jueves, 5 de febrero de 2015

La mujer en los Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite, noticias de nuestras lecturas, comienzo de Entre visillos y aviso del viaje a Tánger.


El estudio de Martín Gaite se titulaba, en su origen, Lengua y estilo amorosos en el siglo XVIII español. Partía de la filología para desentrañar en los textos algunas claves y costumbres de las relaciones sentimentales de aquella época. No deberíamos olvidar este punto de partida. En el siglo XVIII se desarrollan las nuevas ideas que se encuentran en nuestra concepción moderna de la vida, en política pero también en las relaciones interpersonales. La nueva posición de la mujer en estas es una de las claves más importantes que nosotros hemos heredado. La mujer consigue alcanzar su condición de individuo pleno. Aún tardará siglos en obtener todos los derechos en occidente -y aún no los ha obtenido en todo el mundo-, pero será en este siglo en el que se desarrolla la idea. Y con la idea viene la lucha por el desarrollo día a día de esa nueva posición que la situará no bajo la dependencia del hombre, sino a su altura. Aunque pueda parecer que Martín Gaite se centra en una costumbre un tanto frívola -la del cortejo- que aparece en España como moda afrancesada, se trata de otra cosa. La moda revelaba que las cosas cambiaban, que la mujer ya no estaba dispuesta a quedarse oculta en casa y a no manifestar sus necesidades, incluso las más banales.

Evidentemente, todo tiene sus precedentes. En el siglo XVII, una escritora española, María de Zayas, consiguió éxito en Europa -inusitado para una mujer escritora en aquellos tiempos- gracias a un puñado de novelitas que, aparte de estar bien escritas y mostrar argumentos interesantes, proponían debates de salón sobre temas amorosos en los que participaban por igual hombres y mujeres jóvenes, lo que, con toda seguridad, remitía a una costumbre del momento y la fomentaba. Aunque todavía se trataba de un juego que se desarrollaba solo en el ámbito doméstico, era una brecha en la visión oficial sobre la mujer.

Lo que estudia Martín Gaite es más amplio: un fenómeno que se inicia en el ámbito doméstico pero también tiene su repercusión pública y social y, sobre todo, pone de relieve que las cosas cambian: las mujeres tienen derecho a amar, a mostrarse en público y a elegir sus relaciones sentimentales libremente. En esto no estuvieron solas. Un buen puñado de pensadores y escritores españoles secundaron las ideas que procedían, sobre todo, de Francia, pero que también tenían precedentes españoles. Estos escritores lo manifestaron en sus obras, especialmente en el teatro, que se convirtió en el escenario de un combate ideológico. El sí de las niñas, de Moratín, que comentamos el curso pasado, es un buen ejemplo de ello. Y no olvidemos que la literatura era, por entonces, el lugar en el que se educaban sentimentalmente gran parte de los jóvenes europeos.

Noticias de nuestras lecturas

El próximo martes día 10, en el horario y lugar habituales, tendremos la reunión del Club de lectura en su formato presencial para comentar Usos amorosos del dieciocho en España de Carmen Martín Gaite.

Un útil trabajo el de Gelu en su segunda entrada: pone de relieve la intención de la autora en este ensayo al centrarse en la mujer como tema.

Paco Cuesta señala la posición central de un tema esencial en este ensayo pero también en aquella época que estudia, el siglo XVIII: la imitación por parte de la aristocracia de las clases populares y cómo estas someten a crítica a los poderosos.

Luz del Olmo pone su atención en un fenómeno relacionado sin duda con la lectura de este ensayo: la voz de las mujeres que escribieron en el siglo XVIII.

Rosita sigue dando material a Mª Ángeles Merino en sus entradas sobre este ensayo. Aquí, aborda la razón esencial: la posición de la mujer y su acceso a la educación. Cuánta razón.


Hasta Eliseo Parra nos lleva Pancho tras comentar con todo acierto uno de los pasajes más interesantes de Avellaneda: cómo abandona Sancho a su amo. Cumple como su personaje y así el autor comienza a cerrar la novela por donde mejor le conviene a sus intereses ideológicos.

Ya sabéis que recojo en estas noticias las entradas que hayáis publicado hasta el miércoles anterior. Si me he olvidado de alguna, os agradezco que me lo comuniquéis.

