domingo, 12 de abril de 2015

Francisco Ibáñez. El Mago del Humor


Ya lo he contado. Como muchos, yo me hice lector gracias a los tebeos. Para aquellos que accedan a este texto desde fuera de España, aclaro que así llamábamos por aquí a las revistas gráficas para niños y jóvenes que publicaban historietas y que ahora se conocen como cómics. Se conocían así por el éxito de una de las publicaciones pioneras: TBO (1917-1998).

Yo leía tebeos con pasión. Buena parte de mi propina semanal la ahorraba para gastármela en estas publicaciones. Recuerdo que TBO y Pulgarcito siempre fueron mis favoritas, pero en algunas etapas fueron sustituidas por Hazañas bélicas, El Jabato, El Capitán Trueno, Roberto Alcázar y Pedrín, etc. No distinguía yo, en aquellos años, los matices ideológicos que luego he podido apreciar en ellas y que han sido señalados por la crítica especializada. De joven vendrían los grandes títulos europeos y el salto a la historieta para adultos y durante un tiempo procuraba que no me vieran leer estas historietas por ese prurito de modernidad que nos entró a todos en los años ochenta, como si apreciar el nuevo formato de los cómics impidiera disfrutar de los otros, pero siempre recordaré aquellas revistillas de mi infancia de tan escasa calidad técnica pero tan ingeniosas, variadas y divertidas y que ocupaban buena parte de mi tarde de los domingos. Luego supe de las vicisitudes de los creadores de aquellos personajes, de las condiciones contractuales que les impedían ser dueños de sus propios personajes pero también de cómo gracias a aquellas empresas editoriales sobrevivieron buena parte de los mejores dibujantes europeos de historietas en tiempos difíciles como el franquismo. Sin aquellas revistas no hubiera sido posible la proliferación de revistas gráficas, fanzines, etc. del postfranquismo y tiempos de la movida cultural de los primeros años de democracia. Crearon un público nacional, formaron a generaciones de dibujantes y estructuraron una forma de entender la narrativa del género evolucionándolo con respecto a lo que ocurría antes.

De entre todo ellos, el más conocido, el que mayor fama nacional e internacional ha adquirido es Ibáñez. Sin duda, el mejor preparado para adaptarse a todos los cambios que han sucedido en la historieta infantil y familiar desde los años cincuenta del pasado siglo hasta ahora. Lo ha demostrado con la última entrega de su Mortadelo y Filemón, El tesorero, en la que satiriza la corrupción política de estos tiempos y que incluso ha sufrido cierta ridícula campaña de desinformación por los canales públicos manejados por el gobierno actual, directamente aludido de forma humorística en esa sátira. El resultado de su capacidad para adaptarse a estos tiempos es la venta de 10.000 ejemplares en un solo día en tiempos en los que vender una publicación en papel en España parece una heroicidad. Ibáñez aprendió su oficio a fuerza de trabajo. Posiblemente sea el más prolífico autor de historietas del mundo. Desde los años cincuenta no ha parado de crear personajes y ha sido uno de los impulsores de las trasformaciones en la forma de entender la historieta moderna en España. Su gran éxito ha sido, sin duda alguna, Mortadelo y Filemón, que nació como un encargo de la editorial para crear una pareja de detectives tontos que resolvieran los casos por casualidad, uno de los cuales debía usar disfraces. Inicialmente tenían su propia agencia pero en unos años pasaron a la T.I.A., una parodia explícita de la C.I.A. como ellos mismos lo eran de todos los detectives y agentes secretos de las novelas y películas de género.

