jueves, 2 de octubre de 2014

El narrador en el Quijote apócrifo y noticias de nuestras lecturas.


Gran parte de las diferencias entre el Quijote cervantino y el de Avellaneda derivan de la figura del narrador. Recordemos que Cervantes destruye toda la credibilidad del narrador tradicional en la primera parte ya desde la construcción del narrador-Cervantes en el prólogo como alguien dubitativo que, además, no es más que el padrastro de la historia y aporta, además, el perspectivismo en la narración según el cual la historia solo puede completarse a partir de varios narradores. Esto no lo continúa Avellaneda.

A pesar de seguir inicialmente el juego cervantino de un sabio (Alisolán) como autor de la obra, Avellaneda se olvida pronto de él y toma las riendas como narrador omnisciente. No deja margen a ni al lector ni a sus personajes: controla la narración en sus mínimos detalles y sabe todo de sus personajes, introduciendo continuamente pruebas tanto de su moralidad (coincidente en todo con la socialmente correcta en la época) como de sus conocimientos. 

Basta con un primer ejemplo para comprender lo que digo: nos da pronto el nombre de la localidad de don Quijote (Argamesilla) y el nombre mismo del protagonista. A partir de ahí opta por conducir al lector en todo momento, sin dejarle descubrir el mundo al mismo tiempo que sus personajes, como hacía Cervantes (y que es uno de los logros más importantes del Quijote original). Subraya todos los elementos obvios y concreta las cosas sin posibilidad de fabulaciones. Todo esto se produce porque Avellaneda decide, como narrador, alejarse de sus personajes. No esperemos que nos aparezca en mitad de la narración porque está decididamente fuera de ella, manejando todos los hilos.

Curiosamente, algunos lectores se sentirán complacidos con esta opción. La lectura avanza con menos dificultad, es más comprensible en una primera lectura que la de Cervantes. El apócrifo, como artefacto literario, es más directo, consigue llegar del todo en la primera lectura. En esto estriba su éxito como obra de lectura entretenida pero también su condición de obra sin alcance para la narrativa posterior. Después de Cervantes hay que exigir mucho a una novela para que traspase los siglos y se convierta en un clásico.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho acompaña a nuestro Quijote apócrifo hasta su detención y a Sancho lo acompaña por su soledad. Esta separación de ambos era necesaria para Avellaneda: dejaba ver claramente la manera ideológica en la que conducía la narración.

Mª del Carmen Ugarte vuelve sobre sus pasos y comenta con acierto el proceso de desenamoramiento de este don Quijote avellenado.

Sobre la misma cuestión del desenamorimiento de don Quijote trata la oportuna entrada de Paco Cuesta, que nos pone ante las razones narrativas que llevaron a tomar esta decisión al autor.

Gelu sigue con su certera selección de fragmentos, subrayando aquello que le llama la atención e ilustrándolo con oportunidad.

Luz del Olmo nos trae al Sanchico, que anda el pobre entre fiestas y perdido porque no sabe si su padre es su padre o es apócrifo...

Mª Ángeles Merino sigue con su divertido e ingenioso guion a tres voces para comentar el apócrifo. Llega aquí a las cartas que se cruzan con Dulcinea y su lenguaje.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

4 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abejita de la Vega dijo...

El autor del apócrifo no podía aspirar a confeccionar una obra con tantas capas como tiene el cervantino. Seguramente no lo intentó y buscaba el aplauso de un lector que prefería una historia lineal donde todos los cabos quedarán bien atados, por un narrador omnisciente que, además, aprovechaba para mostrar su cultura eclesiástica y sermoneadora.

El Quijote era inimitable, el de Tordesillas lo sabía.

Me divierto con mi juego quijotesco, el único inconveniente es que avanzo poco. Veré de qué partes puedo prescindir. Espero que Alisolán y Hamete no lleguen a las manos.

Un abrazo, Pedro. Sigamos .Con tu ayuda es fácil.

poemas lichazul dijo...

gracias por tu huella Pedro
pasa un precioso fin de semana
bss

con respecto a la lectura dirigida no opino porque no he leído nada del libro que mencionas (ando con el tiempo en otros menesteres)

José Luis Ríos Gabás dijo...

Es verdad, Pedro, es más directo, más fácil de leer, más tranquilidad para el lector. Me gusta también pero debo fijarme más en las diferencias, claro. No he llegado todavía a la mitad. El Coso de Zaragoza, que existe realmente, la calle del Coso.