viernes, 9 de enero de 2015

Hace tres años me quité el reloj


Hace tres años me quité el reloj de pulsera. No fue un gesto heroico ni desesperado ni trascendente. Al quitarte el reloj de pulsera descubres que nuestro entorno está lleno de relojes: las calles, los ordenadores, los móviles, los automóviles, el autobús, las marquesinas, las aulas en las que doy clase, los luminosos de muchos establecimientos, las cafeterías. A veces marcan horas contradictorias y puedes tener la ilusión, al doblar la esquina, de viajar en el tiempo: llegar antes al futuro o volver a tener la oportunidad de vivir esa hora en la que acabas de cometer un error con una persona a la que quieres o poder repetir mejor la explicación sobre la vanguardia literaria que te quedó un poco espesa.

No fue tampoco algo muy meditado. Había oído que quien se quita durante un tiempo el reloj de pulsera no vuelve a ponérselo. En mi caso es cierto. No he vuelto a ponerme reloj excepto cuando hago deporte y en estos casos uso uno de plástico, un modelo de Casio que lleva décadas en el mercado, sin más aplicaciones que las básicas y solo compruebo el cronómetro al final del ejercicio. Cualquier otro reloj me molesta en la muñeca.

Al mes, una amiga a la que hace tiempo que no veía me señaló que había perdido un hábito inconsciente de los tiempos en los que llevaba reloj: ya no miraba compulsivamente mi muñeca cada diez minutos. Ni siquiera miraba el reloj del teléfono móvil. Me quedé mirándola a los ojos sorprendido de mi anterior necesidad de saber la hora. Supongo que porque quería controlar cada fragmento de mi día para no perder el tiempo.

Curiosamente, desde que me he quitado el reloj hago tantas o más cosas que antes, sigo viajando, quedando con los amigos, acudiendo a compromisos sociales o de trabajo, cumpliendo mis 50 minutos de hora de clase. Y no tengo la misma sensación de que si no controlo el tiempo lo pierdo. He descubierto que sin reloj de pulsera cuando estoy tomando un café con un amigo, aunque este tiempo dure lo mismo que cuando tenía reloj, la vivencia me resulta más gratificante porque estoy siempre con él y nunca pienso en que llega el tiempo de despedirme.

Me ocurre otra cosa, además. Al principio comprobaba la hora en cualquiera de los relojes que siempre hay a la vista. Ya no. No sé si mi cerebro se ha adaptado a medir el tiempo por su cuenta con la ayuda de los elementos de siempre: la luz, el ritmo biológico, los hábitos de la gente. Lo que sí sé es que me he librado de muchas urgencias y he ganado en tranquilidad. Y que miro más a los ojos de las personas que están conmigo y a todo lo que me rodea. Y desde que me quité el reloj siento que dispongo de más tiempo para perderlo como quiera.

11 comentarios:

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Jamás he llevado reloj. Mi mamá me regaló uno para los doce y jamás lo usé... una decisión de la que nunca me arrepentí.
=)

Rita Turza dijo...

Que bonito post y cuanta razón tienes, vivimos presos del tiempo, siempre corriendo y con miedo a perderlo y así no lo disfrutamos.

Lo pondré en practica una temporada.

Besos.

María dijo...

Yo llevo reloj pero... te puedes creer que nunca miro la hora y si quiero saberla y hay alguien conmigo lo pregunto? Soy un caso jaja.

Un beso.

Alicia Montero dijo...

Me creerás que lo uso mas como un accesorio que por controlar el tiempo?
Como tengo consulta y el tiempo SI vale en esos momentos, de secretaría me avisan ;-)
Me gusta este accesorio como tambien alguna que otra pulsera...sólo como éso!!
Genial cómo describes esta entrada!
besos

Ali

Myriam dijo...

"Hay de todo (casi)" me gustó el cartel y el pueblito se ve realmente encantador.

Besos

Abejita de la Vega dijo...

Pero aunque te quites el de la muñeca hay muchos otros, y está el móvil, el gran tirano.

Tal vez desaparezcan en un corto plazo los relojes de pulsera y corran la suerte de los relojes despertadores.

Porque a ver ¿quién tiene hoy en día un despertador? No lo venden ni siquiera en esa tienda que tienen de to.

Besos, cuidado con las alturas.

Edurne dijo...

Pues me gustan los relojes, pero no como medidores de tiempo.
Yo ahora, desde hace un año solo uso un reloj, el de mi padre. No he vuelto a ponerme ninguno de los míos.
Pero mira que tienes razón en lo que nos cuentas...
Acabo de mirar la hora, pero solo ahora, por curiosidad: las dos menos veinte. Tendría que estar en la cama, pero no, estoy sentada en el sofá viendo la tele..
Es un decir porque ne quedo dormida cada dos por tres. Pero no miro el reloj.
Tal vez fuéramos más felices son él!
Besos a deshoras.
;)

Emilio Manuel dijo...

La foto, me suena a una calle del Albaycin, sea o no, pasear por sus calles es no correr el tiempo.

Saludos

Ele Bergón dijo...

Nunca me gustaron los relojes de pulsera y recuerdo que las personas cercanas a mi, se empeñaban en regalármelos, después al no vérmelos, puestos, se mosqueaban. De esto hace ya mucho tiempo. Después, cuando tuve que dar clase y no tenía móvil, no tuve más remedio que ponérmelo para controlar un poco el tiempo, pero me lo quitaba en cuanto salía por la puerta.

Durante este tiempo, aprendí a saber qué hora era sin necesidad de llevar reloj y cuando me preguntaban por la hora, más o menos acertaba.Me gustaba estar sin medir el tiempo.

Ahora, tengo reloj, como todos, en el móvil y he perdido ya esa facultad de saber qué hora es sin necesidad de mirar un reloj.

Besos

LA ZARZAMORA dijo...

Y yo unos cuantos más...
Pero y lo bien qué se siente uno,eh? No tiene... horas.
;)

Besos, Pedro.

Paco Cuesta dijo...

Creo que mirar el reloj es un acto reflejo, de costumbre, que en cierto modo nos esclaviza. Estoy de acuerdo.