jueves, 11 de septiembre de 2014

Razones para leer el Quijote de Avellaneda y noticias de nuestras lecturas.


Comencemos por una afirmación repetida mil veces que parece no decir nada: Si Cervantes no hubiera citado en su segunda parte la continuación del Quijote por Alonso Férnandez de Avellaneda hoy nadie leería la segunda parte escrita por este, publicada según dice el pie de imprenta, en Tarragona en 1614. Nada sabemos hoy con certeza de esta segunda parte, conocida como el Quijote apócrifo aunque sería mejor llamarlo de Avellaneda. Ya Cervantes afirmó que este nombre esconde un seudónimo y el cervantismo ha propuesto varios candidatos, sin que haya consenso aunque el más celebrado sea el de Pasamonte puesto en baza por Martín de Riquer y recuperado con fuerza recientemente de manera eficaz. El galeote desagradecido que aparece en la primera parte -y que seguirá como personaje en la segunda parte cervantina- correspondía a Jerónimo de Pasamonte, una persona real de vida novelesca que pudo leerse en la obra de Cervantes y tomarse justa venganza usurpándosela en un juego divertidamente cervantino y ante el que el propio don Miguel no debería haberse quejado. Así que lo que sabemos de verdad de esta novela y de su autor es lo que afirman el llamado Avellaneda y don Miguel de Cervantes. Pero el caso se complica interesantemente con una segunda hipótesis: la novela de Avellaneda sería obra de un autor que murió sin terminarla y fue rematada, prologada y preparada para la edición por otras manos, entre las cuales se ha propuesto las de Lope de Vega. Sería una forma de solucionar algo que hay en el texto. Por una parte, una sincera admiración por la primera parte del Quijote, que se continúa por pura pasión de lector y escritor necesitado de sacar al mundo de nuevo al personaje en una acción muy frecuente en el arte. De aquí que se hable con tanto respeto de la primera parte cervantina. Y, por otra parte, un ataque brutal contra Cervantes al que en varios lugares y, singularmente en el Prólogo, se le insulta directamente en un juego muy barroco de polémicas entre escritores y en defensa de Lope de Vega, que se sentiría atacado en la obra cervantina.

Aunque aquellos que ya hayan decidido no leer la segunda parte del Quijote de Avellaneda encontrarán mil motivos para no hacerlo, doy aquí algunas razones para aventurarse en sus páginas.

1º.- Por la obra en sí mismaLo que sorprenderá al lector curioso actual es que la obra se deja leer. Está bien escrita, los personajes son creíbles, las situaciones también. Es un ejemplo más del buen número de novelas que se escribieron y publicaron en aquellas maravillosas décadas en las que en España se creó la novela moderna. Contiene pasajes divertidos y momentos procaces. Hay un reflejo social de la España de la época y un conocimiento certero de costumbres y de la psicología de los seres humanos.

2º.- Porque es uno de los mejores testimonios de la admiración por el Quijote de Cervantes que conozco. El autor -dejemos aparte la discusión de la doble autoría y de lo que contiene el prólogo de ataque a don Miguel-, sea el que sea, escribe impulsado por la lectura de la novela cervantina, ganado por sus personajes y por la forma del relato. Está tan empapado por ellos que los desarrolla de forma natural tal y como parecía la propuesta de la primera parte. Esta es la gran diferencia entre una y otra continuación. Como vimos en la la lectura colectiva de la obra cervantina, muchos personajes que aparecen en la segunda parte de Cervantes son lectores a la antigua y exigen de don Quijote y de Sancho comportamientos como los que tenían en la primera parte sin querer aceptar sus cambios. Esto es lo que le ocurre a Avellaneda: continúa el plan trazado aparentemente por Cervantes, sin requiebros ni sorpresas. Es una buena novela  que nos dará placer como lectores pero no va más allá.

3º.- Porque si puede ser verdad que nadie leería la obra de Avellaneda si no la hubiera citado Cervantes, lo que es cierto es que la segunda parte de Cervantes no sería igual sin la de Avellaneda. Cuando Cervantes tiene noticia de la publicación del Quijote de Avellaneda consigue el más difícil: dar un doble salto mortal en la construcción de la novela moderna. Si desde el prólogo de la primera parte se movía en terrenos que revolucionaron la forma de narrar es a partir del momento en el que decide dar noticia de la aparición del libro de Avellaneda cuando acelera el paso y se adentra por terrenos nunca conocidos antes en la novela. Da carta de naturaleza al Quijote apócrifo no solo al mencionarlo como algo existente dentro de su propia narración sino también al incluir personajes que proceden de la novela de Avellaneda en el suyo. Acaba de crear para la narrativa moderna el formato definitivo del doble y la sospecha interior de la debilidad de la propia identidad. Algo que cuando lo vemos en Borges o en Cortázar nos parece tan revolucionario lo hace con mayor profundidad Cervantes siglos antes. Y su nivel de exigencia como escritor aumenta, se nota cuánto hubo de molestarle a Cervantes lo sucedido pero también -por suerte para nosotros- cuánto le espoleó la imaginación más allá del mero enfado. Desde que su don Quijote decide marchar a Barcelona y no a Zaragoza todo es tan revolucionario que el escritor parece haberse adentrado a machetazos certeros por la selva abriendo una ruta nueva que será definitiva para la novela. Sin Avellaneda no se comprendería esta revolución cervantina.

