miércoles, 1 de mayo de 2013

A veces quiero morirme


A veces quiero morirme. Sentarme junto a este río y morirme. Serenamente, oyendo cómo el agua decanta los colores hasta quedarse con la sílaba precisa del silencio en el remanso. Dejarlo todo, sentarme sobre la hierba húmeda y sentir su frescor en la palma de la mano, arrancar una espiga aún verde y tierna y llevarla a los labios. A veces quiero morirme llenando los ojos de toda la vida que habita en la ribera del Cuerpo de Hombre, labrada en la piedra y en la feracidad de ese misterioso caudal de ecos. Es solo un minuto que se eleva al punto exacto de la lágrima que no cae pero debería. Pero hay que recoger, levantarse, sacudir el pantalón y seguir adelante. Recordando el punto exacto en el que uno quiso morirse, ese metro cuadrado tan preciso que es el relato más cierto de una vida y el reclamo de su muerte.


28 comentarios:

elisa lichazul dijo...

morirse es la culminación de todo verbo
así ese metro cuadrado estará reservado para el que lo precise

el río sigue sin reparar en su orilla ni en sus recodos

besos

Abejita de la Vega dijo...

El susto que me has dado con el titulito.
Besos, Pedro.

Campurriana Campu dijo...

...recoger, levantarse, sacudir el pantalón y seguir adelante.

Me ha gustado.

Eso sí. No me he enterado de qué trata exactamente este post...(supongo que estoy espesita)...

Campurriana Campu dijo...

Ahora ya me he enterado, Pedro. No había leído tu anterior entrada...
¡¡¡Felicidades!!!

María dijo...

Morir para volver a resurgir una y otra vez.

Un beso.

Fernanda Abocadejarro dijo...

Pintas con profunda belleza un estado del alma que a toda persona asalta de tanto en tanto.

Como apunta María aquí arriba mío, morir para resucitar, levantarse y seguir, en esa muerte creo yo.

Un saludo!

Fer

mpmoreno dijo...

Yo no quiero morirme, yo quiero parar el tiempo y disfrutar del agua que decanta los colores hasta quedarse con la sílaba precisa del silencio en el remanso; sentir el frescor de la hierba húmeda y el leve roce en los labios de la espiga verde.

Señor De la Vega dijo...

Mi querido Señor Ojeda,
Hermoso y profundo texto; aunque según le leo, en realidad veo que invita al momento que merece ser vivido, aunque juegue con la metáfora de la 'petit mort' y nos traslade a ese momento refractario que sentimos tras cada éxtasis vital.

Por cierto, que envidia sana esos cuidados que gozó en Béjar, esos paseos, comidas y regalías. Y que enternecedor leer tantos cariños tejidos con el tiempo y la palabra.

Felicidades a los dos por la obra.

Suyo, Z+-----

Spaghetti dijo...

La vida, la poesía y la muerte son igual de solitarias.
Lo que nunca muere es el agua.

Gelu dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Hay palabras tan hermosamente dichas que resucitan.
Y ese río, aún sin haberlo visto, ya lo conocemos.
Quizá sus aguas contempladas añorarán las lágrimas que provocan en su caminar?
Qué bien se entiende, aquello de su homónimo:" ...hagamos tres tiendas y quedémonos aquí (Mateo 17:2)."

Abrazos

Francisco O. Campillo dijo...

Mejor no tener "priesa", todo se andará.

Merche Pallarés dijo...

No me gusta leerte tan "down". ¡Arriba ese ánimo, recórcholis! Besotes llenos de optimismo y confianza en el futuro (aunque sea una m....a, pero, bueno...) M.

Fernanda Abocadejarro dijo...

Gracias por todo y disculpas sin en algo te molesté con mi estilo, Pedro: Por amor a la palabra .

Besos.

Luis Antonio dijo...

Tal como pintas la muerte con tan bellas palabras hasta puede resultar placentera... Me la pido (para cuando llegue el momento)

Anónimo dijo...

Exactamente asi, me sentia yo, cuando tú hacias entradas con tus besos. Y tú sabes que no soy doctor en medicina.

Marina dijo...

Morirse, ni un minuto, ni un instante. Morirse para no estar presente en nuestra vida, para no sentir ni ser ni pasar. Morirse ¿para qué?...

A veces no quiero morirme...nunca quiero morirme, aunque me duela el alma y me lo sugiera el viento.

No soy de muerte fácil.

Besos ibéricos ;)

José Núñez de Cela dijo...

Hay muertes que dan envidia.

Paco Cuesta dijo...

¿Qué buscan los ríos?, ¿qué es un río? Dime, dime qué eres, qué buscas,
río, y por qué te llaman Carlos.
(Dámaso Alonso)

Nos vemos pronto.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Hay riveras tan bellas que merecen una fundición en muerte exacta,con o sin lágrima, con o sin sonrisa, pero siempre con la esperanza de un nuevo amanecer.

Hermoso tu texto, Pedro, lleno de la sensibilidad que te es tan propia.

Mucho éxito en la presentación de hoy. Besos y abrazos

Myriam
(no pude entrar por mi cta de Google)

Myriam dijo...

¡Felicidades!

Omar enletrasarte dijo...

pero si ya nos morimos muchas veces, ¿qué drama puede ser morirse una vez más, pero voluntariamente junto al río?
un abrazo

Anónimo dijo...

Si derramáramos algunas lágrimas, retenidas en el borde justo del lagrimal, estaríamos más cerca de ser humanos.

Se muere mil veces cada día, cada decisión nos lleva irremisiblemente a morir un poco, dejando en el camino lo que desechamos, para seguir viviendo.

¡Suerte con tu libro!

Teresa

SAUVIGNONA dijo...

wow!!!! que bella reflexion pedro...
es justamente lo que a veces le pasa a uno y quizas alguien corto como yo no podria expresar ...y vos lo hiciste magnificamente...

besines y espero q estes bien...

sau

virgi dijo...

Momento de lucidez viendo la Natualeza, tan hermosa, tan serena.
Calan hondo hoy tus palabras, apreciado Pedro.

mojadopapel dijo...

Morirse de esta manera es comenzar a vivir.....están llenas de sentimiento tus palabras.

Aldabra dijo...

entiendo muy bien el sentimiento que recoges porque yo también digo muchas veces: ahora mismo no me importaría morirme (suelo hacerlo en momentos que soy muy muy feliz)... y conste, que no quiero morirme para nada porque aprecio mucho la vida pero... de morir, mejor morir feliz que sufriendo.

biquiños,

Aldabra dijo...

quizá ese sentimiento es como un re-novarse.

bicos,

dafd dijo...

Como a Ulises las sirenas, hay lugares tan maravillosos que llaman al caminante. Pero este siente que todavía hay camino y, entonces, se levanta y sacude el pantalón.