jueves, 31 de octubre de 2013

Balance de la lectura de Intemperie de Jesús Carrasco y noticias de nuestras lecturas.


Intemperie es una excelente novela que llega tarde y pronto. En el contexto de la literatura occidental, especialmente en la anglosajona, en la que ha querido instalarse públicamente el autor en sus declaraciones, no supone ninguna novedad, sino todo lo contrario, llega cuando el género parece comenzar a agotarse. Este tipo de narrativa, que tiene ya unos cuantos años de vida y que ser remonta a precedentes claros cuya raíz común es el naturalismo de finales del siglo XIX y su tronco crece con el expresionismo y el existencialismo por un lado y la recuperación del sentido trágico que se dio en el siglo XX, especialmente en el teatro. Influida por los géneros cinematográficos que buscan esas nuevas formas de reavivar la esencia de la tragedia clásica en un mundo moderno, esta tendencia gana adeptos y sorprende, sobre todo, cuando recrea un ambiente casi apocalíptico, de final de los tiempos, en los que los seres humanos son víctimas de un entorno hostil y de otros seres humanos que se comportan con inusual violencia (la exageración de los rasgos es una de las características del género), en el que deben aprender a sobrevivir con unos pocos recursos y la ayuda de aquellos que también son vícitmias pero aún guardan comportamientos piadosos. El final de este tipo de argumentos dependerá de las creencias y la ideología del autor: cabe desde la visión esperanzadora hasta el nihilismo más absoluto. Hemos analizado cómo en Intemperie Carrasco se decanta por una visión teológica, por mucho que no lo parezca a primera vista.

En el contexto español, la novela ha sorprendido porque tal y como se nos ha presentado -es decir, con la intensidad con la que usa todos los recursos de esta fórmula narrativa y el excelente trabajo editorial- ocupa un lugar vacío en la narrativa española actual. Es decir, en Intemperie se aúnan la excelencia de la escritura y la oportunidad. Sin embargo, no carece de precedentes y aunque el autor no quiera adscribirse a ellos, es justo recordar los principales, como ya hicimos en la primera entrega de esta lectura.

Sin embargo, Intemperie es una vía muerta. Este tipo de fómulas literarias, por sus mismas características, diícilmente pueden tener eco. Más excatamente: los ecos nunca están a la altura de la voz primera. Carrasco sólo podría continuar este tipo de narrativa con éxito si se decantara definitivamente por una narrativa alegórica, como ya hiciera, por ejemplo, Saramago, maestro del género. De todas las formas, las indudables habilidades técnicas demostradas en Intemperie y la sabiduría mostrada a la hora de construir una narración hacen concebir esperanzas sobre las próximas obras de este autor. Sería deseable que Intemperie fuera un impulso y no una losa.

Noticias de nuestras lecturas

Pancho concluye sus aportaciones sobre Intemperie fijándose en los detalles y de allí saca conclusiones nada pequeñas, sino sustanciales, sobre la novela. Excelente entrada esta.

Mª Ángeles Merino relata la angustia de la escena del torreón desde las emociones del muchacho protagonista, lo que aumenta la intensidad de su significado.

Paco Cuesta llega a la raíz de una de las características de Intemperie: la esencialidad de las cosas por la que sobran nombres de personas y lugares y los datos del tiempo. Carrasco, en efecto, juega con las emociones universales para conseguir el efecto querido en la recepción.

En noviembre, la Estafeta romántica de Benito Pérez Galdós



En diciembre leeremos La estafeta romántica, de Benito Pérez Galdós (Episodios Nacionales, Tercera serie, número 26), obra de la que hay suficientes ediciones comerciales en papel y libro electrónico y que podéis encontrar en una correcta edición digital gratuita en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes aquí. En esta Biblioteca tenéis una excelente información sobre el autor y su obra en el portal correspondiente. Como os dije al publicar la lista de obras del presente curso (que podéis encontrar en este enlace), tenía ganas de volver a los Episodios Nacionales y he querido hacerlo a través de uno de los menos conocidos que os sorprenderá a aquellos que tengáis una idea preconcebida de estas novelas galdosianas. Comenzamos el jueves próximo.

10 comentarios:

José Luis Ríos Gabás dijo...

De acuerdo, comenzamos el jueves. Tus comentarios, y los de otros también, sobre Intemperie han suavizado un poco y girado a su favor mi primera impresión sobre la novela, que no ha acabado de gustarme, aunque la valoro positivamente, como a su autor, por supuesto. Pero está bien que sea así

PENELOPE-GELU dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Procuraré escribir para este jueves próximo un post dedicado a 'Intemperie'.
Intentaré seguir la lectura propuesta para el mes de noviembre.

Saludos.

Abejita de la Vega dijo...

Me colaré en ese magistral cruce de literatura y vida que es "La estafeta romántica". Lo mío también serán...cartas. Tengo que cantarles ya las cuarenta a doña Mariquita y a doña Teresa.

Sin abandonar al chico de "Intemperie" que ya se dirige en el burro hacia la aldea abandonada. Acabaré la tarea de sacar fuera los sentimientos que Carrasco le negó. Esperemos que el autor acierte con una segunda obra, estará en ello, supongo.

Seguimos leyendo y machacando teclas, ya de por sí machacadas con mi trabajo diario, más prosaico. De vez en cuando, minimizo y me encuentro en un secarral ibérico o en una casona rural decimonónica desde la que se escriben cartas...

Besos

pancho dijo...

El autor traza un ser humano contradictorio sobre todo en la figura del cabrero. En su manera de actuar hay de todo. Está bien presente la figura de los hijos de Caín, cuya mala sombra tan bien retrató Machado. Una tierra despiadada donde prima el ojo por ojo, el derecho al linchamiento público, el escarmiento sobre los canallas por parte del pueblo enfurecido, los eternamente agraviados. Pero también la solidaridad y generosidad con los desvalidos. La fidelidad que va más allá de la muerte. El cabrero gana una batalla después de muerto, como el Cid, al conseguir que el muchacho lo entierre con sus propias manos, sin herramientas. Hay que haber cavado en un pinar para saber en qué consiste eso.
Ya estamos enfrascados en el género epistolar. Cuánto se aprende leyendo a Galdós de ese siglo XIX del que tanto hemos huido por su complicación para entenderlo. Gracias por la excelencia inmerecida que le otorgas al comentario.
Un abrazo.

LA ZARZAMORA dijo...

Espero lo mismo que tú, su segunda novela.
Besos, Pedro.

Paco Cuesta dijo...

Como anteriores aventuras lectoras ha sido ésta una hermosa experiencia, quizá más novedosa por el modo de hacer del autor. En cualquier caso enriquecida por la dirección y el equipo de seguidores. ¡Sigamos!
Un abrazo

elisa lichazul dijo...

nada
solo vine a dejarte un abrazo energético

:D

Tesa dijo...

Intemperie:
Simplemente el título se me hace sugerente y atractivo.

MIMOSA dijo...

A mi me gustaría poder apreciar otras vertientes del autor y que no se encasillase. Que haga tablas en otros estilos, así podremos saber de que madera está hecho y si puede nadar con fluidez en otras aguas.

Hasta ahora muda en las lecturas, para mi ha sido un auténtico placer poder colaborar.

Gracias


Myriam dijo...

Caliento motores para BP Galdós.