sábado, 23 de mayo de 2015

El espino albar del prado de la Señora.


¿Se ha quemado el espino albar del prado de la Señora en el último incendio? Me dicen que fue superficial, que ardieron solo las ramas secas del monte, la pelusa de los chopos, los álamos y los castaños de indias,  también algunos restos del otoño pasado, que no me preocupe, que las huellas del incendio desaparecerán en unas semanas. Que la zona aún está verde por el agua de las últimas lluvias y de las fuentes que empapan las laderas.

Comienza la temporada de incendios en nuestros montes. Según las estadísticas, la mayoría se deben a la acción humana (accidental o intencionada), agravados por el abandono en el que se encuentran. No solo porque la población de esas zonas haya disminuido o porque las personas que viven en su entorno ya no necesiten recorrerlos para recoger leña seca con la que calentar sus casas, ni porque hayan casi desaparecido oficios centenarios que se dedicaban a convertir en bienes de consumo lo que el monte ofrece. Sobre todo es por la desidia de las administraciones y el vandalismo de los que van a nuestros campos y los ensucian o tienen comportamientos imprudentes.

Recuerdo que en los libros en los que yo estudiaba cuando era un crío se hablaba de la desertificación de España y de los problemas medioambientales que ello generaría. Pues aquí seguimos, dejando que nuestros montes se quemen año a año. Ya no hace falta abrir uno de esos libros escolares que olían a nuevo en septiembre, ni volar una hora en avión sobre nuestra geografía. Desde cualquier aparato conectado a Internet puedo visualizar en este mismo momento aquello que estudié y que me parecía tan lejano como los pronósticos para el año 2000. Ya estamos aquí, ya hemos llegado. Y esta España urbana sigue devorando su entorno rural, quizá para esconder su origen como el nuevo rico que se avergüenza del oficio de sus padres.

Por cuánto tiempo seguirá allí el espino albar, en el prado de la Señora.

3 comentarios:

pancho dijo...

Hay que salvar al espinero del Prado de la Señora, como sea. Aunque pique y las púas te desgarren las manos al intentar manejarlo, la floración generosa, espectacular a principios de primavera será tu recompensa.
Quien guarda los árboles, comprende su propia existencia.
Se enredan las primaveras, el árbol crece y encontramos satisfacción volviendo a las fuentes que nos fundaron.
La austeridad del espinero, símbolo de regeneración y tiempo nuevo

JL Ríos dijo...

Parece que todavía no hemos entendido que la naturaleza y nosotros somos lo mismo, su deterioro o destrucción implica el nuestro. Tantos años para seguir casi en el mismo sitio.

Un abrazo

dafd dijo...

Espero que el aprovechamiento de los montes repercuta en la vecindad más próxima a los mismos. Que las leyes favorezcan la simbiosis del monte y del pueblo cercano parece un buen seguro para la salud medioambiental. Bueno, es una opinión.