Próxima lectura: Entre visillos, de Carmen Martín Gaite



Nos habrá resultado muy útil haber leído los Usos amorosos del dieciocho en España para comprender mejor una obra anterior de Carmen Martín Gaite, la que lanzó su fama literaria y la situó en el mostrador de la narrativa más importante de la literatura española de postguerra. Entre visillos (Premio Nadal, 1957) nos ocupará las próximas semanas en el Club de lectura. Comenzaremos el próximo jueves.

Viaje a Tánger


Como sabéis, el final del curso del Club de lectura nos llevará a Tánger con la que haremos de las Crónicas periodísticas de la guerra de África de Núñez de Arce, uno de los primeros cronistas de guerra de la historia del periodismo español. No solo con las palabras. A través de la Asociación de Antiguos Alumnos y Amigos de la Universidad de Burgos, que sostiene el formato presencial de nuestro club, organizamos un viaje a esta ciudad para buscar en ella los pasajes literarios -y los no literarios, claro, que no solo de libros se vive-, que tendrá lugar del 26 al 30 de junio. Quien desee apuntarse, que me envíe un correo privado. Quedan pocas plazas libres.

Podéis consultar el listado con los títulos del presente curso y las condiciones de participación en este enlace.

5 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

Lo del viaje a Tánger es un acierto, sin duda. Lástima no poder ir, ya me gustaría. No he leído el último libro del Club de Lectura (he leído, en parte por cortesía, "Una música constante" de Vikram Seth, que es probable que tu hija encuentre interesante, como yo, de hecho lo es, sobre todo para músicos aunque no solo) pero me reengancho con el de ahora, así que vamos a disfrutar.
Espero y deseo que la nieve no os cause muchas molestias, aunque son inevitables, esa es la gracia.

Un abrazo

poemas lichazul dijo...

bien por tu quehacer Pedro
por tus lectores virtual o presencial
toda una invitación a sumarse a su seguimiento
yo la verdad no he leído nada de esos libros o autores, he leído este último tiempo a autores de Blog , escritores que si bien no van en papel sus trabajos son tan meritorios como tus sugerencias lectoras


besitos

pancho dijo...

Pocas novelas habrá que contengan entre sus páginas la emotividad de los últimos capítulos del Quijote de Cervantes, desde su derrota al lado del mar. Pero no olvidemos que fue escrito después del apócrifo, por lo tanto, no puede descartarse que Cervantes se vaciara en esos capítulos para darle la carga de afecto que se echa de menos en Avellaneda. Ni siquiera se despiden uno de otro antes del internamiento, aunque después se diga que Sancho le diera dinero para sus aventuras posteriores por tierras de Castilla la Vieja.
A Eliseo Parra lo descubrí en los Dialogos 3 de Ramón Trecet, después lo he escuchado bastante tanto en directo como en disco. Estas seguidillas son perfectas para ilustrar la alegría de Sancho en su vuelta a la labor.

Cómo no haber leído "Entre visillos",cualquier salmantino lo ha hecho, otra cosa es escribir sobre la novela.

Llegó la nieve por el norte de Castilla, supongo que ya te habrás estrenado por este año con el tiro de nieve. Por aquí no la hemos visto.

Abejita de la Vega dijo...

La mujer comienza a ser considerada como ser humano pleno, tantos siglos para darse cuenta, gran descubrimiento. ¡Somos pieza completa! ¡Con derechos individuales!

Muy tímidamente, lo del cortejo es para unas pocas privilegiadas.

El gran Rousseau predicó para el niño Emilio una educación en libertad, no para la niña Sofía. ¡Para ella sujeción y disciplina!

Rosita me ha guiado a través del ensayo de Carmen Martín Gaite. Y ya ves que siempre tropezamos con la misma piedra: educación, educación, educación. Me da pena dejarla, tal vez saque a la luz alguna carta más. Sin olvidarme de las de los visillos que piden paso ahora.

Besos, Pedro.

Paco Cuesta dijo...

La evolución social que tan normal hoy nos parece, efectivamente necesita siglos para realizarse. Como si de la de las especies se tratase. Tal vez sea así.