sábado, 22 de noviembre de 2014

La importancia del patrimonio civil. El viaje de las aguas de las Arcas Reales de Valladolid

Arca número 1, levantada en 1589. Los escudos son de la Corona y de la ciudad de Valladolid. La leyenda de la parte superior dice: "REINANDO LA MAGESTAD DEL REI DON PHILLIPE II NUESTRO SEÑOR ACABO ESTA ARCA. VALLADOLID SIENDO CORREGIDOR DELLA DON GARCIA BUSTO. AÑO DE 1589". El deterioro de la escalinata es evidente.

Estos días documento algunos lugares que me interesan por varias razones y salgo casi siempre preocupado del estado en el que se conserva nuestro patrimonio. No es solo que la crisis económica haya paralizado proyectos o que la gran variedad, calidad y cantidad de nuestro patrimonio haga difícil su consolidación, mantenimiento y puesta en valor. Es algo más puesto que muchos de los males que afectan a esta cuestión ocurrían también en la época de bonanza, cuando se derrochaba dinero en cualquier cosa, cuando todo merecía el calificativo de cultura -hasta las fiestas cuya principal actividad era el botellón- y se gastaban fortunas en obras de arquitectos que han terminado arruinando a instituciones públicas, ciudades y comunidades enteras. Y hoy, en crisis económica, se sigue apostando por otras cuestiones antes que por esta. Y no me refiero, como se puede entender, a las necesidades básicas de los menos favorecidos ni los servicios sociales.

En primer lugar, siempre ha sido difícil convencer a un concejal o a un alcalde para que invierta en patrimonio antes que en festejos o actividades promocionales. Sorprendería ver las cifras destinadas a ferias de pinchos o gastronómicas comparándolas con las destinadas al cuidado de nuestro pasado. El patrimonio nunca ha dado tantos votos como una buena jarana pública con decibelios, parrillas grasientas y vino en vasos de plástico.

En segundo lugar, nunca se han preocupado de verdad nuestros responsables políticos en lanzar una campaña de educación ciudadana que extienda el valor de la conservación del patrimonio heredado. En España se han hecho barbaridades, auténticos delitos patrimoniales, pagadas por las instituciones públicas. Y casi nunca es posible la marcha atrás en estas cuestiones. La falta de una educación extensa en estas materias trae como consecuencia que la mayoría de las personas no valoren los monumentos del pasado. Quizá sí las grandes obras, esas que no necesitan la evidencia de su importancia: una Catedral, un puente romano en uso todavía, el Acueducto de Segovia. A veces solo porque son notables las repercusiones económicas a través del turismo.

Pero en España contamos con miles de monumentos abandonados a su suerte: ermitas, monumentos megalíticos... Y el abandono es llamativo no tanto en el patrimonio religioso como en el patrimonio civil. Se han dejado caer o derribar antiguas lonjas, mercados, fábricas de todo tipo, ingenios industriales que recuerdan que España también tuvo un pasado de innovaciones en este sentido.

He paseado uno de estos lugares que deberían figurar en todas las guías turísticas de interés. El viaje de las aguas desde el pago de Argales hasta la ciudad de Valladolid fue uno de los proyectos de ingeniera hidráulica más importantes concebidos en Europa en el siglo XVI. Se iniciaron las obras en 1586 pero los problemas de financiación y las dificultades técnicas impidieron que se terminara hasta 1622, aunque con posterioridad fue ampliándose la red, que estuvo en servicio hasta el siglo XX (en 1974 se declararon las aguas no potables).

Valladolid, a pesar de tener dos ríos que la atravesaban (el Pisuerga y el Esgueva, este con varios ramales en su trayecto final) y multitud de pozos y manantiales, tenía serios problemas para el abastecimiento de aguas de calidad. El Esgueva, con sus inundaciones, su fuerte período de estiaje en verano y la costumbre de servir de lugar para el vertido de todas las basuras urbanas, pronto demostró ser insalubre y causa de malos olores y enfermedades. El rey Juan II de Castilla, muy vinculado a la ciudad, donó en 1440 a los monjes del monasterio de San Benito el pago de Argales, en donde se encontraban varios manantiales famosos por la pureza de sus aguas (las Marinas y Argales). Los monjes construyeron una primitiva tubería de barro cocido que recorría los seis quilómetros desde el manantial hasta su monasterio, uno de los más importantes de la Corte. La conducción, terminada en 1443, demostró ser insuficiente -no elevaron las aguas como se conseguiría con las arcas y el caudal era muy irregular- y necesitaba continuas y costosas obras de mantemiento a las que no podían hacer frente. Esto, sumado a las necesidad de agua potable de la ciudad, llevó en 1586 a un acuerdo de cesión al Ayuntamiento de la traída de las aguas desde Argales hasta el centro de la ciudad, con la condición de que también se abasteciera al monasterio.

