jueves, 5 de junio de 2014

El sí de las niñas y su repercusión en el teatro del siglo XIX y noticias de nuestras lecturas


He defendido aquí el contenido revolucionario de El sí de las niñas de Moratín y alguno se habrá echado las manos a la cabeza. También lo habrá hecho cuando me ha leído defender que en esta comedia hay una presencia de lo sentimental que ya no puede explicarse solo a través de lo neoclásico. La explicación tradicional a todo ello es que Moratín jamás fue un revolucionario y que criticó las posturas románticas. En aquellos tiempos, en España, era difícil ser un jacobino y Moratín no lo fue, en efecto, como tampoco fue un romántico. Pero se podía ser revolucionario y dejar paso a la sensibilidad romántica sin cortar cabezas reales ni hacer extremos teatrales. Aún hay mucho que decir sobre aquellos españoles de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX que propugnaron una sustancial reforma de la situación del país, tanto en política como en costumbres como en el arte. Lo intentaron, además, desde dentro del sistema, en una alianza frágil -como se demostró- pero que ellos creyeron necesaria para modernizar el país sin el terror revolucionario que tanto les asustó cuando se produjo en Francia. En esto, con matices ideológicos, Moratín está en el mismo barco que Jovellanos.

Entendida la revolución como algo mucho más profundo y extenso que la toma de la Bastilla, Moratín quiso ser revolucionario sin violencias. De hecho, la trasformación moral y social de la que participa en El sí de las niñas lo es y se basa en la libertad individual y en una nueva forma de relacionarse familiar y socialmente basada en el respeto a dicha libertad. Aceptar que lo mejor es la libertad de amar para contraer matrimonio es un paso más profundo que guillotinar a un rey. Una vez que se da ya no puede restablecerse el Antiguo Régimen. Esta libertad de amar es uno de los aspectos más esenciales de las libertades individuales propugnadas por los ilustrados. Que esta libertad de amar se exprese, además, en tono sentimental romántico sobre la escena es poner en las tablas una realidad de la época: el amor ya se manifestaba de forma diferente en aquella sociedad y Moratín lo sabía. Pero a Moratín le pesan varias cosas para no romper con todo: su estética neoclásica, que jamás abandonó; su condición de reformista para cambiar una sociedad sin quebrarla; pero, sobre todo, que sabía que no podía expresarlo de otra manera. Era impensable ver sobre las tablas de Madrid a principios del siglo XIX una defensa del amor romántico de aquellos jóvenes. Ni el mismo Moratín ni los actores ni el público ni, sobre todo, los censores, lo hubieran aceptado. Ya tuvo suficientes críticas adversas y dificultades para el estreno. Moratín conocía a la perfección la situación del teatro de su época, lo que quería hacer y lo que podía hacer en la práctica teatral española. Además, su formación era estrictamente neoclásica. Entre otras cosas, porque convenía atarse a una regulación de ese tipo contra el teatro popular que imperaba en esos momentos. A muchos todavía les sorprende que pueda haber ideología romántica bajo la estética neoclásica o que Moratín pudiera haber evolucionado en sus planteamientos.

De ahí el personaje central de la obra, Don Diego: un hombre que usa de la razón para no causar daño.  Es decir, un ilustrado que apuesta, como es lógico, por la sensatez para cambiar el mundo. Pero observemos detenidamente lo que hace al renunciar al amor de una joven con la que podría haber forzado el casamiento. Don Diego se da cuenta de que ya no es su época, de que solo puede poner al servicio de esos jóvenes un ejemplo de sentido común aliado con la pasión juvenil de ambos. El mundo ya será de esos jóvenes, que tendrán que trasformarlo, a él solo le toca servir de cauce gracias a su experiencia. Como si Moratín diera carta de naturaleza a esa nueva sensibilidad de forma paternalista y dirigiéndola para que consiga de la mejor manera los efectos queridos. Estos jóvenes, por sí mismos, no se iban a rebelar contra la autoridad familiar pero iban a ser infelices. En realidad, de no triunfar el amor gracias al generoso gesto de Don Diego, todos iban a ser infelices. Pero una vez conseguido que el mundo se rija por la libertad de amar, ya no volverá a ser el mismo.

En pocas ocasiones se ve en una obra de teatro tal cruce sutil de mundos, de propuestas y de aceptaciones y renuncias para conseguir un mundo mejor, hecho sin alharacas ni gritos ni extravagancias sino con el ritmo cotidiano de aceptar lo que es de sentido común que se acepte.

