jueves, 2 de enero de 2014

Popularidad de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda y noticias de nuestras lecturas

Diseño de Rita para la lectura del poemario de Neruda

He tenido que rebuscar algo en mi biblioteca particular para hallar este ejemplar de los Veinte poemas de amor y una canción desesperada de Pablo Neruda. Sabía que lo tenía pero me aparecieron antes otros más modernos. Temí, por un momento, haberlo perdido en una de mis muchas mudanzas. Se trata de la vigésimo quinta edición (26-V-1978) en esa colección de bolsillo de la Editorial Losada a la que debemos tanto, la Biblioteca clásica y contemporánea. Como era de esperar, la compré en la Librería Sandoval de Valladolid siendo muy joven, a principios de los ochenta. Recuerdo todavía mi primera lectura de aquellos versos y cómo influyeron un tiempo en los míos. Neruda siempre escribió con una fuerza arrolladora para bien y para mal y es difícil para un joven lector con apuntes de poeta substraerse a su influencia. Con Neruda me ha ocurrido como con otros poetas: tiempos de pasión y tiempos de distancia. A veces me he puesto profesoral con él, en otras ocasiones me he cargado de ideología para defenderlo, pero siempre he vuelto a estos poemas de una manera o de otra. Aun reconociendo sus defectos, me ocurre con los Veinte poemas de amor y una canción desesperada algo que no me sucede casi nunca. siempre logran devolverme a mi primera lectura, así que algo tendrán para conseguir ese efecto.

Esta edición se hizo con motivo de los dos millones de ejemplares vendidos por Neruda de este poemario, algo insólito para la poesía española, y por eso se acompañó de las ilustraciones de Raúl Soldi. Cuando en 1960 se habían vendido solo un millón de ejemplares, el poeta escribió una Pequeña Historia para que sirvirera de explicación. En ella, él mismo se extrañaba y, a la vez, se enorgullecía del éxito:

Por obra del curioso destino, los Veinte poemas continúan siendo un libro de aqeullos que se aman. por un milagro que no comprendo, este libro atormentadao ha mostrado el camino de la felicidad a muchos seres. ¿Qué otro destino espera el poeta para su obra?.

Desde 1924, este poemario no ha hecho más que crecer en lectores. Sus ediciones se han multiplicado, se ha aprendido de memoria y en Internet pueden encontrarse con facilidad decenas de videos con el texto recitado. Cuando escribió los pemas, Neruda era apenas un joven recién salido de la adolescencia. Según los testimonios biográficos, la mayor parte de los textos están dedicados a una sola mujer, Albertina Rosa, pero no todos. Esto importa solo para la anécdota, porque lo interesante es cómo aquel joven chileno encuentra una fórmula de éxito para expresar, a principios del siglo XX, una forma moderna de amor en la que la carnalidad y la expresión libre y directa son protagonistas. Hay en los Veinte poemas y una canción desesperada una sinceridad arrebatada que ya anuncia la desbordante manera poética que será una de las marcas del estilo de Neruda. Pero esa sinceridad tiene genio poético, uno que le viene de Rubén Darío pero que Neruda sabe hacer propio.

A estos poemas les pasa como a las rimas becquerianas. en su popularidad está su peor enemigo. No es culpa suya, sino de los lectores acomodados. De tan sabidos y repetidos, tan leídos en la superficie de lo que dicen, muchos acaban gastándolos o huyendo espantados de ellos. Pasado casi un siglo, además, a algunos les parecen demasiado tópicos y los desprecian precisamente por populares -quizá por envidia de quien supo hacerlo a edad tan temprana y en época como aquella en la que esta expresión amorosa parecería deber guardarse en secreto-, como si no hubieran sido el tronco fértil del que nacieron todos los que les imitaron, como si no fuera necesario revisitar las cosas en su lugar de nacimiento para comprenderlas mejor. Y a eso es a lo que dedicaremos este mes de enero.

Noticias de nuestras lecturas



Luz del Olmo nos regala una hermosa inspiración nerudiana para comenzar el año. No os la perdáis.

Mª Ángeles Merino comienza en Neruda indicando las diferencias, debidas a la edad y la experiencia, entre la forma de hablar de la pulsión amorosa en la madurez y en la juventud. Muy acertado este comentario para comprender algunas de las claves de los Veinte poemas.

Mª Ángeles Merino nos felicita el año con Muñoz Molina, es decir, con el deseo de que hayamos aprendido algo.

