sábado, 14 de septiembre de 2013

Los amantes de la Peña de la Cruz


Los amantes de la Peña de la Cruz habían subido en motocicleta. Dejaron atrás Llano Alto y levantaron una nube de polvo que tardó en caer de nuevo sobre la tierra seca. Adelantaron a un par de grupos de senderistas que llevaban su mismo camino pero con diferente intención. Llegaron al mirador, aparcaron la moto y caminaron por entre las rocas graníticas que coronan la Peña. Él la ayudó a ella para que no resbalara. Eligieron un lugar desde el que contemplar la puesta de sol, dejaron los cascos de la moto en el suelo y se sentaron. Ella se descalzó y con un movimiento de cabeza hizo que la melena cayera sobre su espalda. El verano estaba en su mitad exacta y no había prisas.

- Prométeme que me querrás siempre.
- Te querré siempre.
- Y que todos los años subiremos a la Peña para que me lo digas como si fuera la primera vez.
- Todos los años subiremos a la Peña para decirte que te querré siempre.

Ninguno de los dos mentía porque ninguno de los dos era dueño del futuro. En ese momento justo, el sol tocaba los picos de la sierra que cerraba el horizonte, justo enfrente de su beso. Quedaba poco para el oscurecer pero el tiempo suficiente para que ese momento tuviera la consistencia exacta de la frágil eternidad de un instante.

15 comentarios:

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda,
Uno intuye que para construir un relato de “amor verdadero” la tragedia es un ingrediente imprescindible, a priori, durante, a posteriori o en cada párrafo.

Para que sus amantes gocen de ese epitafio, yo los despeñaría o fulminaría con un rayo o congelaría en las alturas…, en alguna de sus anuales escaladas, no es crueldad (que conste) es que resulta la única manera literaria de construir el amor absoluto en el imaginario; porque el tiempo de por si, es aún más cruel, y no solo acaba con el amor, acabará también con el observador, el lector, la moto y pasados los milenios hasta con la Peña.

Suyo, Z+-----

elisa lichazul dijo...

acá los atardeceres son siempre hacia el lado marino
los amaneceres en cambio son cordilleranos

bonita foto PEDRO
buena jornada

María dijo...

Enternecedor tu escrito, Pedro.

Un beso.

São dijo...

Um terno e belo texto, amigo mio.

O amor é sempre eterno, pensa quem está apaixonado.

Querido Pedro, bons sonhos, rrss

Gelu dijo...

Buenas noches, profesor Ojeda:

Ese momento -en si mismo- ya fue precioso y eterno.
La pareja con el tiempo -aunque se amen igual que el día que contemplaron esa puesta de sol- no podrán subir en motocicleta. Será suficiente el recordar, y mejor si es juntos.
Dejo una canción de Jimmy Fontana.

Saludos

Spaghetti dijo...

Recreando a Jihnny Guitar desde las alturas?

Merche Pallarés dijo...

Me troncho con el SEÑOR DE LA VEGA... Pero el relato es muy bonito y romántico. Besotes dominicales, M.

Abejita de la Vega dijo...

Nada es eterno.

Marina dijo...

Promesas en el tiempo, ciertas pero efímeras.

La Peña de la Cruz pone el contrapunto de lo que prevalecerá indestructible...¿o no?

Besos de puesta de sol.

virgi dijo...

Tan precioso, Pedro, aún sabiendo que las promesas se las lleva el viento. Besos

Ele Bergón dijo...

Me encantan los atardeceres y siempre que puedo los contemplo, si además están acompañados de un beso, mejor que mejor.

Un abrazo

Luz

Luis Antonio dijo...

Eso son promesas y no las de los políticos en campaña electoral.

Myriam dijo...

Se suelen prometer muchas cosas en la etapa inicial de una relación, 3en este caso sentimental, pero las personas y las relaciones evolucionan y se transforman. Nada permanece estático y además es un trabajo permanente mantener una relación (no solo de pareja, también de amistad o cualquier otra). Un trabajo de dos. Por eso, cuando se promete a futuro, si no se hace ese trabajo, todo queda en agua de borrajas o aún, en algo peor.

Besos

PD- La luz de tu foto es magnífica.

dafd dijo...

El beso es un punto singular, una esfera en que lo uno y el todo son uno. Un gesto, un silencio, una palabra son el beso mismo, o sea, el mundo entero.

José Luis Ríos Gabás dijo...

No la conocía, esa Peña. La foto me parece magnífica, por la luz del momento, el punto de vista frontal, pero también por la inclusión de personas, que convierten la foto en algo más que paisaje y sirven de ilustración a tu texto.

Un abrazo