dijo...

Ni sé cuánto tiempo hace que no como acerolas, pero tengo exactamente el mismo recuerdo que tú. Tb mi madre nos las ponía en la mesa de la cocina y a mí me encantaban.

Besos

Alicia Montero dijo...

en un comienzo pensé eran granadas...pero acerolas? nunca las habia escuchado, a qué saben? que tamaño tienen?....que maravilla me produce Pedro cuando mencionas tu infancia.
De pequeña recuerdo unas peras muy pequeñas, muy sabrosas que cuando íbamos al campo, papá nos las traía y nos enseñaba el árbol...

Tus fotos, tus experiencias visuales evocan la naturaleza....al igual que tus vacaciones...
Te diré algo: eres adorable!!
Saludos mi querido!!

Ali

Emilio Manuel dijo...

Las acerolas, las azofaifas, las almencinas con las que jugábamos de pequeños a tirarnos sus pequeños huesos a través de una pequeña caña hueca. Por aquí ya llevamos viéndolas en torno a una o dos semanas, el último domingo de septiembre (día de la patrona de Granada) es el día cumbre de venta de estos productos que se venden en la calle en pequeños puestos, buena parte de ellos vienen de la Alpujarra, lugar donde se refugiaron los árabes tras su expulsión, por eso son palabras tan bonitas, y que decir de su sabor y de su olor, como tu bien dices, son frutos que no interesan, al maldito mercado, gracias a ello no han sido prostituidas.

Saludos

Montserrat Sala dijo...

Curioso; yo tampoco las conocia y me han traido una pocas de Menorca.
Por aquí las llamamos: "ginjols" y los árboles que las producen "ginjolers"
Saludos cordiales, profesor.

Luis Antonio dijo...

Siempre he pensado que la palabra "azarollas" (= acerolas) tiene origen en la fabla aragonesa (idioma de la región) o de la variante aragonesa del castellano. En un diccionario aragonés aparece con el significado de "crédulo, tonto, cuando se aplica a personas...

Pamisola dijo...

El color... ahora me atrae más que comerlas.
Besos.

Abejita de la Vega dijo...

Las acerolas marcan un tiempo en "La acequia".

dafd dijo...

Jeje. Tengo la intuición -o mi reloj interno me lo dice así- de que no empieza el curso vital del nuevo año hasta que no aparece tu tradicional anotación sobre estos maravillosos y chispeantes frutos tan queridos.

Kety dijo...


Desconocía su nombre. Gracias por compartilo

Un abrazo