domingo, 22 de septiembre de 2013

El final del Estado del bienestar



Al fin se ha puesto fecha a su clausura y nombre a la fase siguiente. Se ha declarado la muerte oficial del Estado del bienestar y su sustitución por una sociedad participativa. Ha sido en Holanda pero podría haber sido en cualquier otro lugar de la Europa occidental. El debate sobre la sostenibilidad del llamado Estado del bienestar es antiguo, tanto como la elaboración del concepto tras la Segunda Guerra Mundial, aunque se ha agudizado en los últimos años como una de las consecuencias de la actual crisis económica. Hay que decir, previamente, que el Estado del bienestar europeo no se había generalizado en todo el mundo y que hablar de él para defenderlo puede sonar a un cierto eurocentrismo, pero su mera existencia suponía un reto para los gobernantes de otros países.

La base fundamental del cuestionamiento del Estado del bienestar tiene dos puntos claves: en primer lugar, algunos analistas afirman que su extensión a toda la población es imposible por insostenible económicamente y dañaría la misma estabilidad del progreso tal y como se entiende en el capitalismo neoliberal; en segundo lugar, se afirma que su extensión crea grandes bolsas de población que se acomodan en una situación que les permite recibir una serie de ayudas y beneficios entendidos como derechos (relativos, fundamentalmente, a la educación y la sanidad pero también a otros ámbitos que garantizan una mínima calidad de vida, como la cultura), que les convierte para siempre en subsidiados que, sin ser productivos, pueden disfrutar de una vida que en otro tipo de sociedad sería impensable. Con la extensión de la Unión Europea y la globalización los argumentos se repetían no solo dentro de un mismo país -las acusaciones tomadas sin ningún tipo de matiz de que los andaluces viven a costa de los catalanes o de que el sur de Italia vive del norte industrial- sino en la misma Europa: los países del sur han vivido a costa de los países del norte. En el fondo, la crítical al Estado del bienestar actualiza viejas líneas de pensamiento decimonónico según la cual hay sectores de población, regiones, países o continentes enteros que aspiran a vivir como parásitos del resto porque les resulta más cómodo. De ahí al renacimiento de teorías racistas, xenófobas o clasistas hay una pequeña distancia. Como en el XIX se imponía la civilización europea en lugares que se consideraban salvajes ahora los neoliberales imponen su doctrina en todos los lugares del mundo para descubrirles las bonanzas del mercado. Curiosamente, al inicio de la crisis económica se hablaba de refundar el capitalismo, ahora se ha fortalecido de tal manera que se siente más fuerte que nunca para aplicar la misma medicina que nos ha traído hasta aquí sin admitir ninguna fórmula correctora. El neoliberalismo se ha converido en una especie de religión según la cual debemos creer que nos salvará de nuestra propia incompetencia a partir de la pérdida de derechos colectivos adquiridos en las últimas décadas, reformas brutales en el sistema de pensiones, privatización de los sectores públicos y regulaciones específicas para las que nadie ha dado su consentimiento expreso.Todo ello basado en un culto por lo individual que esconde, en el fondo, la destrucción de los tejidos asociativos, corporativos y colectivos que pueden poner freno a sus excesos.

En su lugar, los teóricos que afirman esto y los políticos que siguen sus directrices desde hace décadas pero, singularmente, en los últimos tiempos, han creado el concepto de Sociedad participativa por la cual toda ayuda es transitoria y finalista y las personas son responsables absolutas de su situación con una estructura estatal mínima que gestione solo los casos más urgentes o conduzca a la población hacia actuaciones productivas decididas por la clase dirigente. La Sociedad participativa, en el fondo, esconde una tecnocracia que vendría a reconducir a la democracia como aspiración: serán los técnicos los que decidan en qué debe especializarse la población de una ciudad, de una región o de un país, no los mismos ciudadanos. El problema es que los técnicos en el mundo actual trabajan para grandes corporaciones supranacionales que nada deben a las estructuras democráticas que deberían regirnos. Parece que no hay forma de oponerse con eficacia a este cambio de paradigma puesto que las decisiones fundamentales cada vez están más alejadas de los órganos elegidos democráticamente y el consumismo en el que se basa nuestra sociedad hace desear a las personas aquello que la esclaviza, que la despersonaliza y que le resta tiempo de vida. La Sociedad participativa, en el fondo, no es más que un eufemismo puesto que lo que de verdad importa es medir a los individuos por unos conceptos de productivad inmediata basados en lo exclusivamente material. Lo peor del asunto es que el engranaje propagandístico es de tal calibre que los neoesclavos aplauden con alegría el camino que les lleva a una vía única para entender al ser humano y, por lo tanto, empobrecedora.