Pero mi personaje favorito de Ibáñez siempre fue Rompetechos, en el que yo no he dejado de ver una acertadísima y tierna parodia de una forma de ser muy española. Rompetechos, bajito y calvo, gruñón y cabezota, no ve casi nada pero se niega tanto a graduarse correctamente la vista como a aceptar su propia deficiencia visual. Por eso no se para ante nada y a pesar de que confunde los rótulos de las tiendas y las funciones de los objetos o las profesiones de las personas, cree que está en la razón siempre y que el resto del mundo se empeña en contradecirlo como si se hubieran vuelto locas todas las personas. Esto provoca que insista más en su error y, a la manera de los grandes cómicos del cine mudo, lo que comienza con un error termina generando un caos universal allá por donde pasa.

Solo puedo decir que he disfrutado como un niño de la acertadísima exposición Francisco Ibáñez. El Mago del Humor (Sala municipal de exposiciones de la Iglesia de las Francesas de Valladolid, hasta el 31 de mayo), que recorre la biografía de Ibáñez vinculándola ejemplarmente a la evolución de la historieta española. Se percibe la mano sabia de su comisario, Antonio Guiral. Y no solo he disfrutado yo. La sala se ha llenado todos los días desde el inicio de esta exposición -que se montó para el Círculo de Bellas Artes de Madrid-, con un público de todas las edades en el que no faltaban los más jóvenes.

15 comentarios:

DORCA´S LIBRARY dijo...

Recordando aquí tus primeras lecturas, he recordado también las mías, que iban por el mismo derrotero.
A mí del TBO lo que me gustaba eran las historias de la Calle del Percebe nº 13 (el número no era casual porque allí parecía que nada salía bien).
En cada piso de ese edificio, había una historia. Y cada historia era un espejo donde se reflebaja la actualidad de aquellos años.
Qué ingenio la de esos creadores tanto en los dibujos como en los diálogos. Con su fina ironía, sabían esquivar la censura, y siempre "colaban" algún que otro mensaje subliminal.
Por lo que nos cuentas con las críticas que ha recibido ultimamente el señor Ibañez, los censores siguen de guardia. Él es lo suficientemente hábil para saber esquivarlos y para seguir deleitándonos con sus creaciones.
Saludos.

São dijo...

No conozco estas publicaciones, por supuesto, pero teniamos también otras que yo adoraba...

(Perdón pelos errores :) )

Besos , amigo mio

Rita Turza dijo...

Mis primeras lecturas también fueron los tebeos que mis padres coleccionaban desde Rompetechos, Carpanta,Pepe gotera y Otilio...junto a mis queridos Mortadelo y Filemón, luego llegaron los comics americanos y también me los leí todos desde el Capitán América pasando por los 4 fantásticos y Dan defensor.
Esta maravillosa entrada me ha recorrado mi infancia, la única pena no vivir más cerca de Valladolid para poder disfrutar como un ñiño de la exposición.

Gracias y mil besos.

Abejita de la Vega dijo...

Las revistas de Bruguera hicieron muchos lectores. Y fuimos comprendiendo el mundo adulto de su mano.
Tengo que leer ese último de Mortadelo...

José Núñez de Cela dijo...

Toda una referencia emocional (como se dice ahora) de una época. Cuantos nos iniciamos en la lectura gracias a él y continuamos aceptando la crítica y el humor con el tiempo.
Un artista como la copa de un pino en un arte considerado menor (?)... que le/nos quite/n lo bailao.

Saludos!

Edurne dijo...

¡Ay, me he puesto retro total!
Aquel TBO, con su Familia Ulises, Josechu el vasco, Don Melitón, Los grandes inventos del TBO, que me parecían... jajajaja!
Y después nuestros "tebeos" de siempre, con Zipi y Zape, Carpanta, Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte, Petra, criada para todo, Doña Urraca, Gordito Relleno, Anacleto, agente secreto, Las Hermenegilda, Rompetechos, Pepe Gotero y Otilio, chapuzas a domicilio... ¡Ayyy, qué tiempos aquellos en que devorábamos los tebeos en cualquier sitio!
Y me siguen gustando todavía... Yo creo que los que hemos sido lectores de tebeos, no hemos dejado de apreciarlos nunca.

Gracias por este recuerdo y vuelta a nuestra infancia!