Supongo que muchos encontrarán motivos para no leer a Avellaneda como encontraron en su día motivos para no leer a Cervantes. Yo me propongo disfrutar de cada página de aquí a finales de octubre.

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.

Noticias de nuestras lecturas

Brioso y ejemplar comienzo de Pancho para comentar el Quijote apócrifo: desde la forma de solucionar el conflicto del narrador hasta la manera de introducir los personajes nuevos. No te lo pierdas. Como tampoco su segunda aportación, en la que ya comienzan a ser muy notables las diferencias entre una y otra segundas partes.

Mª Ángeles Merino se debate entre la fidelidad y la traición a Cervantes y para solucionar sus dudas apechuga con los dos prólogos de las segundas partes y un tercero que se inventó hace tiempo de forma apropiada... Buen comienzo.



Gelu ha continuado durante el verano con su selección de frases e ilustraciones de El río que nos lleva: aquí, aquí, aquí y  aquí.

También Mª Ángeles Merino continuó con su indagación en el relato de Sampedro pegándose al personaje de Paula: aquíaquíaquíaquí cuando debe enfrentarse a una encerrona y no os perdáis el final.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

6 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Leo el Avellaneda para conocer mejor a Cervantes. Y si encuentro méritos en el del apócrifo, mejor que mejor.

Me sorprendieron los dos relatos intercalados, el primero por la cadena de desgracias y el segundo por la cadena de pecados cada vez más gordos que cometen la monja escapada y su amante. Son historias que no dejan respirar, una y otra, y otra...ritmo de caballo desbocado que no sabemos a dónde nos va a llevar. Como una película de esas de mucha acción.

Que mate a la sobrina ,a la que llama Madalena , pobre Antonia Quijana. Que cambie al ama y la sustituya por otra que está aleccionada como espía del cura y el barbero. Que Sancho no tenga hijos, con lo cual se carga a Sanchico y a Sanchica. Que Avellaneda sí quiera acordarse del lugar de la Mancha donde vivía don Quijote. Detalles así son los que irritan al lector amante del Quijote, como la que esto escribe. Mas si Cervantes fue todavía más genial a causa del apócrifo, debemos estar agradecidos sus incondicionales.

Nos das buenas claves, con esos mimbres haremos el cesto. Me voy a casa de don Alonso a ver qué pasa. Y le acompañaré a Zaragoza y a la corte de Madrid, con parada en Alcalá. Lo contaré sin rencor hacia el de Tordesillas.

¿Se sabe, o se sospecha, a la altura de qué capítulo de la segunda parte conoció Cervantes la existencia del apócrifo?

Un abrazo, Pedro.

María del Carmen Ugarte García dijo...

Yo estoy disfrutando este Quijote y soy de las que creo que si Cervantes no hubiera escrito la segunda parte este Quijote ocuparía un lugar mucho más privilegiado.

pancho dijo...

Lanzas el corner y lo despejas a la vez en esta magnífica introducción, quiebro cervantino incluido, a la lectura bimensual del Quijote de Avellaneda que a algunos nos ha tenido entretenidos casi todo el verano para sintetizarlo y tratar de escribir algo legible, destinado a lectores actuales que quieran introducirse en los mares fecundos del Siglo de Oro de nuestra literatura.
Este Quijote carece de la profundidad del verdadero. Sus personajes son lineales, acentuando las diferencias de nivel cultural entre don Quijote, que pertenece a la nobleza venida a menos y la plebe, representado por Sancho ingenioso y gracioso. Seguramente más real que el auténtico de Cervantes.
A mi juicio el autor habría que buscarlo entre alguien muy ligado al mundo rural, conocedor de primera mano del día a día de la vida en el campo y todo lo que conlleva de acercamiento a los animales, pero extremadamente culto. Nada que ver con el soldadón y mundano Cervantes.
Esta novela no es quincalla literaria. Es digno de valorar la ausencia de complejos a la hora de escribir en muchos momentos.
A ver si los comienzos briosos no son la antesala de parada en seco. Este año cambiamos el sitio de trabajo y ya se sabe que los comienzos conllevan mucha actividad y dedicación extra.

Ele Bergón dijo...

Sr profesor Pedro. Ando un poco desaparecido, peto como leo que vuelven con la matraca del Alonso y mi padre , tendré que volver a aparecer. Este otro D. Quijote del tal Avellaneda me parece que va diciendo muchas mentiras. Así que iremos poniendo los puntos sobre las ies, deme una semana más y ya verâ
Ahora ando un poco entretenido con mis cosas

Choque de manos

Ya habrá adivinado

El Sanchico

Paco Cuesta dijo...

Apenas comenzada la experiencia, leer el Quijote de Avellaneda seguro que aporta luces al de Cervantes. En ello estamos y a ello nos disponemos.
Gracias.
Un abrazo

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

El autor o autores, había(n) tenido 9 años para aprenderse las aventuras de los personajes auténticos.
Me hago la misma pregunta que Abejita de la Vega: ¿cuándo se enteraría Cervantes? Sería al aparecer publicado el libro? El ingenioso caballero don Quijote de la Mancha II, ocupa más de quinientas páginas en los ejemplares que tengo a mano.

Abrazos