En general, en el mundo actual, con el descrédito de la política, los técnicos deciden el futuro sin que los hayamos elegido en ninguna convocatoria electoral. O sí: que cada uno revise en quién ha depositado su confianza, con inocencia candorosa, con su último voto.

Seguiremos pensando en esto.

17 comentarios:

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda,
Así es, tal cual Usted lo escribe, por si a alguien le costaba pillarlo.

Ninguna ventaja práctica o emocional, reportaba el anticiparlo o el saberlo, solo inmensa impotencia cuando por décadas, ves que va avanzando aceleradamente, y las voces contrarias y conscientes solo somos testimonial presencia, y aún debemos alegramos de lo menos, mientras lo más se pierde.

Lo menos ha sido mucho, no me quejo, la explosión de conciencias ha sido enorme, redes tejidas con cerebro y paciencia, que ejercen libertad, aunque seamos la exigua resistencia, además el camino es correcto, aunque no se construirá mañana ni pasado, los milagros no existen, y aún más, nos falta encontrar el correcto modelo (los pan y los peces, que ir multiplicando).

El futuro será nuestro, estoy convencido (aunque no lo vea), pero el presente continuo está perdido, porque en esta partida, de ellos es el avituallamiento, los recursos, el poder político, la propaganda masiva, el uso de la fuerza… y los aliados fuera.
También, y dolorosamente, una mayoría de cómplices ciudadanos, en estado de shock que comerán de su mano, o temerán que la retiren y que tienen todavía que perder y cerrarán sus ojos y su boca y defenderán lo familiar, hasta que puedan. (Dirán que es lo que toca, siempre lo dijeron).

Nada nuevo en la ancha Tierra que compartimos, donde lo que sucederá aquí en España, ya existe. Lo cual no me conforma, ni con nosotros ni con los que ya lo sufren. Aunque asumo, que cuando llegue el cambio (a mejor), no tendrá fronteras, así debería ser y así lo espero (quizás las derribe).

Para la resistencia, mientras, demasiado trabajo, pero peor sería vivir como Casandra, sabiendo demasiado sin nadie que te escuche, solos, solas.

Ha muerto el Estado del Bienestar, en un sentido sí, el distributivo (la función suprema de un Estado), a partir de ahora el Estado del SuperBienestar funcionará para un tercio, para la mitad ciudadana las sobras infEstadas, y al otro tercio excluido: simple y duro Estado represivo.

Salud, que no nos falte, tampoco los amigos, el desierto es ancho.

Suyo, Z+-----

Spaghetti dijo...

Los holandeses llegan tarde. En España hace tiempo que se cambió "el estado del bienestar" por EL ESTADO DEL MALESTAR. Del malestar social y cultural sobretodo.

Anabel Rodríguez dijo...

Y sin embargo todos estamos en casa encantados de ver los partidos de futbol, de tomarnos las cañas y poco más. Nos importa un comino que todo se vaya al garete. No entiendo como podemos estar tan tranquilos. En cualquier caso es muy facil echar la culpa a los demás y hay cantidad de políticos nacionalistas (de todo signo) que se están aprovechando de eso. El golpe será muy duro...Un beso



Abejita de la Vega dijo...

Disparates neoliberales. Les ponía yo a vivir de subsidios una temporadita.

Besos, Pedro.

São dijo...

Amigo mio, a Holanda assumiu oficialmente aquilo que toda a Europa já pratica: matou o Estado Social e deixa cada cidadâ(o) entregue à sua sorte.

Estamos a ver às claras a implantação daquilo que por que lutaram os grupos secretíssimos dos Senhores do Poder: a Nova Ordem Mundial!

A uniformização do pensamento, a mais que proclamada falta de alternativas, o falso esbatimento entre Esquerda e Direita, os tão desejados consensos entre Partidos,
está a deixar a população ( embrutecida poe doses cavalares de futebol e programs idiotas, e cada vez com menos acesso
ao sistema educativo, isto é , ao Ensino- nem digo à cultura)completamente desprotegida...e. pior ainda, culpabilizada, pois viveu "acima das suas possibilidades" ( pelo menos, é o que se afirma há anos em Portugal).

Só que dito de maneira diferente da tua , mas com o mesmo significado, não existem inocente, porque cada pessoa deve reflectir a sério quando há eleições em quem deposita a sua confiança e não agor como se a política fosse um jogo de futebol, onde impera a "clubite".

Desculpa o tamanho do comentário, sim?

Para ti, querido Pedro, votos de excelente semana.

mojadopapel dijo...

Para los que ya entendemos la situación...qué camino nos queda salvo la concienciación de la situación....la impotencia es devastadora.

Myriam dijo...