Besos!
;)

Joselu dijo...

Yo me formé como lector del mismo modo que tú. Con aquellas mismas historias e historietas que mencionas. También mi recuerdo cálido y mi homenaje a aquel tiempo de los tebeos. Me gustaba Ibáñez, como no. Leí mucho de sus personajes. Y, por supuesto, Mortadelo y Filemón. Sin embargo, me ha pasado que tengo una especie de rechazo visceral a todo lo que conformó mi pasado durante la adolescencia hasta los veinte años tal vez. Y no me gusta revisitar lo que leía en aquel tiempo. Es una tontería. He oído entrevistas a Ibáñez en la Cadena Ser y me di cuenta de mi malestar, de mi cansancio de su figura, de su mundo, como si me fuera ajeno. Le empecé a oír y su optimismo a prueba de bomba me resultó cargante. Realmente es un hombre que da la impresión de ser ingenuo, y no me gusta demasiado. Eso sí, no dejo de ver que es una jugada magnífica eso de actualizar su saga con la historia del tesorero. No la compraré, pero le deseo que sea un éxito como parece que ya lo está siendo.

lichazul alqantar dijo...

por este lado del mapa ni idea de ese dibujante de comics
pero sin duda en todos los países existen quienes ofician este arte y son tan buenos pues reflejan cotidianidades en donde podemos vernos reflejados

buena semana Pedro
bss

pancho dijo...

Gastarse lo poco que tenías en los cuentos del Capitán Trueno y del Jabato metidos en un sobre era una ocupación habitual de los domingos. Los días de diario en la biblioteca del pueblo había que echarle mano a los libros desgastados de tanto uso de Asterix y Tin Tin, es de las primeros recuerdos de lectura que tengo en la memoria.
Después vinieron las Novelas del Oeste que comprábamos y cambiábamos por otras en el kiosco.
Se parecen los accesos a la lectura.

Ele Bergón dijo...

Creo que yo también me hice lectora a causa de los tebeos y eran unos cuentos de hadas los que más leía una y otra vez, sin olvidar a Francisco Ibañez, donde El Rompetechos y esa facilidad que tenía de confundirlo todo,me encantaba.Después mis hijos siguieron la afición y ahora, todos queremos leer El tesorero.

Debe ser muy interesante la exposición que comentas.

Un abrazo

Myriam dijo...

Yo los únicos tebeos que he leído, son los de Asterix (el galo que luchaba contra los romanos) en francés y Patoruzú, que era un indio argentino, que me acuerdo que le gustaba a mi abuelo materno. Me has recordado algo lindo de mi infancia. Gracias. Besos

Myriam dijo...

Yo los únicos tebeos que he leído, son los de Asterix (el galo que luchaba contra los romanos) en francés y Patoruzú, que era un indio argentino, que me acuerdo que le gustaba a mi abuelo materno. Me has recordado algo lindo de mi infancia. Gracias. Besos

Paco Cuesta dijo...

Me remito -para estar a tono- a la habanera de "La del manojo de rosas":
¡Que tiempos aquellos!
Afortunadamente aun tenemos ocasión.
Un abrazo

LA ZARZAMORA dijo...

¡Qué época aquella!
Y luego íbamos a la paraeta o al quiosco a canjearlos por otros... y así entre aquellos héroes, la calle, los cines de sesión continua, y los libros se nos pasaban las horas.

Besos, Pedro.

dafd dijo...

Jeje, la primera vez que hube de consultar un diccionario, fue ante una historieta de Mortadelo y Filemón. Con ellos, parece como si Ibáñez tratara de comprender su sociedad y los tiempos que le están tocando vivir.
Rompetechos me inspira una emocionante ternura. Va por ahí seguro de lo que hace, y no se arredra ante nada porque lo tiene clarísimo. Pero cuando, en las contadísimas ocasiones en que se da cuenta de su error, no duda en pedir disculpas. Rompetechos es grande.