sábado, 11 de abril de 2015

Revisitar El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman


He vuelto a ver El manantial de la doncella después de mucho tiempo. La película que estrenó en 1960 Ingmar Bergman (en aquel mismo año Oscar a la mejor película de habla no inglesa, Globo de oro a la mejor película extranjera, Mención especial en el Festival de Cannes y en 1961 Espiga de oro a la mejor película en la Semana Internacional de Cine de Valladolid) conserva aquello que me atrajo en su día, cuando procuraba ver el cine que había que ver y aprovechaba para ello todo ciclo de cine o cinefórum que se organizara en mi ciudad cuando yo era joven, mucho antes de que se difundieran las grabaciones en vídeo. Como estudiante en la Universidad de Valladolid organicé, junto a un grupo de compañeros, un ciclo de cine clásico en el Aula Mergelina. Por suerte, hubo un momento -que ahora parece un sueño imposible- en el que los canales públicos de televisión emitían a horas razonables las grandes películas de la historia del cine en ciclos cuidadosamente programados. Después llegó el vídeo y luego el DVD y ahora Internet. Nunca nadie ha tenido a su alcance de forma tan fácil y tan barata tanto cine pero la red es un almacén universal en el que puede que esté todo pero, como me recordaba hace unos días mi amigo Javier García Riobó, alguien tiene que decirte qué buscar para hallarlo. Como sucede ahora y siempre, lo que suele gustar a un joven que no vive inmerso en un ámbito cultural no es una película como El manantial de la doncella. Alguien te tiene que decir que existe este tipo de cine para que te enfrentes a una obra tan alejada de los códigos habituales del cine que estás acostumbrado a ver y que parece haber reducido todo a una fórmula única de hacer películas.

Esta vez he visto El manantial de la doncella sin la urgencia de comprender una obra maestra o sin la necesidad de estudiar cada fotograma o la disposición narrativa de las secuencias, sin la admiración por la calidad de la fotografía o la mano sabia del director. Esta vez he visto esta película desde otro ángulo, que sé que no es original pero es lo que ha primado en mí en esta ocasión. A los pocos minutos comprendí que Bergman hizo una película sobre cómo se construyen las leyendas a pesar de la realidad. Como es sabido, El manantial de la doncella parte de una leyenda escandinava medieval, en la era del cruce entre el cristianismo y los substratos paganos, en la época de construcción de las identidades modernas de las nuevas realidades históricas, sociales y religiosas: una doncella, hija de un rey, debe realizar la ofrenda de velas que cada primavera se hace en el altar de la Virgen. Para llegar a la iglesia debe atravesar el bosque y por ello la acompaña Ingrid, una muchacha que la odia porque es su antítesis absoluta y termina dejándola sola a su suerte. Unos pastores encuentran a la princesa, la violan y la asesinan. En su huida se hospedan en la casa del rey. Cuando su torpeza termina delatándolos el rey los mata, sale en busca del cadáver de su hija y pide clemencia a Dios. Al levantar el cadáver de la doncella, mana del lugar una fuente de agua pura.

Bergman tiene razón en su forma de enfocar esta leyenda. No es la realidad la que la construye: la realidad es sucia y violenta y tiene razones que la leyenda no contempla porque simplifica la fábula. Es la necesidad de huir de la realidad, la necesidad de que haya algo que nos compense de tanto sufrimiento, la que levanta la leyenda del manantial de la doncella. No son los hechos concretos los que fundan una leyenda determinada.  En este caso, los reyes han mimado exageradamente a su hija y esta es insoportablemente caprichosa e inconsciente, hasta el punto de que Bergman consigue que el espectador no empatice con ella cuando es violada y pueda observarlo todo desde una cierta lejanía emocional. De la misma manera, Ingrid no es mala de forma arquetípica en su odio: tiene razones para serlo, ha sufrido la violencia de los hombres y de una sociedad que la condena a una continua condición de víctima. El bosque no es solo un espacio mítico o folclórico sino una metáfora de lo que ocurre cuando la vida es desigual, cuando los que no tienen nada se encuentran con los que lo tienen todo. Bergman no disculpa la violencia, se limita a ponérnosla en su contexto y somos nosotros los que tenemos que sacar las conclusiones. La justicia del rey más que justicia es venganza y tampoco es defendida ni cuestionada por el director. Cuando pide clemencia a Dios en su monólogo final, este parece responder con la fuente que purifica a todos los que se acercan a ella pero esta vez he tenido la sensación de que ese manantial podría incluso brotar por casualidad y no deberse a la obra de Dios, que así permanecería en silencio -el silencio de Dios que tanto angustia al ser humano a lo largo de su historia-  puesto que la forma de enfocar esa escena por parte de Bergman no tiene nada de sobrenatural. Es más la voluntad de todos a la hora de construir la leyenda: una forma de hacer más soportable la realidad, de construir la fe, de hacer que lo sobrenatural sea lo que venga a salvarnos cuando parece imponerse en todas las partes la sinrazón y la violencia. De ahí que los presentes en el momento de brotar la fuente se apresuren a acercarse al agua porque la necesitan para sobrellevar una realidad que no les gusta. Construir un espacio de armonía en la ficción legendaria con la que nos narramos determinadas identidades. Quizá solo a partir de él sea posible trasformar luego el mundo.

