sábado, 26 de julio de 2014

Para eso está el destino


Dos personas que se cruzan a lo largo de su vida. Hombre y mujer. Ambos se gustan siempre. Lo delatan sus miradas. Unas veces ella lleva el pelo largo y otras corto, recogido o suelto. Él unas veces está gordo y otras delgado, con gafas para leer o sin ellas. diferentes épocas, diferentes lugares.

Librería atiborrada de libros. Interior día.

ÉL.- No sé, quizá el librero lo sepa.
ELLA.- Es que todo esto me interesa. ¿Cómo escribe este poeta?
ÉL.- No sé, pregunta al librero, tengo prisa.

Despacho en una Facultad de una Universidad española. Interior día. Él trabaja en el ordenador, junto a una colega. Ella entra después de llamar e ilumina el lugar con su presencia. Como si fuera una niña, salta de alegría y le brillan los ojos y el rostro.

ELLA.- (A a la Colega). Será sobre Santa Teresa. Me gustaría mucho que asistieras.
LA COLEGA.- Me interesa mucho.
ELLA.- (A Él). También puedes venir tú.
ÉL.- No sé, quizá, no sé si podré, estoy tan ocupado esta semana.

Bar de cine de barrio de sesión continua. Años setenta del pasado siglo. Interior día. Descanso entre las dos películas. Quizá la primera del oeste y la segunda de una guerrera de la selva africana.

ELLA.- (Al camarero). Y una fanta de naranja.
ÉL.- ¡Eh! Estaba yo antes. No te cueles.
ELLA.- (Baja la mirada). Lo siento, no te había visto.
ÉL.- Ya.
ELLA.- No es para tanto, ¿verdad? ¿Quieres unas pipas?
ÉL.- No, ya tengo. Y comienza la película.

Patio de un centro de estudios marista. Principios de los años ochenta del pasado siglo. Exterior día.

ÉL.- Hola.
ELLA.- ¡Hola!
ÉL.- Me gustas.
ELLA.- Siempre serás tonto del culo.
ÉL.- No sé. Siempre es mucho.
ELLA.- Lo que yo te diga.

Dormitorio presidido por una cama con dosel. Interior noche.

ELLA.- Abre el balcón.
ÉL.- Pero entrarán mosquitos.
ELLA.- ¿Y qué?
ÉL.- No sé. Podrían picarnos. Los mosquitos trasmiten enfermedades.
ELLA (Lo mira con dulzura y suspira).- Por una noche con estas estrellas merece la pena. Además, tonto, para eso está el destino.




10 comentarios:

Edurne dijo...

Ayyyy! Esos diálogos que dicen y no dicen... Mariposas en las miradas que intentan ocultarse...
Y los mosquitos, picarán o no?
Besos veraniegos.
;)

Rita Turza dijo...

¡Como me gustan tus retratos de interior! Emanan poesía llena de ternura.

Precioso post.

Besos.

elisa lichazul dijo...

me perdí, sorry
buen domingo

DORCA´S LIBRARY dijo...

Hay parejas que se gustan y acaban juntas. Otras se gustan y por no decírselo, acaban cada uno en una parte del mundo con otra persona menos adecuada para ellos.¡Qué rabia!. Y luego están los que mantienen un eterno juego, consiguiendo poner nerviosos a los que les rodean, y sin decidirse a decir lo que sienten el uno por el otro, y que por cierto, todo el mundo sabe.
Mientras, las mariposas revolotean a su alrededor. ¡Ayyyyy!.

José Núñez de Cela dijo...

Hay historias que es mejor que no terminen, que no lleguen a ningún sitio conocido.

Saludos!

XuanRata dijo...

El destino, ese profeta que siempre acierta a posteriori.
O tal vez no, tal vez todo estaba ahí desde el principio, pero por suerte para nosotros no fuimos capaces de verlo hasta mucho después.

Un abrazo.

.

impersonem dijo...

Diría que es una historia con Flashback o analepsis... pero bueno, no estoy muy seguro...

Me ha intrigado lo del patio del centro de estudios marista... pues conozco alguno y por esos años...

Joer, lo de los mosquitos es superior a mí, antes de que entren mosquitos le pinto las estrellas en la pared...

Bueno, supongo que el destino destinó según quiso... aunque para la próxima vez yo que él metería en el neceser un Aután...

... aunque con los mosquitos el destino se volvía más "picante"...

Abrazo.

dafd dijo...

Me ha gustado y me he reído. Es increíble; en efecto, el destino.

José Luis Ríos Gabás dijo...

También a mí me ha gustado, Pedro.

Un abrazo

Campurriana Campu dijo...

Me ha gustado a mi también. Lo acabo de ver y leer...