jueves, 23 de octubre de 2014

que son el demonio y Dios como la araña y la abeja, significado de las historias intercaladas en el Quijote de Avellaneda y noticias de nuestras lecturas


Avellaneda sigue el modelo de la primera parte del Quijote al incluir las historias intercaladas pero solo en parte. Aunque los personajes con los que se encuentran don Quijote y Sancho cuentan sus propias historias, estas nunca llegan a tener la calidad, extensión y estructuración narrativa de las entrecruzadas de Cervantes que se resuelven en la venta. Se parecen más a las de cualquier otra novela de camino de las que se publicaron en aquellos tiempos en las que el encuentro era el motivo verosímil para juntarse personas de diferente condición y narrarse sus vidas.

Tampoco tiene la misma intención literaria. Cervantes jugó con las historias intercaladas para cubrir todas las formas narrativas posibles hasta entonces y subordinarlas al realismo vertebrador con el que trataba la historia central. Quizá porque no comprendiera el sentido de este juego cervantino que parodiaba todo tipo de narración posible o quizá porque no le interesara para sus fines morales, Avellaneda abandona esa experimentación narrativa. De hecho, en el Prólogo alude a que las Novelas ejemplares de Cervantes publicadas poco antes son "más satíricas que ejemplares, si bien no poco ingeniosas", con lo que demuestra no haber comprendido el verdadero sentido de la ejemplaridad de estas novelitas (o haberlo hecho y de ahí el reconocer su ingenio pero llevar el agua a su molino). Recordemos que Cervantes, en su colección de Novelas hacía lo mismo que en el Quijote pero sin historia que les diera un hilo de continuidad: un muestrario de formas narrativas llevadas, a través del juego intertextual y la parodia, a otras dimensiones novedosas.

Hay dos historias en el Quijote apócrifo que van más allá del mero cruce de información entre los que se encuentran en el camino y nos recuerdan las historias intercaladas cervantinas: el cuento del rico desesperado y el de los felices amantes. Ambas detienen el argumento de la historia de don Quijote y Sancho: son historias que cuentan los personajes, precisamente, para entretener el tiempo. Desde el inicio de las narraciones largas en formato de novela, estas se interrumpían -bien por obra del autor bien por mano del editor- para contar historias más pequeñas. Se buscaba, con eso, alargar la lectura, jugar con el ritmo de la narración central y dar variedad al libro. Al lector de entonces le gustaban estas historias intercaladas, disfrutaba de ellas y las buscaba en las novelas.

Pero Avellaneda tiene un objetivo muy concreto al introducirlas. En primer lugar, observando el índice de la novela se puede comprobar que están situadas en la parte central de forma muy meditada. Suponen, por lo tanto, una pausa justo en la mitad de la historia, un descanso para el lector, su entretenimiento y también una estrategia de suspensión para aquel que quiera saber cómo termina la historia de este Quijote loco y este Sancho simple. Pero también algo más: reforzar la lectura moral que Avellaneda hace de la historia de don Quijote. Estas dos historias intercaladas (ambas con fuentes que nos llevan a la Edad Media) son verdaderamente ejemplares en cuanto a la moral postconciliar se refieren. El final durísimo de la primera, con un castigo total del pecador y el final dulcísimo de la segunda con el triunfo del arrepentimiento, dejan muy clara la propuesta nada oculta de esta segunda parte. Se incluyen en ese mismo orden: el inevitable castigo del mal y el triunfo del bien.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino consigue publicar su entrada tras pelearse con los sabios y los genios de las ondas... y así nos deja un texto lleno de relevancia para ver cómo en Avellaneda está todo bien explícito.

Pancho nos lleva al juego de la sortija de la mano de su Sabina y bien ilustrado -qué bien aprovecha los viajes.

Gelu nos lleva hasta el melonar de forma inmejorable en su nueva entrada con selección de textos.

Mª del Carmen Ugarte nos recuerda el uso de los sentidos en Avellaneda. Y nos regala un Forges que yo no conocía.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

6 comentarios:

pancho dijo...

Me encantó la agilidad y el ritmo narrativo del autor al presentar las dos historias intercaladas que nada tienen que ver con el hilo argumental principal de las aventuras de don Quijote. Me gustó el uso que hace de la geografía europea para localizar los relatos. Y el uso de los tópicos narrativos: toda afrenta debe tener sus consecuencias punitivas para el infractor. A la gente le gusta el ojo por ojo porque está en la naturaleza humana. Los que rompen esa norma bíblica y ponen la otra mejilla son santos o héroes y de esos hay pocos y merecen reconocimiento.
La Lombardía que se nombra en la novela me llevó a mirar unas fotos de un verano de hace unos años que estuvimos por allí durante un par de semanas. Las letras de las canciones de Sabina se adaptan como anillo al dedo sin atar a todo lo que quieras.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Te me has adelantado, profe, a lo que iba a ser mi comentario de la próxima semana, que por no alargar la entrada en esta pospuse.

Quizá haya que detenerse algo más en el papel de los Dominicos, por cierto grandes inquisidores, y el gran poder del rezo del rosario.

Abejita de la Vega dijo...

Me gusta lo de la araña y la abeja...
En esas dos historias intercaladas en el apócrifo: en una muere hasta el apuntador, en la otra la monja se fuga del convento, peca y peca, qué manera de pecar...no importa, ama a la Gloriosa de corazón cumplido y en el convento hay un personaje celestial que ocupa su lugar. ¡Espantosa moral tridentina! Con un poco de prácticas externas de fe todo arreglado. Lutero tenía más razón que un santo.
Voy muy lenta con los capítulos comentados, ya ves que mi Alisolán y mi Cide Hamete se me portan fatal. Conseguí colgar la entrada, con muchas dificultades, tras una pantalla bloguera que se me quedó en blanco. Había guardado el texto con el contenido del capítulo, pero no lo hice así con las ocurrencias de los sabios moriscos ni con los enlaces del Quijote cervantino. Volví a la faena por la noche y me salió algo... distinto, no sé si mejor o peor.

Como tú dices:"Todo bien explícito", así es, eso es Avellaneda. Don Alonso Fernández trabaja para un tipo de lector que lo quiere así, nada de sí pero no, o sí o no. Gracias por lo de la relevancia.

Un abrazo, Pedro.

Omar enletrasarte dijo...

constancia compañero, ¡cultura o barbarie!
.
somos menos, pero debes seguir, ya vendrán los idos por razones de tiempo, el mismo tiempo los traerá
el abrazo de siempre

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Los personajes acabaron molidos a palos, y el menú para Rocinante y el jumento tampoco fue a plena satisfacción.
Sancho, sí demuestra que tiene buenos sentimientos hacia su animal.

Abrazos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Gracias, Pedro, por tu comentario, me va muy bien para leer.

Un abrazo