Tu análisis, que agradezco por su claridad, me deja pensando: si se ha acabado El Estado del Bienestar, y esa proveduría de bienestar pasa a manos de otras entidades privadas u ONGs ¿Para qué queremos un Estado? ¿Para mantener políticos corruptos que se hagan sus fortunas a costa de los contribuyentes y miren las musarañas?

Omar enletrasarte dijo...

mi querido profe, es que la tal burbuja no era inmobiliaria, era eso de "estado de bienestar"
.
esa somnoliencia en la que la burguesía puede practicar de vez en cuando las clases menos pudientes y de ingresos fijos
.
pero como la burguesía es tan irresponsable, tan dispalfarradora, tan ingenua respecto de otra burguesía más poderosa, tan incapaz de conducir una nación hacia el progreso, que la burbuja explota
.
es la hora de representantes en lugar de diputados, que lleven mandato de sus votantes, que puedan ser removidos tan luego no cumplan su mandato
es la hora del Pueblo, ahora, un rato después se acabó...
un abrazo solidario

Isabel Barceló Chico dijo...

Interesantísimo análisis, pedro. Aquí en España, hace unos años, algunos sostenía que no había que hablar del estado del Bienestar, sino de la sociedad del Bienestar. ¿Se anticiparon a los holandeses en esa teoría? Puede que sí. O sea, que no ha de ser el estado quien redistribuya la riqueza y vele por el bienestar de sus ciudadanos, sino la sociedad civil - como suelen decir -. Menos derechos y más caridad, vamos, como toda la vida... Y pensar que hace 10 ó 12 años una situación como esta nos hubiera parecido casi ciencia-ficción. Besos, querido amigo.

pancho dijo...

El neoliberalismo y el nacionalismo son el fundamento de la uniformidad de pensamiento que nuestros dirigentes están empeñados en imponernos como si fueran actos de fe, el banderín de enganche que nos salvará de la peste que desprenden los rebeldes, la salvación sin sufrimiento de los males endémicos que nos aquejan.

La rica Holanda siempre ha sido un modelo para los países pobres del Sur de Europa. Sus cifras económicas en tiempos de penuria son envidiables para cualquier país. Es admirable la fuerza de los sindicatos, nada se decide sin negociación, por la cuenta que le tiene al gobierno de turno. No me gustó, por ejemplo, que hubiera arcos detectores de armas a la entrada de algunos institutos, pero la Arcadia no existe más que en sueños. Una de las mejores demostraciones de que la presión fiscal sobre todo el mundo es la mejor forma de repartir la riqueza entre los más desfavorecidos a través del estado de bienestar.

Es hora de empezar a valorar lo que tenemos, lo que hemos conseguido a lo largo de las últimas décadas, ser conscientes de que todo se puede derrumbar de un día para otro, el suelo que pisamos es frágil.


Camino a Gaia dijo...

Como dicen en mi pueblo, si quieres encontrar al zorro que se ha comido la gallina, busca entre los que tienen el estómago lleno y no entre los que lo tienen vacío.

Estamos asistiendo a una deriva totalitaria, a una inversión en fascismo (No hago lo que prometí sino lo que Dios manda) cuyo único objetivo es salvaguardar los privilegios del crimen económico organizado, ante la quiebra del sistema neoliberal y el fracaso de todas sus recetas.
No creo que el neoliberalismo sea ahora mas fuerte, sino mucho mas feroz y mucho mas desesperado. El origen del poder de los ricos está en lo que obtienen de una relación asimétrica con el resto de la sociedad. Los culpables de la crisis van cambiando y al final resultarán ser la creciente cantidad de víctimas.
Un saludo

Montserrat Sala dijo...

Muy buén artículo,profesor. Eres un gran analista,auque esto ya se sabia.
Tienes toda la ranzón en culpar al nuevo liberalismo por hacernos ver tan claramente, que la sociedad del bienestar ha sido un mero espejismo,aunque nos hayamos columpiado, en él bastantes años. El sueño se acabó y como estamos tan bien acostumbrados,
a prejubilaciones a los 50 años, a cosa de vender todos nuestros activos, y aún así, mirar todos para el otro lado....

Saludos cordiales.

virgi dijo...

Seguro que aún así, los holandeses tendrán aún una calidad de vida que por aquí la están haciendo desaparecer a toda prisa y con machete.
Terrible época, cuánta gente sufriendo y cuántos cada vez más ricos.

dafd dijo...

Creo que había interpretado mal eso de sociedad participativa. Pensé que era otra cosa. En definitiva parece que es volver a empezar, como la película. En este caso ponemos los relojes a cero hace un siglo.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Agradezco mucho las visiones globales sobre lo que nos está pasando, como has hecho hoy.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Ser posible,lo es. Ha de establecerse bien su dimensión, que es lo difícil.
Un abrazo

elisa lichazul dijo...

cada quien mata su toro al final

besos