miércoles, 25 de febrero de 2015

Para saber de mí, de Antonio del Camino


Antonio del Camino (Talavera de la Reina, 1955) ha labrado una trayectoria poética quizá no muy conocida por el público puesto que por diversas razones ha pasado épocas de relativo silencio en las que sus poemarios veían la luz en lo que él ha llamado ediciones de amigo, con pequeñas tiradas de confección artesanal que distribuía entre amigos. Por eso, aparte de figurar en diversas antologías, su libro más conocido es Del verbo y la penumbra con el que obtuvo el accésit del Premio Adonáis en 1984. Desde hace unos años mantiene un recomendable blog, Verbo y penumbra.

Reaparece ahora en una muy cuidada edición de la colección Libros del Consuelo (lf ediciones, 2015) con Para saber de mí. Su editor, Luis Felipe Comendador, es a la vez el autor de la ilustración de portada, que cobra todo el significado con la referida anécdota de las ediciones de amigo pero que, a la vez, interpreta con tino lo que significa este poemario. Para saber de mí es una reflexión sobre la esencia misma de la labor de escritura, de la confección de la obra -artesanal, diaria, llena de todos los ecos de la vida- que nos ayuda a comprender mejor al poeta pero que, sobre todo, es una forma de autoconocimiento del propio autor, que se explica a sí mismo en esa búsqueda de la expresión poética.

Es acertada esa idea de que la escritura nos explica y este es el eje del último poemario de Antonio del Camino, desde el Pórtico hasta la Anotación final. Escribir es parte del ejercicio diario de aprendizaje de uno mismo. El poema con el que se abre el libro, Tras un largo silencio, afirma ese voluntario caminar para saciar la sed de encontrar noticias de uno mismo, perdido en el tiempo anterior en el que se había olvidado "del balsámico azar de la escritura":

Hoy, sin embargo, mi caligrafía
insiste en adentrarse en los rincones
silentes de la sed. Así decido
traspasar el umbral de las palabras
y caminar, 
                 para saber de mí.

El resultado de esa indigación es el mismo poemario, que vemos construirse delante de nuestros ojos. Nos permite Antonio del Camino tener la sensación, como lectores, de asistir a todo ese proceso de búsqueda de uno mismo dividido en etapas -temáticas, más que cronológicas-: Vivir en las palabras (toda una proclama de intenciones este título), Al paso de los días (en el que el azar de lo cotidiano, la proximidad y constancia de los amigos, de los recuerdos familiares como el que dedica a su padre, permiten conjurar todos los tiempos en presente, melancolía y utopía unidas) e Invierno derrotado (dedicado a su compañera, Carmen, que es parte de ese descubrimiento de sí mismo a lo largo de los años y las palabras puesto que el amor aparece como una forma de apuntalamiento personal frente al tiempo y una razón de escritura: "En medio de la noche tú y la sed / sois todo cuanto tengo").

Para saber de mí trascurre sin sobresaltos ni trucos: no los busca el poeta. Aunque a veces puede aparecer un tono más ligero en poemas dedicados a circunstancias y amigos, todo el poemario tiene un cierto aire machadiano tanto en la intención como en la forma (Antonio del Camino domina la silva y el alejandrino con total naturalidad), que ayuda a la lectura, como si el poeta fuera contándonos de viva voz su descubrimiento sobre sí mismo que, por la universalidad de lo que cuenta -precisamente por ser su propia emoción ante el trascurrir del tiempo y el hallazgo de la forma poética para expresarlo-, también nos atañe personalmente puesto que su aprendizaje es también, en gran medida, el nuestro:

De entre todas las cosas que la vida me dio
me quedo con aquellas que no pueden comprarse:
el amor de los míos, la amistad prolongada
de quienes algún día solo fueron extraños,
la niebla entre los parques alimentando historias,
el alma del membrillo, el sabor de sus besos

Hay, como no podía ser de otra manera dado el tema, homenajes a los libros (Libros hospitalarios), a la poesía misma como forma de hallar las respuestas (Busco en las palabras / alguna salida), con la conciencia de que toda búsqueda es, en realidad, la conciencia de un fracaso que el poeta nos dice muy cerca de Bécquer:

Por un solo poema que salvase
mis palabras escritas a destiempo,
tanto verso vacío, tanta máscara
presente en los cuadernos;
por un solo poema que expresara
con precisión aquello que no entiendo,
no sé lo que daría.
                               Quizá todo
lo que cabe en el cofre del silencio.

Y al final se logra llegar a ese pacto personal a través de la escritura en la que todo se junta durante un momento. Un momento tan solo porque en el instante que se pone el punto final todo comienza de nuevo:

Hoy mi imagen coincide en el espejo
con la que el tiempo alienta y me arrebata.

Una oportuna vuelta de Antonio del Camino al público aficionado a la poesía, que tiene, además, una intención generosa puesto que una parte sustancial de la edición se dedica a los fines solidarios de SBQ.

4 comentarios:

Antonio del Camino dijo...

No puedo tener sino palabras de gratitud a esta generosa disección de "Para saber de mí". Comentarios así le animan a uno a seguir en la escritura. Muchas gracias, de verdad.

Un abrazo.

Antonio del Camino dijo...

Se me pasaba, Pedro: con tu permiso, lo comparto en mi muro de Facebook. Gracias.

Rita Turza dijo...

Gracias Pedro, que gran descubrimiento.

Besos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Me ha parecido interesantísimo, investigaré más. Muchas gracias y un abrazo.