jueves, 25 de septiembre de 2014

Dos diferencias entre Avellaneda y Cervantes y noticias de nuestras lecturas.



Es inevitable la comparación permanente entre las dos continuaciones del Quijote de 1605: porque Avellaneda parte de una velada admiración por la creación cervantina y porque Cervantes va mucho más allá de ser un autor enojado con quien quiere robarle la obra. Cervantes mismo se pone a rivalizar con Avellaneda para destrozarlo. No hay color, evidentemente. Avellaneda escribe una buena novela muy de su época, Cervantes una obra maestra. Por eso no quiero dedicar más entradas de las necesarias a la comparación, en la que siempre saldrá perdiendo Avellaneda. No quiero porque eso nos puede impedir disfrutar con la lectura de este Quijote apócrifo y esto tampoco es justo.

Desde el inicio de esta segunda parte, el lector avisado comprende varias cosas que la diferencia con la cervantina, incluso con la primera parte de Cervantes. 

En primer lugar, la presencia de lo moral. Hay una clara intención moralizante en Avellaneda. Incluso cuando integra a don Quijote en donde no lo integró Cervantes. Avellaneda hace que Cervantes vaya a misa. Es una más que interesante diferencia. El tono festivo cervantino se convierte en Avellaneda en ironía moralizadora. El núcleo estético que guía a Cervantes se deja aquí a esta moral ortodoxa. De hecho, como se apunta ya desde el primer capítulo, la amenaza de ingresar en un manicomio está presente. La sociedad no tolerará a un loco como don Quijote por los caminos. Es demasiado desestabilizador para el sistema. Por eso, este Quijote apócrifo acabará ingresado en Toledo.

En segundo lugar, Avellaneda es un lector a la antigua del Quijote. Siempre he pensado que hay una sutil ironía cervantina cuando decide hacer evolucionar sus personajes a partir de lo que ya estaba potencialmente apuntado en la primera parte. Como comentamos en nuestra guía de lectura de la segunda parte de Cervantes, allí los personajes que conocen la obra se dividen en dos: lectores a la antigua, que no dejan evolucionar a don Quijote y Sancho y esperan y exigen de ellos un comportamiento similar al que se les atribuye en una lectura rápida de la parte de 1605; lectores a la moderna, lectores creados por el mismo Cervantes -con el antecedente del Lazarillo-, que permiten la evolución de los personajes, la aceptan. Avellaneda es un lector a la antigua: toma a los personajes de la primera parte y les hace ir hasta la profundidad de sus lados más evidentes. Don Quijote es un loco y Sancho un simple.

Dos diferencias no menores. Pero no insistiré más, porque la intención a partir de ahora es disfrutar de la lectura del Quijote apócrifo. Aunque sea solo para disfrutar más de la de la segunda parte cervantina...

Hay suficientes ediciones en el mercado, muchas fiables: Cátedra y Poliedro, por ejemplo. Se puede tener una buena copia digital gratuita en este enlace


El Quijote de Avellaneda nos acompañará en el Club de lectura de La Acequia durante los meses de septiembre y octubre.

Esta lectura es un complemento de la que dio origen a este Club de lectura, la primera experiencia de lectura colectiva completa de la novela de Cervantes en la que se usaban todas las herramientas de la web 2.0. que ha quedado como la única guía de lectura de este tipo de esta obra. Recomiendo consultarla en este enlace, en especial lo que se dijo de los últimos capítulos del Quijote cervantino.

Leer a Avellaneda nos servirá para preparar las actividades que haremos el próximo curso, con motivo del cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote de Cervantes.


Noticias de nuestras lecturas

Paco Cuesta inicia inteligentemente su lectura de la novela de Avellaneda por donde debe hacerse: más allá de cuestionamientos filológicos, disfrutar de ella. Y engancha. Después escribe una entrada en la que nos da una clave: no pudo haber lector más interesado y apasionado de Avellaneda que el mismo Cervantes...

Luz del Olmo nos regala la vuelta del Sanchico para dar cera a Avellaneda. Este muchacho no cambia, no..., solo por eso merecía la pena leer a Avellaneda.

La entrada de Mª del Carmen Ugarte nos pone de relieve una diferencia no menor de Avellaneda y Cervantes: el tratamiento de la mujer en ambos.

Gelu sigue con su selección de frases, momentos y enlaces de la obra de Avellaneda: basta un vistazo para comprender que no es Cervantes.

Las cosas entre Cide Hamete y Alisolán siguen poniéndose tensas. No sé cómo terminarán si no media Mª Ángeles Merino, que de esta forma nos deja ver lo que va de segunda a segunda parte.


Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Si quieres saber cómo sumarte al Club de lectura, en este enlace tienes las instrucciones.

4 comentarios:

Abejita de la Vega dijo...

Tensas, están muy tensas. Lo de llamar guarra a Dulcinea, la mujer más hermosa de la tierra, puede ser la gota que colme el vaso. No sé si mi ordenador, un modesto Acer con la tecla de la c escorada, va a aguantar tal presión. Ahora don Quijote va a leer dos cartas, una de ella de Dulcinea, y esto va a ser Troya. Cide Hamete no hace más que repetir que la bella del Toboso no escribió en su vida una letra, Alisolán a su bola...

Avellaneda es políticamente y religiosamente correcto. En el apócrifo hay cárcel y hay manicomio. En el cervantino hay miedo a la Santa Hermandad pero no llega a actuar ni contra Sancho ni contra don Quijote. En el apócrifo, la casa del Nuncio, se anuncia para un loco tan loco. En el de Cervantes, asistimos a la muerte en cama del hidalgo,

Tal vez, el lector del siglo XVII pedía esto, pensemos que sería un varón de clase privilegiada. Este hombre acomodado disfrutó del Quijote de Cervantes pero echaba de menos ese tono moralizante del que nos hablas. Avellaneda quiso añadir ese elemento a la historia de don Quijote y Sancho- No alcanzó la gloria de don Miguel pero su novela tuvo éxito, en su momento, al parecer.
Sigamos levantando capas al apócrifo. Cervantes está también ahí. Con tu ayuda, es fácil.

Un abrazo, Pedro.

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Hay una gran diferencia nada más comenzar la lectura. Cervantes, desde la primera página, conseguía emocionarnos y hacernos amigos inseparables de su Don Quijote.
Qué trabajo magistral, y qué categoría de persona, demostró en el modo de responder a la provocación maliciosa del hurtador.

Abrazos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Pues a mí me gusta, la de Avellaneda, y creo que es mejor para mí leer estas entradas y sus comentarios con varios días de retraso, me enriquecen más, creo.

Un abrazo

dafd dijo...

Qué interesante todo