miércoles, 7 de mayo de 2014

La Edad de Oro de Buñuel


En mis clases de Literatura y cine he dedicado un monográfico al inicio de la carrera cinematográfica de Luis Buñuel. Ver y comentar, seguidas, Un perro andaluz, La edad de oro y Las Hurdes, tierra sin pan es un ejercicio docente útil. En ellas, condensada, se encuentra la evolución de la vanguardia artística de los años veinte y treinta del pasado siglo del arte puro al compromiso.

Entre Un perro andaluz (1929) y Las Hurdes (1932), La edad de oro (1930) ocupa un puesto clave en esta evolución. En ella, de acuerdo con lo que sucedía en el grupo surrealista de París, Buñuel comienza su propio camino de rehumanización del arte. Sin abandonar la vanguardia, denuncia el inmovilismo y la hipocresía de la sociedad burguesa. Estos asistentes a una fiesta de la alta sociedad que son capaces de ignorar la violencia con la que un padre asesina a su hijo por una tontería porque no pertenece a su escala social pero se indignan por el bofetón que el protagonista da a la madre de su amante por haberlo manchado retratan una clase social parásita y decadente. Buñuel utiliza muchos resortes para poner en evidencia este tema: el documental sobre los escorpiones del inicio -un esquema del resto de la película-, la escatología relacionada con el sexo, la insatisfacción sexual de la joven objetivada en la vaca que se encuentra en su cama, la utilización de los rituales sadomasoquistas de la parte final de la película en una secuencias que fueron consideradas una blasfemia y condujeron a la prohibición de la película, etc.

Pero hay algo más en estas tres obras: el mismo cine. Buñuel supo ver la importancia que tendría el cine en el siglo XX, su carácter artístico más allá del mero producto comercial y su capacidad para intervenir en la situación social bien a partir de la mera conmoción artística, bien como barril de dinamita para hacer estallar los convencionalismos o como herramienta de denuncia en el documental sobre Las Hurdes. Estas tres películas son, sobre todo, tres formas de explorar todas las posibilidades de este medio.

Siempre me ha llamado la atención la poderosa modernidad de La edad de oro, que mantiene la capacidad de despertar en el espectador el asombro, la irritación, la sorpresa, la risa y la reflexión. O la incomodidad. Las escenas del jardín, cuando los dos amantes viven en pocos minutos la historia completa de una vida en pareja llega a su culminación en la primera aparición del monólogo interior en una película -hay muchas cosas que Buñuel inventa para el cine en esta película, como el montaje de los sonidos de una escena en otra-. No es solo la solución técnica del monólogo interior sino lo que se dice en él de forma tan brutalmente lírica.

Es curioso, tengo la sensación de que hemos envejecido nosotros peor que estas tres primeras películas de Buñuel, que se conservan tan vigorosamente nuevas como cuando se estrenaron.

7 comentarios:

Rita dijo...

Magnífico cine de Buñuel.

Besos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Creo que las he visto, pero hace mucho tiempo, por lo que estaría bien que las volviera a ver. Sí que he leído, no hace mucho, su autobiografía, no sé si la conoces, y me gustó mucho.
Gracias por esta entrada, Pedro.

Un abrazo

Antonio Aguilera dijo...

Se carga la cabaña ganadera: el caballo muerto, ,la vaca en la cama...

Kasioles dijo...

Importante director que ha dejado una profunda huella en la historia del cine.
No he visto ninguna de las películas que mencionas, pero las tendré grabadas en la memoria por si cualquier día tengo ocasión.
Cariños.
kasioles

pancho dijo...

Yo por lo menos he envejecido más y peor que las películas de Buñuel, pero ahora las entiendo un poco más que cuando las veíamos de jóvenes, en los Cine Forum de aquella época. Ahora al menos las soporto y las veo enteras.Qué buena restauración de Un perro andaluz.
El cine de Buñuel es un buen ejemplo de que pensamos en imágenes. Un privilegio tener tan a mano ahora sus primeras películas, lo que el veía con su genial y creativo ojo de artista.

Paco Cuesta dijo...

El título remite al paraíso imaginado por Hesíodo pero comienza precisamente con la negación del mismo.
Un abrazo

impersonem dijo...

No sé nada de Buñuel y menos de cine... por lo que tu texto me ha resultado muy ilustrativo...