En lo estético, El sí de las niñas sentó definitivamente las bases de la comedia de costumbres del siglo XIX español. Se convirtió en el modelo de referencia a la hora de tratar grandes cuestiones desde lo pequeño, desde lo familiar. Tuvo el acierto, para ello, de no recurrir a la broma fácil ni a la crítica feroz, sino de mantenerse en un nivel en el que ni los corregidos podían sentirse molestos con la corrección, puesto que apelaba a su razón. Un engranaje perfecto.

El texto de la obra, en buena edición digital gratuita, en este enlace.
Un excelente portal con información sobre Moratín, aquí.
Puedes ver la obra en una antigua versión para la televisión, en blanco y negro en este enlace.
Noticias de nuestras lecturas

Mª Ángeles Merino camina al desenlace de la comedia de Moratín: se anuncia la luz del día, quizá la luz de la historia y la razón...

Luz del Olmo demuestra cómo no son solo las niñas las que dicen sí en la comedia de Moratín. Interesante planteamiento.




Pancho continúa con su lectura de la novela de Torrente Ballester. Basta con leer su última, divertida y acertada entrada para apreciar de nuevo la variedad de tonos y recursos, paródicos o no, de la obra.

Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en sus blogs hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

Próxima lectura


Cerramos el curso del Club de lectura con El río que nos lleva, de José Luis Sampedro (la mejor edición disponible, en la editorial Cátedra), el próximo jueves publicaré la primera entrada y nos acompañará hasta el 12 de julio.

Gelu nos introduce ya a esta lectura, aproximándonos al autor, un hombre cercano en todos los aspectos.

Después nos tomamos las vacaciones de verano. Recordad que, el primer título del próximo curso será la segunda parte del Quijote escrita por Alonso Fernández de Avellaneda tal y como explico en este enlace.


Y si alguien quiere más... Echo al fuego los restos del naufragio, mi diario poético para una crisis


Se ha publicado mi nuevo libro, Echo al fuego los restos del naufragio, diario poético de una crisis (Valladolid/Béjar, SBQ Solidario, 2014). Los textos, en verso y prosa, recorren el panorama de la crisis por la que atravesamos, individual y colectiva, como una propuesta de depuración de todo lo que de una manera u otra nos ha arrastrado hasta ella.

Se publica en la colección El Brut de los corazones solidarios de la editorial SBQ y lo recaudado contribuirá a las actividades de esta ONG. Para conseguir un ejemplar puedes apuntarte en la página de facebook del libro (en este enlace) o escribirme un correo electrónico a pedro.ojeda.escudero[arroba]gmail.com

Se ha comenzado ya el reparto de los ejemplares solicitados. Si quieres saber el estado de tu envío, escríbeme un correo electrónico.

6 comentarios:

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Para tomar apuntes, el contenido de todo lo expuesto de Moratín, su obra y su tiempo.

Creí que era esta semana la primera entrada dedicada a la novela de José Luis Sampedro.
Guardaré en mi memoria -como si de un hecho histórico se tratara-, el haber presentado antes de tiempo un trabajo.

Saludos.

elisa lichazul dijo...

excelente exposición haces Pedro

yo ando en otras lecturas con otros autores (underground), cuyas visiones me atrapan

besos y buen fin de semana

pancho dijo...

Por las venas de Leandro Fdez de Moratín corrían gotas de sangre jacobina, pero su teatro brota de manantial sereno, parafraseando los versos de Machado.
La transformación de las estructuras desde dentro suele ser más duradera y menos traumáticas que las realizadas a la fuerza, al menos se desactivan muchas reacciones en contra que son esperables de los perjudicados cuando la situación cambie. La propuesta es inteligente.
Magnífica clase sobre hábitos sociales y culturales de la gente y del teatro de comienzos del XIX. Entrada de estudio obligatorio.
La verdadera dimensión e intensidad de La saga/fuga solo se capta con la lectura lenta y reflexiva, aún así, seguro que se escapan muchas connotaciones y posibles significados.

Abejita de la Vega dijo...

Libertad de amar, algo que parece obvio; pero no lo era para los graves censores que criticaron la obra de Moratín. Mucho más importante que la libertad de cortar cabezas a los reyes, ciertamente.
Moratín sueña con las luces de la razón, que iluminen este país es su deseo y así lo deja escrito. Aunque de la mano de Godoy...
Neoclásico y con un puntito de romántico. ¿Por qué no? Pobres afrancesados, nacieron antes de tiempo.

Que las luces no nos abandonen.

Besos, Pedro.

Paco Cuesta dijo...

Su mayor logro fue sin duda la influencia posterior.

dafd dijo...

"De ahí el personaje central de la obra, Don Diego: un hombre que usa de la razón para no causar daño".

En realidad, debería de haber entrecomillado el párrafo entero en que se encuentra esta frase, pues me ha gustado mucho todo él, y me ha parecido muy certero.