miércoles, 21 de mayo de 2014

La gravera



En algún momento,
en algún momento a la entrada de cualquier ciudad,
el tren se detiene delante de una gravera
mientras llueve gris y denso, llueve como si hiciera una vida que no lloviera.
En algún momento cierras los ojos y recuerdas que allí tenía tu abuelo una huerta,
una casa y una noria con la que una mula se afanaba en regar la tierra.
No era entonces la entrada de la ciudad sino su salida,
donde terminaban las cunetas
y llegaban las lagartijas al sol del verano para trepar las tapias
y era algún momento de una ciudad cualquiera en un verano que se adensaba
como el cemento que cuaja cuando no se espera.
En algún momento vuelves a abrir los ojos
y recuerdas
cómo tu padre te contaba que por las noches se oían las descargas y los tiros de gracia
uno
otro
otro
y tu padre sabía, a sus seis años,
que a la mañana siguiente no podría coger lagartijas con la mano
porque en las tapias que limitaban la huerta con el cementerio
se arracimaban los cuerpos de los hombres esperando el llanto seco de sus mujeres.
No hay nada más triste que un tren que se ha detenido bajo la lluvia
a la entrada de una ciudad cualquiera,
en algún momento,
donde terminan las cunetas.

15 comentarios:

José María Souza Costa dijo...

Olá.

Para você, os meus sentimentos carinho.
Meus desejos de um tempo de harmonia e contentamentos.
Abraços.

impersonem dijo...

Duros recuerdos, los de las cunetas, para la memoria de los que aman la libertad y la paz... y perdieron a alguien luchando por ellas.
Abrazo.

Abejita de la Vega dijo...

La historia permanece ahí debajo.

Edurne dijo...

Es muy triste esto que has escrito, pero es nuestra historia,la que sigue ahí, entre esas y estas tierras, escondida bajo huertas y tapias y regada de una lluvia que nunca cesa, aunque el sol saque a pasear lagartijas...

Besos.
;)

Anónimo dijo...

Sabes lo que opino de la memoria histórica, y aún así qué bonito escribes, Pedro. Un abrazo enorme desde esta lluvia de mayo.
Pilar M. Sancho

Esther dijo...

Ufff, qué triste!, me ha hecho recordar su entrada de ayer sobre la fragilidad de la belleza del mundo. Ya sé que no hay día sin guerra o violencia en los noticieros, pero esto no debíera ser vacuna para nuestra conciencia; en el cuarto de la salud todo lo malo nos parece ajeno y lejano, sin embargo, lo que ayer creíamos entero hoy se desmiembra, basta con mirar hacia Ucrania y comprender que ese tren del que usted habla no termina de pasar. Pienso en la violencia que se está generando en Europa producto de la corrupción, las desigualdades sociales, el egoismo de algunos, y su instrumentalización por parte de partidos políticos de idiologías de tintes totalitarios y me entra pavor, por eso me digo que es hermoso soñar, pero con los ojos bien abiertos, no vaya a ser que mientras dormimos sin darnos cuenta nos estén dando exactamente como usted lo cuenta "los tiros de gracia
uno
otro
otro"

Saludos.

XuanRata dijo...

A veces los trenes se detienen donde no deben, y esa parada tiene siempre una razón oculta, y necesaria.

Un abrazo.

Estrella dijo...

Qué recuerdos más diferentes, los de la hija y los del padre.

Triste y dura historia, pero tú lo cuentas suavemente.

DORCA´S LIBRARY dijo...

Hay lugares donde si el aire denso de allí, hablase, cortaría el aliento de los vivos.

virgi dijo...

Terrible, Pedro, duro y conmovedor. Si los trenes hablaran...

elisa lichazul dijo...

bien Pedro
texto y foto en perfecta armonía y significancia

bss

José Luis Ríos Gabás dijo...

Cuesta creerlo pero vivimos encima de todo eso, literalmente.

Un abrazo

José Luis Ríos Gabás dijo...

Cuesta creerlo pero vivimos encima de todo eso, literalmente.

Un abrazo

dafd dijo...

Buen recuerdo. Imagínate, ahora, después de tantos años de aquello, que nadie sepa qué sucedió en aquel muro. El olvido de los lugares donde los hechos acaecieron me parece altamente relevante.

Myriam dijo...

Duele recordar la Historia,
pero no debe olvidarse.
Sentido homenaje a las víctimas
de aquella sin razón.

Abrazos