El proyecto presentaba una gran dificultad no tanto por la longitud como por el mínimo desnivel que existe entre los manantiales y la ciudad. Lo acometió Juan de Herrera, el gran arquitecto del momento, que contaba con la protección de Felipe II, quien amparó e impulsó la obra. Por aquellos tiempos, Herrera había comenzado los trabajos de la Catedral de la ciudad. Llamado por Felipe II para levantar El Escorial, las obras las ejecutaron inicialmente Juan de Nates y Diego de Praves: 32 arcas que servían para recoger el agua de los manantiales y canalizarla de tal manera que la filtraban y controlaban su caudal, salvando el desnivel del terreno (de todas ellas solo se conservan 9 reconocibles y restos de otras cinco), el acueducto (en su primer tramo aéreo, luego enterrado) y ocho fuentes de las que se abastecerían los aguadores, que tenían licencia municipal para venderla trasportándola en carros, mulas o burros por las calles.

Todo aquello supuso un enorme esfuerzo de técnicos especializados en el tratamiento del agua, su captura y conducción y la inversión de fuertes sumas municipales para ejecutar unas obras necesarias para el abastecimiento urbano. Y el fruto fue un agua alabada por su calidad para el consumo desde el siglo XVI hasta el siglo XX.

Es fácil de seguir el viaje de las aguas: basta con tomar un plano de la ciudad y buscar la calle del Arca Real y seguir la línea que iba recogiendo las aguas de los manantiales hasta las fuentes urbanas para terminar en San Benito. La primera de las arcas, la más monumental, se levanta fuera del caso urbano, en un espacio que todos los que tenemos cierta edad recordamos como merendero y lugar de esparcimiento y que las familias maltrataban depositando desperdicios, lavando vehículos o dejando que los niños y jóvenes destrozaran las piedras del acueducto aéreo. En los años noventa del pasado siglo, tras su declaración como Monumento nacional histórico-artístico por Real Decreto del 2 de abril de 1982, el Ayuntamiento hizo un esfuerzo por la consolidación de todo el lugar. Fue, como muchos, un espejismo, un empujón circunstancial que no tuvo continuidad ni se puso en verdadero valor para que se apreciara como merece: es llamativo que no exista ni un solo cartel explicativo de lo que se puede apreciar, ni un solo mapa ni una sola indicación de su importancia histórica. Tras acabar la limpieza y consolidación, se abandonó y en pocos años el deterioro es evidente: la basura se almacena dentro de las arcas, la vegetación se come algunas de ellas, las pintadas ensucian las paredes, han desaparecido algunas piedras, de las primitivas fuentes apenas queda el recuerdo, etc. 

Es triste que no valoremos nuestro patrimonio. Sobre todo aquel por el que parece no velar nadie: el que nos habla de los esfuerzos técnicos de un país que nunca se han distinguido en promocionar el valor de sus científicos, ingenieros e industriales. Este patrimonio merece tanto esfuerzo como el artístico. Si no nos lo creemos, nos estamos definiendo como país. Un país que parece descubrir que existe la ciencia y la técnica una vez cada siglo. Así nos va.






Las diferentes fachadas del Arca 1 


Restos del acueducto aéreo que conducía las aguas entre las dos primeras arcas. 


Arqueta entre las dos primera arcas. 









Arcas conservadas. Faltan en el reportaje las que se encuentran en la zona de Zambrana, de acceso no muy seguro y en lamentable estado. En las fotografiadas puede observarse el preocupante estado del conjunto: vegetación que las cubre, techumbres caídas, abandono, suciedad y pintadas de todo tipo. 


Fuente de la calle de la Estación en la que se conservan trazas de la antigua Arca. 


