jueves, 12 de febrero de 2015

Sobre literatura femenina para comenzar Entre visillos de Carmen Martín Gaite y noticias de nuestras lecturas.


Con Entre visillos de Carmen Martín Gaite, el Premio Nadal puso definitivamente en 1957 un debate en la realidad cultural española: ¿existe una literatura femenina? ¿Existe una forma de narrar diferente cuando el autor es un hombre o cuando es una mujer?

El Premio había comenzado su andadura en 1944, con Nada de Carmen Laforet (que hemos leído también en este curso). En años sucesivos se otorgó a Viento del Norte de Elena Quiroga (1950), Nosotros, los Rivero de Dolores Medio (1952), Siempre en capilla de Lluïsa Forrellad (1953). En 1969 se dio a Primera memoria de Ana María Matute. Curiosamente, tras provocar ese debate, no se volvería a otorgar a una mujer hasta 1981 (Cantiga de Agüero de Carmen Gómez Ojea). También se haría esperar el premio para Azul de Rosa Regás (1994) y a partir de ese momento es más regular: Lucía Etxebarria por Beatriz y los cuerpos celestes (1998), Ángela Vallvey por Los estados carenciales (2002), Maruja Torres por Esperadme en el cielo (2009), Clara Sánchez por Lo que esconde tu nombre (2010), Alicia Giménez Bartlett por Donde nadie te encuentre (2011) y Carmen Amoraga por La vida era eso (2014). Curiosamente, entre los finalistas solo hay seis nombres de mujeres.

Hoy el tema ha dado lugar a cientos de artículos, debates académicos, declaraciones provocativas en uno u otro sentido e incluso a un cierto hartazgo a la hora de abordarlo. De hecho, lleva años sin aparecer en los medios de comunicación y la mayoría de los que hacen declaraciones en este sentido -hombre o mujer- niegan las diferencias. Pero en aquellos años el debate sí estuvo en primera línea y, sobre todo, debido los fallos del jurado del Premio Nadal desde su inicio hasta 1969. El concedido a Carmen Martín Gaite fue la confirmación de que algo estaba ocurriendo en este sentido.

La creencia de que haya formas de narrar (o escribir poesía o teatro) diferentes entre hombres y mujeres es eso desde el punto de vista teórico: una creencia, no una realidad. No hay forma de distinguir entre lo que escribe una mujer y un hombre. Ni siquiera por el género en el que se expresa el poeta o el narrador. De hecho, hay manifestaciones literarias puestas en boca de mujer cuya voz femenina está seriamente cuestionada (por ejemplo, las jarchas), de la misma manera que muchos escritos de la Pardo Bazán no responden a la visión femenina tal y como se suele hacer.

Sin embargo, desde el punto de vista de la realidad social e histórica y de la oportunidad del planteamiento en algunos momentos concretos, no sucede así. En sociedades en los que los espacios públicos y las manifestaciones sociales se dividen tajantemente entre lo masculino y lo femenino, la aparición de la escritura realizada por mujeres aporta ángulos de visión a los que, por educación y costumbres sociales, no suele prestar atención el hombre. En algunos casos esto no es intencionado, sino producto de convenciones sociales, educación sentimental y roles tradicionales que no se cuestionan o no pueden cuestionarse y que en muchas ocasiones provocan formatos castradores a la hora de expresar las emociones o la ideología. Hasta el siglo XIX era frecuente que cuando una mujer escribía de temas tradicionalmente reservados en la sociedad para el hombre, se la denominara -como elogio- varona. No hay que decir que es un elogio que resta condición femenina a la escritora, por supuesto. Se era mucho más cruel con los hombres que escribían sobre las emociones de una manera convencionalmente femenina. Supóngase, además, el impacto de todo esto para la escritura de homosexuales o lesbianas que debieron durante siglos esconder su sexualidad y evitar ciertas maneras de escritura que pudieran significarlos.

En España se venía de una situación diferente Durante la II República, la igualdad de la mujer y el hombre en todos los campos había progresado mucho y en poco tiempo, aunque no se hubiera conseguido del todo en la práctica. En los años treinta apareció un nutrido grupo de científicas, profesionales de todo tipo y escritoras que ocuparon sin ningún rubor la primera fila de la cultura española. La Guerra civil y la dictadura de Franco terminó brutalmente con todo esto e implantó un modelo social en el que la mujer quedaba confinada a determinados espacios y su visibilidad cultural era muy difícil.

De ahí la trascendencia de que el Premio Nadal pusiera el acento, desde su primera convocatoria, en la literatura escrita por mujeres. Supongo que a estas alturas no seremos tan ingenuos de pensar que todo sucede de forma inocente. Aunque no se trate del Premio Planeta -el Nadal ha pasado recientemente a la órbita de Planeta y ha copiado los mismos modelos de actuación que la casa madre-, el Nadal optó por un tipo de literatura que apostaba por nombres nuevos y jóvenes y, especial y significativamente, por la literatura escrita por mujeres que planteaban precisamente eso, los problemas y circunstancias de las mujeres en la postguerra española. En la opción pesaría un poco de todo: innovación rupturista y valiente, cierta forma de oposición a la moralidad oficial del régimen, conciencia de que había que promocionar lo que en cultura estaban realizando las mujeres españolas cuya situación era peor para competir con lo que escribían los hombres y -por qué no- la búsqueda de un sector de público hasta entonces poco atendido por las editoriales de prestigio -el de la mujer que quiere leer novelas de calidad que le hablen de sus propios problemas y no reducirse a las novelas sentimentales de quiosco.

