sábado, 21 de febrero de 2015

Alguien te contempla mientras pasas


Ver llover desde una cafetería tiene mucho de ejercicio melancólico. Contemplas a las personas que pasan por delante como si tuvieras que asignarles un destino. Asistes a fragmentos de vidas que huyen de la tormenta y se apresuran a resguardarse en un futuro que para ti no existe. Cuando escampa, apuras tu café, abonas la cuenta y sales a pisar nubes lentamente, en las avenidas invertidas por la lluvia. Alguien te contempla mientras pasas.

16 comentarios:

Alicia Montero dijo...

me he pillado muchas veces en esta situación observando, estando disociada. Y claro que "suceden" cosas desde el observador como del observado.
Interesante propuesta Pedro...

beso,

Ali

Abejita de la Vega dijo...

Es ojo porque te ve.

Emilio Manuel dijo...

Vivimos en una sociedad en la que miramos pero no vemos.

Saludos.

Kety dijo...

A esa observación personal que unos a otros nos hacemos, hay que añadir las cámaras instaladas por todas partes.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Muchos cafés de muchas mañanas -si lo tomas solo- son en cierto modo una vuelta a la melancolía, o a ese espacio en el que no sabes si piensas o no. La compañía es: el murmullo.

La seña Carmen dijo...

Me encanta sentarme junto a los ventanales de las cafeterías, lo malo es que rara vez pillo sitio.

Anabel Rodríguez dijo...

No se puede mirar y no ser mirado. Siempre hay alguien observando, leyendo, atendiendo... besazos

Edurne dijo...

Son retales de vida que a veces no nos pertenecen, pero que, en un momento determinado, ése, el de mirar y ser mirado, coincidimos y compartimos.
Es como magia.

Besos lluviosos.
;)

Estrella dijo...

Cuánta melancolía trae esa lluvia de detrás del cristal de una cafetería.

Pamisola dijo...

Es cierto que siempre hay alguien que nos observa, aunque a veces también parezca todo lo contrario.

Besos.

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

La fotografía me ha recordado historias de personas que envían y esperan cartas. Y he imaginado a Saint-Exupéry volando en la avioneta, y a Edelgard advirtiendo a José Fernández-Arroyo de que podía haber problemas y retrasos con el correo, ...
Y cómo resolvía el tema de ‘El cartero malo’ el niño del relato de Tagore.

Abrazo

Ele Bergón dijo...

Es muy curioso y humano este juego de observaciones de los unos a los otros. Está dentro del juego de la vida y debía hacernos reflexionar.

Besos

Luz

José Luis Ríos Gabás dijo...

Miramos y nos miran, claro, somos seres sociales, por encima de otras cosas.

Un abrazo

lichazul alqantar dijo...

me gusta ver llover
"perder el tiempo " así es una delicia
casi un lujo en estos tiempos


besitos

dafd dijo...

Nunca me imaginé ser parte de un teatro vivo y, menos aún, ser protagonista de mi propia representación para otros. Espero no me abucheen.

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Ha pasado un año, y no recordaba lo que había comentado entonces. Pero, hoy, al volver a ver la fotografía-, y con la fachada del Edificio de Correos, he pensado en Antonio José, y en la imagen que lo mostraba caminando con paso ligero, seguramente para enviar alguna de sus cartas o partituras musicales, y vestido con su abrigo de cuero.
Y he seguido, con el escrito -que tengo entre manos- del músico burgalés, y que había interrumpido al ver -rescatado en Facebook- el post de La acequia.

Un abrazo