domingo, 15 de diciembre de 2013

¿Cuál es el nivel de hipocresía social aceptable? Misántropo, versión y dirección de Miguel del Arco basado libremente en el original de Molière


En sus últimos años, ya enfermo, Molière escribió uno de sus títulos esenciales, El misántropo (1666), en el que retrataba un tipo humano y una sociedad. El protagonista de la obra, Alcestes, es un hombre de tanta rectitud moral y de valores que no puede soportar la hipocresía de la sociedad, inmersa en una fiesta continua de vanidades y regida por la hipocresía y el interés. Sin embargo, Alcestes no puede controlar sus emociones y se enamora de Celimena, una mujer que aunque afirma amarlo en todo momento, no quiere renunciar a la vida en sociedad que más rechaza Alcestes. De ahí deriva un conflicto intensificado para el protagonista: al malestar que le supone la sociedad se le añade el dolor que le produce el amor. Es una de las obras más difíciles de Molière precisamente por este carácter del protagonista. En teoría, cualquier espectador con sentido de la rectitud se muestra inclinado hacia Alcestes pero la extremada rectitud de sus valores morales dificultan la empatía porque nadie está dispuesto llevar a tal extremo la exigencia de moralidad que dificulte su propia integración en el mundo. El espectador lo ve sufrir y destruirse por no saber adaptarse, por no tener un margen de concesión. Sin embargo, cualquier decisión lo destruiría como personaje. Es decir, en su esencia está lo que nos atrae de él y lo que le destruye. Por eso, el espectador suele empatizar mejor con la pareja Filinto y Elianta, que intentan, desde el amor que sienten por Alcestes, salvarlo de sí mismo y protegerlo de la sociedad.

Era difícil el reto que se proponían Miguel del Arco y Kamikaze Producciones al actualizar la obra de Molière. Su propuesta no parte del montaje de un clásico sin más sino traerlo a nuestra época. No suelo ser partidario de la actualización de los clásicos, pero Miguel del Arco ha sido honesto, no afirma poner en escena El misántropo sino misántropo, un texto basado libremente en la obra de Molière. Las razones de su propuesta parten de un cuidadoso estudio de las mismas tesis dramáticas del autor: "cuando pintáis a los hombres, hay que hacerlo del natural. Se desea que esos retratos tengan parecido, y no habréis hecho nada si no lográis que se reconozca en ellos a las gentes de vuestro siglo" (La crítica de la escuela de las mujeres, citado en el prospecto del montaje). La deconstrucción de la obra de Molière y su reescritura, sabiamente pensada por Miguel del Arco, nos propone un escenario y unos comportamientos y costumbres contemporáneas: un callejón sucio al que salen los personajes desde el local en el que se celebra la fiesta que Celimena ha organizado al personaje poderoso para el que trabaja. Los personajes se han convertido en miembros de un partido político, ejemplos de nuestra sociedad corrupta y sin valores, que solo piensan en halagar a los poderosos y participar del reparto de beneficios y prebendas sin importarles ni el bien común ni los valores que dicen defender.

En esencia, el conflicto de Alcestes es el mismo que en la obra de Molière: se muestra incapaz de poder tolerar la hipocresía social y habla siempre con la verdad, lo que le trae numeroso problemas. Además, el amor que siente por Celimena le expone doblemente al dolor: al que siente ante una sociedad hipócrita se le suma el que le provoca el sentimiento por una mujer que no solo no quiere renunciar a esa misma sociedad sino que está dispuesta a aprovecharse de todas las estrategias que le lleven hacia el éxito.

El resto de los personajes son parte de esa sociedad hipócita. Entre ellos se encuentran todos los grados: desde aquellos que manejan los hilos hasta los que se limitan a sobrevivir aunque sigan guardando dentro de sí unos valores morales que les hacen apreciar a Alcestes e intentar salvarlo, a la vez, de sí mismo y del mundo. Pero la tragedia de Alcestes es inevitable. La propuesta de Miguel del Arco marca con mucho cuidado todos los pasos en este proceso (excelente la proyección de la sombra como hombre de arena del protagonista): desde la comedia inicial hasta el drama último en el que Alcestes debe cumplir su carácter como personaje que consiste, a la vez, en la afirmación de su esencia y en su separación radical del mundo con todo el dolor que ello le supondrá porque la misantropía de Alcestes en Molière -y más aún en este montaje- no es solo una crítica social sino también un drama íntimo y profundo. Miguel del Arco ha limado todos los aspectos de figurón que pudiera tener el personaje para llevarlo hacia ese terreno mucho más doloroso. El espectador se siente interrogado en todo momento, necesita responder a la pregunta esencial de la obra: ¿en qué lugar se encuentra él mismo? En efecto, en qué lugar estamos cada uno de nosotros en la fiesta de hipocresía y vanidad que supone el mundo y cuál es el nivel de hipocresía propia y ajena que toleramos y que aceptamos en nuestro comportamiento para poder vivir en sociedad.

Todo en ese montaje funciona: los actores (individualmente y como grupo), el escenario, el tiempo, el diálogo, el vestuario y la iluminación. Incluso los números musicales. Quizá sea demasiado repetitivo el uso del efecto de cámara lenta, una concesión efectista de Miguel del Arco que hubiera tenido que reducirse.

Vi la obra, estrenada el 18 de octubre en el Teatro Palacio Valdés de Avilés, en el Teatro Calderón de Valladolid ayer sábado 14 de diciembre.

5 comentarios:

elisa lichazul dijo...

la hipocresía tiene estudios completos y hasta doctorados, por eso es tan fría y tan evidente

que para quien es solo simiente la reconoce enseguida

buena semana Pedro

Abejita de la Vega dijo...

Sólo un microgramo de hipocresía es suficiente para producir efectos secundarios.
Mi abuelo decía "manos besa el hombre que desearía ver cortadas". Terrible cosa la hipocresía. El gran Moliere se ocupó de ello.

Besos, hasta mañana.

Paco Cuesta dijo...

Invitados quedamos
Gracias

Myriam dijo...

Muy interesante propuesta, más con tu reseña. Vi en el tablero que la obra se presentará en Madrid, en el Teatro Real: Abril, Mayo, Junio, sería genial poderla ver allí, si lograra cuadrar mi viaje a España en esas fechas. De momento, veré la versión esp. Tradicional de Molière de 1970 que enlazas. Volviendo a M. del Arco, el nombre de su productora hace, por lo visto, honor a su nombre por la audacia de la propuesta.

Gracias y besos

São dijo...

A hipocrisia me repugna, Aliás, se há coisa que não perdoo de todo é a mentira.

Temos que fazer concessões para viver em sociedade? Sim, mas não a ponto de destruirmos os nossos valores nem a verdade.

Meu querido amigo, no meu carinhoso abraço, te desejo e aos teus, festas alegres, Natal de amor e paz e um 2014 bem melhor que 2013.