Con esto, el Premio Nadal no solo hacía justicia sino que promovía inteligentemente un tipo de escritura de mujeres novelistas que ponían encima de la mesa a través de sus obras una visión femenina que cuestionaba seriamente el papel reductor al que se la sometía sin que aparentemente fuera ese el objetivo de sus historias. La apuesta era inteligente: sin reivindicar directamente nada para no ofender al régimen, retratar la vida cotidiana desde la mirada de las mujeres que se veían constreñidas a unos espacios que, evidentemente, se les quedaban estrechos y así reivindicarse como mujeres y como escritoras en una época que las silenciaba si salían de su estrecho papel como esposas y madres. Y proponer unos textos que no eran solo de mujeres para mujeres sino de mujeres para la sociedad entera.

Noticias de nuestras lecturas


Mª Ángeles Merino nos da cuenta de cómo Rosita sigue asombrada de las novedades del tiempo. Pero me da a mí que esta mujer ya no puede volver al recato tradicional después de ver tanto ito...

Paco Cuesta cierra su comentario de los Usos amorosos abordando con todo acierto y vista uno de los núcleos de este ensayo: el uso de los términos. A través de la lengua se explican muchas cosas.



Pancho lleva a feliz término su locura de contarnos una locura sin término. De hecho, el loco acabó en el manicomio. No Pancho, sino este Quijote apócrifo, claro. Aunque prometía continuación...

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

5 comentarios:

pancho dijo...

Avellaneda sabe que Cervantes está escribiendo la segunda parte del Quijote y no puede dejar al protagonista principal encerrado en la celda de un manicomio de Toledo. Lo deja recuperado, con escudera nueva y descendencia ¿No se sugiere que era suya la criatura? Le lanza el guante de Bramidán para que la pluma brillante del creador primero del Quijote termine su historia.
Veintisiete entregas después termina el comentario, resumen o lo que sea. Si alguien quiere completarlo, leerlo, borrarlo o ignorarlo ahí queda para lo que sea menester. Si me hubieran dicho hace unos años que yo iba a ser capaz de hacer algo parecido, entonces sí que habríamos tenido que habilitar celda para alguien...
Muy interesante y de obligatoria lectura esta introducción a la literatura escrita por mujeres desde la posguerra.
Pardo Bazán, varona auténtica.
Nada se ha vuelto a saber de esas escritoras que citas ganadoras del Nadal de los años cincuenta. ¿Pasará lo mismo con las ganadoras actuales sesenta años más tarde?

Abejita de la Vega dijo...

No sé donde leí que al premio Nadal se le llegó a llamar premio Dedal, se menospreciaba todo lo femenino. Recuerdo algunas de las obras que citas, de algunas tuve el primer conocimiento a través de la televisión, en aquellas "novelas" que daban después de comer. Es el caso de "Entre visillos" y también de "Nosotros los Rivero" de Dolores Medio. No todas están olvidadas, Ana María Matute está bien presente.

"Entre visillos " refleja un ambiente provinciano muy familiar para una chica de Burgos nacida en 1957, el año del premio a Martín Gaite; aunque el provincianismo de los setenta era menos duro que el de los cincuenta. Luego nos tocó vivir la transición, somos las últimas jóvenes del franquismo.

Carmen Martín Gaite fue en su Salamanca una "chica rara" como Natalia, como Julia o como Elvira, sus tres personajes femeninos principales. Pienso que las tres tiene mucho de su creadora. Dicen, para los que la conocen bien, que Salamanca es muy reconocible, aunque no se diga su nombre. Pienso que es una Salamanca sin su ambiente universitario, o sea peor.

Guardo a Rosita de momento...¡Qué lectura colectiva tan estupenda tuvimos el día 10. Has de reconocer que "Usos amorosos del dieciocho en España" es un ensayo algo espesito, al ser una tesis hay demasiados ejemplos de lo mismo. La pude leer y comentar gracias a que se me cruzó...ella.

Nos ponemos con las de los visillos, es un mundo de mujeres condenadas a no tener una vida propia. Aceptan el papel tradicional o huyen...pero no hay ninguna como la Andrea de "Nada",con su vacío existencial. Será porque están mejor alimentadsa...tal vez Elvira...
Besos, Pedro.

Myriam dijo...

¡Cuando aprenderemos que hombres y mujeres somos complementaríos y no opuestos! Que inteligente la propuesta del Nadal, cuánto daño hizo la Dictadura pero también la Iglesia y que florecimiento el de las mujeres del 30. Cuánto hubiera ganado España sí la República no hubiera caído!!!

Besos

José Luis Ríos Gabás dijo...

He comenzado a leerlo y me está gustando, aunque llevo poco todavía. Hay tanta literatura que no conozco que todavía me asombro.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Entiendo que la literatura escrita por mujeres puede por diferencias de sensibilidad, concepto o abundar en otros enfoques, ser diferente, distinta a la escrita por hombres, ni mejor ni peor.