Pancho continúa su extraordinario comentario de Muñoz Molina, con un par de claves ahora: la exhuberancia de nuestros políticos, sobre todo tras encontrar la piedra filosofal de la comunicación, y el elogio que encierra todo el libro al pensador que se atreve a ir contracorriente. Pasa después a comentar, con todo acierto, uno de los pasajes claves del libro, aquel en el que se menciona cómo en España se mezcla todo y esa mezcla nos lastra.

Cuarta entrega revulsiva y acerada de nuestro Antonio Aguilera sobre Todo lo que era sólido: la fiesta como nueva forma de pan y circo...


Ya sabéis que recojo en estas entradas de los jueves los comentarios que los seguidores del Club de lectura hacen en su blog hasta el miércoles y aquellos que me dé tiempo del mismo jueves. Si me he olvidado de alguno, os agradecería que me lo hicierais saber.

12 comentarios:

Antonio Aguilera dijo...

También he vuelto a recordar mis 15 años cuando leí por primera vez los Veinte y una. "Namoraizo" q era uno, y vaya descubrimiento mas genial. Llegué a engañar a alguna piva q copié un par de ellos diciendo q eran mios: ahh, cayó rendida ...

Señor De la Vega dijo...

A diferencia de mi Señor Ojeda o de mi Señor Aguilera, mi lectura de Neruda ha sido en la madurez.

En mi adolescencia no eran los versos del chileno texto obligatorio en mi colegio e instituto y mi primera fase poética independiente nace y muere entre los 13-14 y 16 años, periodo en que las prácticas sexuales, no se dieron, pero escribía versos a las chicas de las que caía enamorado, sin leer a ningún poeta y sin copiarlos tampoco; esa etapa ofreció como resultado decenas de poemas amorosos que nunca he vuelto a recuperar (no lo lamento, no fui un poeta maldito, sino malito), sólo uno de los míos, recuerdo íntegramente de memoria y lo puntuaría con un 1 sobre 10, algo motivador, pues ese uno apuntaba al dos y no al cero patatero.

Algún poema de amor, de los veinte de Pablo Neruda los habré leído pasados los 30 años de edad, seguramente en textos recopilatorios de poesía, pero con nulo impacto en mi memoria a largo plazo; el resto de poemas de seguido y asumiendo lo que leía, ya fue en mi período pre-zorril o zorril, como ejercicio de documentación y análisis para mi personaje.

Mi opinión personal sobre el poemario en cuestión, es que vale como cualquier otro poemario para gozar la poesía (o conseguir que se aborrezca), pues la lectura de poemas es un perfecto catalizador (a veces) en el desarrollo personal de la expresión poética y mucho más si ayuda a arrancar al menos otros veinte poemas de amor decentes o indecentes, a cualquier edad.

Si ahora mismo me encontrase cualquier poema de aquellos de Neruda o parecidos, firmado por varón o mujer en la blogosfera y consiguiese engañarme en la autoría (algo difícil), y fuese mi momento de la noche, entraría en su balcón a decirle hermosas cosas, porque todo poema merece hermosa réplica, tan solo por el hecho de ser poemado, la calidad importa, pero la cualidad lo es todo para el Zorro.

Machacar poemas no es lo mío, no soy un crítico ni un sádico, de hecho, hago siempre lo contrario por principio, dialogar con los versos vivos que me encuentro con toda mi viveza; a menos que el poeta esté ricamente glorificado en vida o muerte, y aún así, sólo cuando venga al caso desde el respeto entre gente que respeta, con humor y cuando sirva para estimular la lectura de poesía diferente o tal vez escribirla.

Dicho lo cual y antes de cualquier desgarre o marca zigzag por mi parte a la lírica nerudiana en esta lectura compartida, dirigida por el Señor Ojeda, reconoceré nuevamente, que por el hecho de escribir veinte poemas de amor (ni uno más ni uno menos) cualquier persona nacida o por nacer, merece mi aprecio y mi elogio, y como es obvio el señor Pablo Neruda no podría ser menos, ya que además hizo mucho más con su lírica que escribir aquellos 20, a sus casi veinte años de edad, durante los años 20 del pasado siglo XX.

Suyo, Z+

elisa lichazul dijo...

yo prefiero los versos de capitán a los 20 y la canción desesperada

la madurez del hombre se nota mucho más en los versos de capitán, tienen sus versos como decimos acá más enjundia, más compromiso, más pasión, más visera


Besos y feliz fin de semana PEDRO

São dijo...

Há tantos e tantos anos que li esse livro de Neruda!

Concordo: temos que respeitar a raiz de onde sai a obra, mas . lamentavelmente até alguns dos escritores renegam as suas primeiras obras...

Querido amigo, tem bom final de semana

Esther dijo...

