miércoles, 20 de mayo de 2015

Elogio del silencio


Los monjes cartujos guardan silencio la mayor parte de su tiempo. Siempre es bueno guardar silencio varias veces al día. Hay personas que no pueden: Don Quijote castigó a Sancho ordenándolo callar hasta que el escudero no pudo más y amenazó con volverse a su pueblo (I,25). Conozco personas que cuando entran en casa lo primero que hacen es encender la televisión o la radio porque no soportan la soledad o el silencio o necesitan escuchar música en todo momento y en cualquier actividad. Una de las pruebas más serias de la confianza en la amistad o en el amor es la de guardar silencio juntos. Cuando es forzado este silencio compartido es espeso, se puede cortar con cuchillo, decimos, dada su densidad, que nos ahoga. Es ya un síntoma de que algo va mal en esa relación, de que quizá lo que ocurre ya no tenga remedio. Las manifestaciones físicas del que quiere hablar pero no puede las conocemos todos: se revuelve en el asiento, da paseos cortos nervioso, se congestiona incluso.

Una de las cosas más difíciles en nuestra sociedad, especialmente en las ciudades de España, es la de hallar silencio en donde refugiarnos. Nuestras calles son ruidosas, en las cafeterías hay un griterío constante, las personas usan los teléfonos móviles sin ningún respeto a quien tienen al lado, cualquiera organiza una fiesta en la vía pública sin preguntarse si molesta a alguien, en las clases de los centros de enseñanza media mis colegas me cuentan que se han habituado a dar clase por encima del rumor de las conversaciones de sus alumnos, los vecinos hacen todo el ruido que desean sin recordar que viven en comunidad, hay obras en horas y días no permitidos. No es el griterío de las corralas o el de las madres de antes llamando a voces a sus hijos desde las ventanas de los edificios de las zonas de expansión de las ciudades de los años sesenta y setenta del pasado siglo o el de la vecina a la que se escuchaba en el patio de luces cantando se han clavado dos cruces,  un ruido que se relata bien desde el costumbrismo porque interrumpe un mundo casi rural, sino de otra especie. Un ruido constante que nos aturde, que se suma al de la palabrería constante que sale de la boca de quienes están ahora en campaña electoral multiplicado por los medios de comunicación. Ruido sobre ruido para aturdirnos, para no dejarnos sosiego. No hay forma de aclarar las ideas sin silencio. No decidir comprar el pan o ir a una u otra cafetería, si obedecer o no a un impulso, sino de pensar.

Por eso es bueno, varias veces al día, alejarse del ruido, de todo ruido. Incluso del interno. No argumentar, ni pensar siquiera, pero hacerlo en silencio para gozar de la libertad propia. Como contemplar la leve deriva de una hoja verde sobre el agua del pilón de una fuente.

9 comentarios:

LA ZARZAMORA dijo...

Me recordaste la célebre Oda de Fray Luis de León...
;)
Grandes nuestros clásicos, siempre vigentes.
Besos, Pedro.

Alicia Montero dijo...

Personalmente me gusta la radio, escuchar música, sobretodo cuando realizo labores de casa...incluso las sigo y las canto, me gusta. Sin embargo, existen momentos para todo.
Mis clases de pilates son con música de Ennya, y me ayudan a respirar rítmicamente...y cuando deseo estar tranquila, serenarme me retiro a un espacio en casa o en la consulta, incluso en el auto a buscar ese silencio del que hablas...porque en esa quietud , como el agua quieta de un lago, puedo VER lo que me habita, me puedo encontrar para volver a la vorágine nuevamente.
El silencio Pedro hoy no existe, tenemos que crearlo, porque de lo contrario la sociedad sería otra! Tendríamos una calidad de vida maravillosamente diferente, nos miraríamos a los ojos, no tendriamos que estar gritando. Ni hablar de la contaminación acústica... todo está en el sistema para sacarnos de "nuestro centro" y ser uno más de la manada a quien guiar...
Bendito el silencio que nos lleva a nosotros mismos...

Un abrazo querido Pedro...

Ali

Campurriana Campu dijo...

Desconfía de las personas que huyen del silencio...

Joselu dijo...

Cuando voy haciendo una caminata disfruto con el silencio interior. Voy haciendo fotos. Otras veces voy acompañado y converso con la persona que va conmigo y entonces echo en falta el silencio que tengo en otras ocasiones. Son dos modos diferentes de camianar. No sé cuál me gusta más. Quizás el silencio si estás bien contigo mismo. Lo que no siempre ocurre.

Abejita de la Vega dijo...

Hermano, morir habemos.
Ya lo sabemos.

São dijo...

Aturdem-nos com ruído constante, para que não reflictamos, para que não estejamos a sós connosco e com os nossos pensamentos e assim os deixemos destroçar as nossas vidas.

Nas minhas acções de Formação sempre utilizei estórias Zen sobre o silêncio, que acho um bem precioso.

Aqui em portugal já se chegou ao ponto de se ouvir a chamada "música de ambiente" nas casas de banho ( " asseos" / WC).

Querido Pedro, fuerte abrazo

José Núñez de Cela dijo...

Me encanta el silencio
Deseado, no impuesto.

Saludos!

JL Ríos dijo...

Tienes toda la razón. Tengo un muy pequeña lista de lugares en los que no ponen música, ni para escucharla ni para oirla.

Un abrazo

dafd dijo...

Lo que más me molesta del ruido es la falta de respeto. Esos escapes prohibidos, esas músicas que escapan de los locales, o de los coches con ventanillas bajadas, ruidos de voces en bibliotecas, el teléfono móvil en un concierto o en algún momento relevante (mi comprensión hacia José María Pou en Valladolid). Bueno, la falta de respeto, y el propio ruido también, jeje.