Los seres humanos necesitamos leyendas, siempre las hemos necesitado para ocultar la mediocridad de nuestras vidas, el dolor y la injusticia que se impone en la realidad y soñar con unas esferas en las que esto no suceda o que baste con la intervención sobrenatural para superarlo todo. No estoy en contra de las leyendas, pero estas no deben ocultarnos nunca cómo son las cosas ni deben conducirnos a soñar mundos imposibles o imponernos modelos de comportamientos fabricados interesadamente por los poderes de cada cultura. Por eso es bueno ver hoy El manantial de la doncella, para reflexionar sobre cómo se construyeron las leyendas, con qué finalidad y qué ocultan.

10 comentarios:

São dijo...

Não vi este filme de Bergman , mas vi outros.

Te agradeço muito a maneira inteligente e interessante como abordas o tema.

Um bom domingo para ti, querido Pedro !

Neogéminis Mónica Frau dijo...

No la he visto, pero por lo que sabía y ahora te leo, confirmo que sobran los motivos para verla. Es bueno eso de poder ver una película desde distintos ángulos, con distintas perspectivas según sea el tiempo y la ocasión. Nos enriquece.

Un abrazo

Myriam dijo...

Tienes mucha razón en que alguien tiene que decirte -con mayor razón a los jóvenes- en que existe un tipo diferente de cine a la bazofia actual enlatada al por mayor. Por eso, debemos volver a Ingmar Bergman, a él y a los otros grandes directores, por supuesto.
Como me gustaría que la Televisión apostara a ello, como antaño.

Myriam dijo...

Con respecto a la temática específica de esta película: siendo como fue IB, hijo de un pastor luterano, muy represivo además, el cuestionamiento espiritual es una constante en la obra de este director. Mencionas en tu artículo el silencio de Dios en la maldad del mundo, creo también como tú, que ese manantial brota naturalmente, como una manera de IB de mostrarnos que la Naturaleza siempre es generosa y nos regala belleza, a pesar de la sinrazón humana, la porquería, la violencia, la maldad.

Myriam dijo...

Por último y me callo, decirte que sí que me gusta lo que dices en tu cierre y lo comparto: que sí, que es posible cambiar el mundo a partir de la construcción de espacios de armonía en los que nos narramos las identidades que queramos y en nosotros reside el poder y la voluntad, pues, de crear mejores mundos.

Besos y gracias, gracias, por traernos a Ingmar Bergman junto con la delicia de tu análisis.

Myriam dijo...

Y una última cosa más, es cierto: cuando no sabemos como se construyen las leyendas (y los mitos) y los mensajes que éstos encierran, podemos ser fácilmente manipulables por cualquier Poder que las utilice para su propio beneficio incluso, de aquellos que nos quieren vender un perfume o un desodorante.

JL Ríos dijo...

La apunto, es probable que la encuentre en Internet, entera. Muchas gracias. Cuando era joven también iba mucho más al cine que ahora, ya ves, que veo las películas, la mayoría de veces, con meses de retraso respecto a mis conocidos. En fin.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Lástima no haber tenido en los tiempos del cine-forum esta reseña. Como nunca es tarde, vuelvo a ver El manantial de la doncella con tu entrada en ristre.
Gracias.
Un abrazo

LA ZARZAMORA dijo...

Lo dicho, lo viejo sirve... vaya si sirve.
Esta cinta es otra buena prueba de ello.
Para desmantelar mitos, sin la base, resultaría dar palos de ciego, y seguir hablando por hablar, para decir nada.

Besos, Pedro.

dafd dijo...

Interesante anotación. Cuando la vi, no me di cuenta de nada. La vi como un chaval que se mete al cine a una de aventuras. Muy buena, por cierto.