Teniendo en cuenta que los Veinte poemas y la canción desesperada los escribió tan joven, este diarío de amor, deseo y soledad es todo un mérito de sensualidad y belleza. Yo creo que a pesar de su popularidad, uso, desuso y desgaste, este poemario sigue siendo un festival de sensaciones para enamorados, será que el amor para el que lo siente, siempre es nuevo? Una pregunta me ronda la cabeza: los que salen "huyendo espantados de ellos", no será miedo o escrúpulos a la sensualidad? La pornografía, creo, no nos aterra tanto.

pancho dijo...

La descripción de tu número del poemario de Neruda me ha llevado esta mañana a buscar "Confieso que he vivido" que sabía que tenía en algún lugar. Resulta ser una primera edición de 1974 editada por Seix Barral. Seguro que yo lo compré un par de años más tarde. Lo he hojeado y me han hecho gracia alguna de las anotaciones que hice en algunas páginas, sobre todo por su militancia política. Eran otros tiempos y éramos mucho más jóvenes.

En general la poesía es un género literario de minorías cultas, pero Neruda es un poeta best seller, de ahí que a menudo haya sido "leído en la superficie". Pero bien que lo han imitado.

Le estoy dando vueltas a: "me oyes desde lejos, pero mi voz no te alcanza" en la voz de Paco Ibañez. Y se alegra de que no sea cierto.

Se nos ha echado encima enero y no hay manera de terminar Todo lo que era sólido, habrá que terminarlo. Un placer leer cómo estáis abordando a Neruda sin yo tener más que leeros...
Un abrazo y gracias por los piropos.

Abejita de la Vega dijo...

Confieso que había leído muy poco de Neruda, ni siquiera el famoso "Confieso que he vivido". Ya te comenté las vueltas que di a las "Veinte poemas...". Partí de lo que conocía, "El insecto", y algo me salió. Y con ayuda...

Pero con tus entradas, estoy segura, iré entrando...

Desde Vandalia, un abrazo.

Omar enletrasarte dijo...

quizás por estar en tierras donde los poetas se paren como hongos, las influencias están -digo quizás- porque en mi época de gurí se leían los clásicos y los más renombrados
.
el gusto por la poesía está y de esa manera seguí la lectura, pero a todos y con todo, incluso los más ignorados
.
en fin, en poesía, el entorno manda, escribe, "apalabra" y no se puede negar que algo siempre llega de Neruda, Gelman, Borges, Benedetti, Falco, etc.
.
Profe, aquel abrazo

Myriam dijo...

Te sigo ya aprendo contigo, como siempre, aunque no creo que haga aportes a esta lectura. Por supuesto que leo también a mis compañeros.

Besos

Myriam dijo...

y aprendo, dice

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

A modo de disculpa, quiero decirle que llegué tarde. Hice una entrada con uno de los ‘Veinte poemas de amor’ ...el jueves.
Así para la próxima semana tendré el trabajo hecho, con seguridad.

Un abrazo.

DORCA´S LIBRARY dijo...

Aquí dejo mi comentario del libro de Neruda:"Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada".
El volver a leer este libro, me ha traído muchos recuerdos. Es curioso que ahora, su lenguaje me ha parecido más sencillo.
Neruda repite algunas palabras en diferentes poemas, incluso a veces, en el mismo. Hay una que es casi una obsesión: "Ausencia". Aparece varias veces tanto en su forma de adjetivo, como de sustantivo.
Los dos últimos versos del décimo poema, me encantan:
"Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas".
Cuando ella se va, todo desaparece, incluso lo más sólido.
En el último poema, Neruda expresa el dolor que el final de ese amor le ha causado. Y ese dolor le hace caer en la contradicción:
"Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido".
Una ruptura sentimental es como la caída desde un alto, el verdadero dolor que el porrazo te produce, se empieza a sentir después de un tiempo, en frío.
En este mismo poema, Neruda da la posible clave del final de su historia de amor:
"Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos."
Con los buenos libros puede ocurrir lo contrario que con las historias de amor pasadas, cuanto más los recuerdas, cuanto más vuelves a ellos, más los disfrutas.

P.D. No sé si este comentario me habrá quedado correcto literaria y gramaticalmente hablando, pero hay libros que te producen tales sensaciones, que no puedes ser objetivo en su análisis. Lo mismo me ha ocurrido con el comentario del libro de Muñoz Molina, me temo que, al final, me salió un poco visceral. Creo que hay que ser honestos a la hora de expresar lo que un libro te sugiere. Si esto aporta un granito de arena a esta tertulia, estupendo, si no es así, siempre se puede usar como punto de debate, ¿no te parece, Pedro?
Saludos.