Lugar en el que se levantaba una de las fuentes con las aguas de Argales en uno de los barrios populosos del casco antiguo de Valladolid, que dio nombre a la plaza: Plaza del Caño Argales.


Actual fuente  de la Plaza de la Fuente Dorada, uno de los principales lugares de abastecimiento de agua para los aguadores de la ciudad. El nombre primitivo de la plaza era el de Gallinería Vieja y era el centro comercial de Valladolid. Parece ser que la primitiva fuente estaba rematada con una bola dorada, que fue desmantelada en el siglo XVIII. A pesar de eso, el nombre permaneció en la memoria de los habitantes.


Actual fuente de la Plaza de la Rinconada, detrás del edificio del Ayuntamiento. En este lugar estaba una de las primeras fuentes construidas para las aguas de Argales. Al fondo, el antiguo monasterio de San Benito, final del trayecto de la canalización de las aguas de Argales.

11 comentarios:

pancho dijo...

Muy interesante y pedagógico el relato de la lucha por el agua en tu ciudad a lo largo de los siglos.
Pocos sitios debe haber en los que se haya trabajado tanto para hacerse con el agua como en la España seca de los veranos interminables que agotan los manantiales y los ríos.
Qué ceguera tienen al no conservar estas cosas de las generaciones pasadas. Lo que costó construir décadas, se degrada y deteriora sin que a nadie le preocupe, sobre todo si está alejado de los centros turísticos.
Excelente forma de advertir y llamar la atención de quién corresponda. Que ponga remedio.

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Cómo molesta ver los destrozos en lo que ha representado tanto esfuerzo conseguir, y que debiera constituir un orgullo.
En fin.

Abrazos.

Pamisola dijo...

Una buena ración de historia. Curiosa e interesante historia, que sería bueno conservar. Ahora todo parece tan fácil.


Besos

Abejita de la Vega dijo...

Los grafiteros no quieren saber historia.

mojadopapel dijo...

Buen trabajo Pedro!.. muy interesante, tanto en la recopilación histórica sobre las aguas, como en la denuncia de destrucción de patrimonio histórico incesante que nos tiene acostumbrados estos tiempos...Hace años, cuando la asignatura de Hª del Arte dejó de ser principal para convertirse en secundaria e incluso desaparecer incluida dentro de la Formación Humanística se avecinaba el desastre que esa falta de conocimiento cultural artístico iba a suponer en la educación de nuestros jóvenes y la falta de interés por todo tipo de monumentos tanto principales como de menor interés ....es una pena pero somos culpables de esta dejadez nuestra por no haberlo denunciado a tiempo, esperemos que cunda el ejemplo y artículos como el tuyo sirvan para remediar algo esta incultura artística que padecemos.

virgi dijo...

Qué interesante y a la par qué pena que un proyecto de esa envergadura se vaya deteriorando.
Es lo que hay, apreciado Pedro, entre autoridades sin interés y gente sin educación.

Rafael dijo...

Excelente trabajo y precisa denuncia de esta parte de nuestro Patrimonio. Felicidades.
Un abrazo.

XuanRata dijo...

Veo que estas haciendo un trabajo que va más allá del simple relato histórico o del lamento por lo perdido. Ojalá se transformen tus palabras y tus imágenes en un proyecto real de recuperación. Seguro que por ti no va a quedar.

Un abrazo.

Neogéminis Mónica Frau dijo...

Qué triste que todo eso se arruine debido a la desidia y a la falta de educación.
=(

poemas lichazul dijo...

acá también el grafiteo es constante
no importa si es arte o no
la cosa es la raya y el color
y una que otra proclama
pero hay unos que dejan verdaderos cuadros

por los visto en tus fotos ni arca ni siglos de antigüedad se salvan

esto de la interacción es un montón de escenarios al alcance del spray
;)

bss y buena semana Pedro

dafd dijo...

Qué interesante todo. Y qué comentario más acertado: "el que nos habla de los esfuerzos técnicos de un país que nunca se han distinguido en promocionar el valor de sus científicos, ingenieros e industriales".
Salvar esos restos de patrimonio civil nos dignifica, y además reorienta nuestra percepción de pueblo solo preocupado por guerras de religión y obtención ansiosa de oro.