sábado, 16 de mayo de 2015

Treinta y ocho millones de personas desplazadas en el mundo


En estos momentos hay más de treinta y ocho millones de desplazados internos en el mundo, la cifra más alta que se conoce en la historia. A diferencia de los refugiados que, en cuanto cruzan una frontera, son protegidos por las leyes internacionales y ayudados por las organizaciones que se encargan de velar por ellos, los desplazados internos están sometidos a las circunstancias de su país y a las decisiones de sus gobiernos y de los señores de la guerra regionales. Estos, en muchos casos, son los causantes de su situación. En otros, son incapaces de velar por ellos porque no tienen los medios adecuados o, simplemente, porque no consideran que sea su obligación ni responsabilidad. En casi todos los casos, cuando permiten la ayuda internacional es tarde. En casi todos los casos la ayuda internacional tiene graves problemas para llegar a los lugares en los que se encuentran y suele sufrir la rapiña de los dirigentes locales y la extorsión de los bandos enfrentados que usan a los desplazados para enriquecerse.

Una parte de estos desplazados se debe a catástrofes naturales y la pobreza de sus países. Otra parte a la violencia y los conflictos bélicos. Hay guerras en el mundo que no salen nunca en los informativos occidentales, hay conflictos de los que no sabemos nada desde hace años, hay muertos que ignoramos porque no tienen nuestra nacionalidad. Casi todas las armas y la munición que se usan en estos conflictos han sido fabricadas en países occidentales.

Hay campos de desplazados que se formaron como sedes provisionales de acogida para los cientos de personas que habían tomado una dirección para huir. Simplemente, habían comenzado a andar y llegaron a un sitio en el que se hallaron con una frontera natural o política que no podían cruzar. Después de esos cientos fueron miles, luego decenas de miles. Hay campos de refugiados provisionales que llevan tantos años funcionando que se han convertido en ciudades permanentes identificables por el aspecto de las tiendas de campaña. Los más afortunados han podido improvisar en ellos escuelas, almacenes de comida y depósitos de agua, hospitales de campaña y lugares de reunión para tomar decisiones sobre el día a día, convirtiendo un lugar inhóspito en lo más parecido a una sociedad organizada en la que sentirse seres humanos con la dignidad que las circunstancias y otros seres humanos parecen negarles. Otros están desasistidos y no tienen las cosas más elementales que tú y yo derrochamos cada día.

A veces me imagino ser una de esas personas que caminan por el borde de un camino con todo lo que poseen encima. Que camina detrás de otros cientos que han tomado la misma dirección. No es difícil reconocerse en estas filas de seres humanos. Repaso en la historia de mi propio país y recuerdo fotografías y documentales de hace menos de un siglo con gente como yo caminando con un hatillo, una vieja maleta atada con cuerdas, tirando de un carro con unos pocos enseres o un hijo enfermo. Mujeres con un pañuelo atado a la cabeza para protegerse del viento y del sol. Cuando llego a casa por la tarde, después del trabajo, y abro con la llave, doy un beso a mi hija, organizo la cena, me tomo un vaso de agua que he llenado con el gesto fácil de abrir el grifo. Y cada día soy más consciente de lo poco que separa la pared de mi cocina, con sus azulejos y el calendario marcado con las fechas importantes, de un horizonte polvoriento que conduce hacia una ciudad inmensa de tiendas de campaña en donde buscar refugio de algo de lo que no soy responsable pero que me ha echado de mi casa. El mundo, que tan ancho parece, es pequeño. Y deberíamos ser muy conscientes de ello para comprender cómo nos conciernen las cosas que pasan en él, las cosas que de verdad pasan.

11 comentarios:

Amapola Azzul dijo...

Me gusta leerte,
Besos.

Myriam dijo...

Estaba justo pensando en esto hay tantos desplazados en condiciones infrahumanas y conflictos bélicos de los que ni nos enteramos porque no son noticia...

São dijo...

Trinta e oito milhões de deslocados?! Não tinha nem ideia desta cifra estonteante, embora me comova com o drama das pessoas obrigadas a sair de sua casa sem saber para onde e desconhecendo se voltam.

Que Humanidade é a nossa, Pedro?

Buen finde.

Emilio Manuel dijo...

El caso del niño en la maleta para estar junto a su padre es un claro ejemplo de lo que son las migraciones y como actúan los países. El padre por intentar traer a su hijo y reunificar a la familia está en la cárcel, el niño no sabemos que le deparará el futuro.
El mundo rico mira para otro lado y legisla contra natura.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Aunque seamos solo un grupillo que no nos olvidemos de mirar hacia ese lado, precisamente.

Luis Antonio dijo...

Si no nos ponemos en la piel de esos desplazados, difícilmente se podrá mitigar esa tragedia

Joselu dijo...

Hay algo que se puede hacer: convertirse en socio de ACNUR, la agencia de la ONU para los refugiados. No podemos acabar con los conflictos interterritoriales o religiosos, algo que está en aumento a tenor de las cifras de refugiados que has mencionado. Las razones por que los hombres se odian y se matan son algo al parecer inevitable. Solo quedan políticas paliativas del dolor humano. Curiosamente estoy leyendo una narracón que habla de los campos de refugiados españoles en Argelès sur Mer tras la derrota republicana. Entonces fuimos nosotros los que cruzábamos la frontera por decenas de miles huyendo y nos instalaron en campos miserables. Nadie sabe, en consecuencia, si alguna vez terminará siendo un refugiado. Nada es imposible.

Spaghetti dijo...

Hay cosas que no cambian con el paso de los siglos o cambian pero muy lentamente. El éxodo es una de ellas. El ser humano ha evolucionado gracias a las grandes migraciones, no vivimos ahora una de las peores pero si donde se encuentran las mayores diferencias.

DORCA´S LIBRARY dijo...

Cuando veo la imagen de esas largas colas de gente que no sabe hacia dónde va, me digo que yo puedo ser, en cualquier momento, uno de ellos. La ambición de unos pocos puede conseguir eso. Pero esos pocos están arropados por otros que viven en paises acomodados y que les apoyan con el simple gesto de no hacer nada, de mirar hacia otro lado. Igual que hay cooperación para ayudar, también la hay, a nivel político y económico para hacerse el ciego. Pasó con el nazismo y sigue pasando ahora. Es la globalización de la corrupción.
Saludos.

Ele Bergón dijo...

No tenemos ni vergüenza ni conciencia de lo que está pasando en los países del llamado "tercer mundo". Su sufrimiento es tal que aún sabiendo que van a morir, tienen que desplazarse, marcharse del infierno donde viven y nosotros, los afortunados, sólo los vemos pasar y morir. Después olvidamos

Gracias por recordar que existen y están ahí. Algo removerán nuestras conciencias.

Besos

dafd dijo...

A todos nos puede pasar.