miércoles, 2 de octubre de 2013

La puerta de la cocina


La rutina le había caracterizado durante toda su vida. Subía todos los días a la cocina a las dos en punto. Tomaba la botella de tinto de Cebreros y llenaba un vaso de vino allí mismo, en la encimera. De espaldas a la puerta, se lo bebía sin prisas. Era una prueba a la que se sometía desde hacía años, desde que decidió que el alcohol no le dominaría más. Sólo ese vaso y ni un sorbo más. Todo lo demás se había derrumbado en su vida: ella lo había dejado con una excusa tonta que ya no recordaba; había perdido el trabajo porque la empresa para la que trabajaba se había acogido a la última reforma laboral y se fue a otras tierras; a sus casi sesenta años nadie le daba trabajo y ya no sentía fuerzas para emprender un negocio o para marcharse de su pueblo; a la salida de un supermercado le habían asaltado e intentó defender la cartera con los últimos billetes que le quedaban para terminar el mes pero no pudo evitar que la navaja le partiera el corazón en dos. No lo sintió. Ya había muerto cuando ella lo dejó con una excusa que no lograba recordar mientras buscaba la explicación por la que la puerta de la cocina de su casa no encajaba bien en el marco a pesar de arreglarla cada mañana.

16 comentarios:

elisa lichazul dijo...

somos una sumatoria de constructos , derrumbes y escombros

besos

São dijo...

Triste história, infelizmente tão próxima da realidade desabrida que é a nossa.

Querido Pedro, bons sonhos

Pamisola dijo...

Es la tristeza de las vidas cuando no encajan unas con otras, igual que esa puerta rebelde.

Myriam dijo...

Venía a ponerte un comentario, pero cuando subí a tu blog, un ladrillo del techo de esa cocina destartalada me dio un golpe seco, que dividió mi cerebro en dos partes. Uno quedó bobo y el otro más que bobo. Ahora, no me acuerdo lo que iba a escribirte -perdona- y encima, cuando quise irme quedé atascada en el marco que al final, me llevé encajado, al menos podré hacer leña con él y frío no pasaré en el invierno, gracias a este pobre señor descorazonado.

Besos

Ele Bergón dijo...

Las primeras muertes sino se superan...pueden conducir al filo de la navaja.

Triste historia, pero muy real.

Un abrazo

Luz

LA ZARZAMORA dijo...

Hay puertas que no conviene arreglar...
Besos, Pedro.

MIMOSA dijo...

No hay mayor mal que estar muerto en vida y seguir deambulando por ella.

Besos, Pedro

Paco Cuesta dijo...

Un edificio se derrumba por viejo o mal construido, nosotros por cosas más sutiles.
Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

A veces parecemos un edificio descarnado, necesitamos reformas, mejor, obras.
Besitos.

Abejita de la Vega dijo...

Ruina al fin.

Spaghetti dijo...

Que tragedia!!...cuando hacen que las cosas empeoren, los avances retrocedan...la vida no vale nada.

virgi dijo...

Da gusto leerte, muchacho, nos llevas con buen pie hasta donde sea y te seguimos fielmente.
Besos
(con puertas o sin ellas)

María dijo...

¡Qué vida más vacía! cuando nada te queda, cuando sientes que no sirves para nada.

Es muy bonita la fotografía.

Un beso.

dafd dijo...

Así nos veo colectiva e individualmente. Algo que va perdiendo, perdiendo y, al final, nadie lo quiere. Y qué queda sino esperar en un banco, tirado, consumido, y desaparecer entre la indiferencia en un perdido albergue.

Campurriana Campu dijo...

Es fácil que todo se derrumbe a nuestro alrededor. Tan fácil como queramos.
Pedro, ¡cuánta fortaleza tenemos que tener! ¡cuánta!

Aldabra dijo...

muertos en vida.

bicos,