jueves, 9 de abril de 2015

Lo público y lo privado en El héroe discreto de Vargas Llosa y noticias de nuestras lecturas y anuncio de la próxima (Sefarad, de Muñoz Molina).


Las dos tramas de la acción de El héroe discreto son fáciles de seguir y no plantean ningún reto al lector salvo el de preguntarse, hasta el capítulo en el que ambas se juntan, por qué nos cuenta dos historias el autor. Sin embargo, no solo es el personaje de Armida quien las une, sino su relación entre lo privado y lo público.

Las dos tramas desencadenan guerras en el seno de las familias correspondientes. Situaciones dramáticas que tocan en lo más profundo a sus protagonistas y que cambian de forma radical su vida, más en el caso de Felícito y su mujer que consiguen, gracias al drama, hablar y aclarar las cosas y sus sentimientos. La familia de don Rigoberto no sufre más que un paréntesis en sus proyectos, quizá porque en su seno no estaba el verdadero conflicto de la acción -a la espera de lo que suceda con el personaje que se aparece al hijo, de ahí la broma final en el avión como uno de esos malos efectos de las películas de terror.

Lo que definitivamente une ambas acciones es la relación entre lo público y lo privado. Conflictos familiares que deberían reducirse al ámbito privado terminan saltando a la esfera pública por el significado de ambas familias en sus comunidades. Y terminan haciéndolo a la manera en la que suelen ocurrir estas cosas en nuestra época: ambas historias acaban en manos de los medios de comunicación sensacionalistas, periodistas sin escrúpulos, redes sociales preparadas antes para el cotilleo que para la información y una opinión pública que consume todo esto con ansiedad. Tanto Felícito como don Rigoberto meditan sobre todo esto como víctimas sobre las que cae, además, el escarnio público sin tener ninguna culpa.

Desde mi punto de vista este es el verdadero tema de la novela, el que la separa de una fácil trama de conflictos familiares de tono menor. La narración está bien construida, los personajes son sólidos pero no iría más allá sin este tema, este cruce entre lo público y lo privado que convierte la vida de cualquiera en una ficción al estilo de un culebrón venezolano para ser consumida en hora de máxima audiencia. De ahí que nos debamos preguntar, como en el título de la obra, si en estos tiempos que corren es posible un héroe discreto en el sentido correcto del término, si algo en estos tiempos puede quedar en el ámbito de lo privado o todo ya son intereses que se airean en la plaza pública de los medios sin que a nadie le importen las consecuencias.

Noticias de nuestras lecturas

Luz del Olmo consigue sacar su ejemplar de la novela de Vargas Llosa del espacio que parecía buscar y lo lleva a territorios más anchos y propios.

A Mª Ángeles Merino se le aparece de nuevo la señorita Josefita para contarle su versión del secuestro de Mabel y demás enredos. Este personaje secundario será de los que más ganen en el libro... y no dinero.

Muy acertado el comentario de esta semana de Paco Cuesta, vinculando la novela con los culebrones sudamericanos.

Excelente el estudio de las relaciones entre Felícito y Mabel que nos aporta Myriam Goldenberg. No hay que perderse su serie de entradas sobre esta novela.


Pancho llega a una etapa de la novela de Martín Gaite en la que todo parece detenerse antes de la parte final: de ahí los recuerdos de los personajes, que parecen introducir hacia dentro la acción, acompañando la estación del año. No os perdáis la forma de enlazar con Poveda esta entrada tan bien ilustrada.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

Anuncio de la próxima lectura:
 Sefarad, de Antonio Muñoz Molina


Con la entrada de hoy doy por finalizado mi comentario de El héroe discreto de Vargas Llosa, aunque seguiré dando cuenta aquí de las que publiquen los blogs que se han sumado a esta lectura. El próximo martes, día 14 de abril, tendrá lugar la sesión presencial del Club de lectura a la hora y en el lugar habituales.

A partir del próximo jueves y hasta el 14 de mayo publicaré las entradas correspondientes al comentario de Sefarad, la obra de Antonio Muñoz Molina, el siguiente título en este club de lectura, con las referencias de quien quiera sumarse.

6 comentarios:

Myriam dijo...

Un cruce muy acertado de Vargas LLosa, en la era de los Reality Shows; todo un echar luz sobre el circo mediático de nuestras sociedades, al que nos hemos acostumbrado y de tanto, nos parece hasta normal.

Besos

JL Ríos dijo...

Todavía no he llegado allí en la novela, pero lo haré, esta semana que falta. Me gusta Vargas Llosa, no había leído nada de él, aunque mi mujer sí. No conocía tantas palabras en castellano de allí, algunas muy expresivas y singulares. Es un gusto leer por primera vez a alguien con personalidad propia y que cuenta las cosas tan bien.
Mi hijo y su novia estuvieron en Perú tres semanas, hace un par de años, y yo leí diariamente los periódicos de Lima. Me sorprendió la cantidad inusual de despeñamientos de autobuses, y me hizo sufrir, también es verdad.
Por otra parte, la semana pasada estuve por primera vez en Colliure, Pedro.

Un abrazo

Abejita de la Vega dijo...

No es posible ser un héroe discreto. O sí, porque hay muchas heroicidades que pasan desapercibidas, las del día a día.

El cruce de lo público y lo privado, un buen tema para esta novela de un Nobel que probablemente ha padecido el ruido mediático, como dicen ahora.

Es una novela para un público amplio, Vargas Llosa mezcla sabiamente los ingredientes, cada uno que escoja la parte que más le guste. Pero todos se preguntan, nos preguntamos, donde van a darse la mano las dos historias.

Nos espera "Sefarad", una novela de novelas, algo más complicadilla, sí...¡Qué locura de narradores!

Besos, Pedro.

Myriam dijo...

Me encantará volver a leer "Sefarad" de tu mano. Ya sabes cuánto me gustó.

Besos

Myriam dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paco Cuesta dijo...

Tal vez en el fondo también queda una denuncia al aplauso que ese tipo de periodismo recibe, y sin el cual no tendría futuro.
Un abrazo