domingo, 7 de abril de 2013

La separación entre políticos y sociedad. Notas sobre el escrache a los políticos en España (III)

Los políticos que conozco se extrañan de la baja consideración en que tienen a la política los ciudadanos. En las conversaciones más abiertas y sinceras insisten en las horas que dedican a su trabajo, en su dedicación y honestidad total, en el poco dinero que ganan la mayoría de ellos ejerciendo la política frente a lo que podrían ganar en otra profesión y en lo desagradable que suele ser su día a día entre la incomprensión de aquellos a los que representan y el juego sucio en el que consiste la vida de partido y el debate político con los oponentes.

Buscando razones para esa baja consideración, suelen aludir a un defecto en la comunicación de aquello en que consiste su trabajo diario, lo que ocasiona tanto la fácil divulgación de creencias que les hacen a todos iguales en la corrupción, la ambición de poder, la mediocridad, la pereza, etc.

Hace relativamente poco sostuve una acalorada pero bienintencionada discusión con un joven político del PSOE de Castilla y León que se quejaba amargamente de la dificultad que tenía este partido en esta región para poder llegar a la ciudadanía en un espacio dominado por empresas de la comunicación que él entendía poco afines a su partido, por no decir contrarias no solo por razones ideológicas sino también económicas puesto que buena parte de sus ingresos dependen del reparto de la publicidad institucional y otras cuestiones relacionadas siempre con quien domine la administración financiadora. En sus palabras también aludía al tipo de población que existe en esta comunidad: históricamente conservadora, especialmente en el mundo rural, y envejecida (lo que se agrava con la crisis, dado que los jóvenes salen a miles de esta región según las estadísticas más recientes). Detecto un tono lastimero siempre que abordo este tema con políticos sea cual sea su color, que no se corresponde bien con una realidad: son ellos los que deberían impulsar esta comunicación. Es a ellos a los que corresponde tanto pisar la calle como dirigirse a los medios de comunicación. Cuando insisto en esto siempre me asombra el gesto de sus caras, entre temor y hastío. Me suelen mirar compadeciéndose de mi ingenuidad.

A los políticos españoles les da miedo pisar la calle en momentos diferentes a las elecciones y no les gusta participar en los medios de comunicación que no sean afines, como tampoco les gusta demasiado las ruedas de prensa abiertas. Los partidos políticos apenas explotan la comunicación con los ciudadanos a través de las redes sociales: Si los políticos españoles piensan que son injustamente tratados por la opinión pública, deben ponerse a la tarea sin excusas. Pero conectar con la sociedad tiene un matiz tan interesante como la información: saber encajar las opiniones de aquellos que las emiten, aunque no les gusten. Y esto es algo poco usual entre nuestros políticos.

Por otra parte, la sociedad española tiene también una responsabilidad en lo que sucede. La forma en la que se tejió la Transición y se delegó en los partidos políticos hizo que estos constituyeran una democracia como es la española: poco o nada acogedora de las propuestas legislativas populares, poco o nada favorecedora de los plebiscitos en los que se consulta a la ciudadanía sobre todo tipo de aspectos (incluso las últimas reformas constitucionales se han hecho sin consultar la opinión de los españoles, lo que será laberínticamente legal pero es poco ético y tiene la consecuencia secundaria de aumentar la separación entre políticos y sociedad), poco o nada proclive a aceptar la presión de los ciudadanos cuando se manifiesta en cualquiera de las formas que puede hacerlo, poco o nada respetuosa con lo que no se canalizaba a través de los grandes partidos políticos que -gracias a la legilsación electoral- se han repartido el poder en todos estos años tanto a nivel nacional como regional.

El sistema democrático español ha levantado tantos filtros sobre la opinión pública que se puede definir como una democracia burocratizada en la que los burócratas son exclusivamente los políticos y solo a ellos les compete la capacidad de legislar y gobernar de una forma que podríamos llamar neodespotismo: una democracia con comportamientos tipicos del despotismo ilustrado. Hay quien cree que es una especie de castigo histórico porque en España las reformas del Despotismo ilustrado no tuvieron demasiado éxito cuando llegó su momento en el siglo XVIII.

A la sociedad española, hasta hace relativamente poco, le ha resultado cómodo este sistema de democracia. En los primeros años porque había un cierto miedo a la desestabilización que pudiera beneficiar a los involucionistas, después porque el sistema funcionó bien en lo que la sociedad española ha considerado fundamentalmental: el progreso material y la modernización del país. Debe añadirse otro mariz: el poso mental que dejó en la sociedad española una dictadura tan larga. Incluso se generó un término que daba nombre a la poca actividad democrática de la sociedad española: el pasotismo. Llegó a ser un comportamiento social que definió a toda una generación.

Pero la crisis actual es tan profunda que ha dejado en evidencia todos los defectos de una democracia en la que la sociedad no participa activamente a diario a la hora de ejercer sus derechos y controlar a aquellos en los que delega su representación. No está pasando nada que no pasara antes, pero ahora no se puede vestir con palabras ni con promesas de bienestar. Una de las razones para el escepticismo es la creencia de que, en cuanto vuelva a fluir el dinero, la mayoría se olvide de lo que ahora demanda.

Por estas razones, España tiene una opinión pública bipolar en cuanto a la participación democrática: casi ninguna -salvo depositar el voto- cuando las cosas van bien; indignada y levantisca cuando van mal. De la ausencia de un término medio que consiste en ejercer los derechos y deberes a diario y reclamar responsabilidades como parte de la vida cotidiana de un ciudadano viene gran parte de los males de este país y las razones de esta separación tan radical entre políticos y sociedad. La historia nos enseña, tozuda, que las soluciones que se han dado a estas separaciones, cuando se prolongan más de lo debido en el tiempo, pasan por sistemas autoritarios o revoluciones. Ambas entendidas en sus más amplias gamas, por supuesto. Por esas mismas razones, el político español ha tenido una aprendizaje cortesano en el que la opinión pública solo era una estrategia de comunicación a corto plazo y no para detectar las necesidades de la sociedad sino para ganar las elecciones que se aproximaran. No sé de qué nos extrañamos los españoles ni sé de qué se extrañana nuestros políticos, salvo que la comodidad haya generado una cierta lentitud mental a la hora de aceptar las consecuencias de los actos. Continuaremos.

15 comentarios:

Myriam dijo...

Una buena manera de que los políticos se bajen del pedestal que los sume en la incomunicación es viajar, como hacen los suecos, en transporte público o en bicicleta.

¿No crees?

Myriam dijo...

Otra cosa. Me parece muy significativa esta bipolaridad. Si los ciudadanos toman conciencia de que ésto sucede, al hacerlo, pueden también implementar un cambio de conducta para ejercer su derecho ciudadano a pleno. No se puede cambiar lo que no se sabe que se hace, por eso, que arrojes luz sobre estos temas es muy importante. ¡Gracias!

Besos

Edurne dijo...

Te leo, y muy interesada, todas estas opiniones y exposiciones sobre nuestra realidad.

Continuaremos, sí!

Besos!
:)

José Luis Ríos Gabás dijo...

Yo también te leo interesado, también las entradas anteriores. Nadie de mi entorno me miente a diario tanto como los políticos que leo u oigo. Ni me engaña tanto, tampoco. Cuatro años entre elección y elección es mucho tiempo, hoy día.

Un abrazo

Neogéminis dijo...

Tanto por parte de los políticos como de los ciudadanos "de a pie", se suele plantear que unos y otros son entidades diferentes, como si no surgiera una de la otra. No podemos dejar de lado que "los políticos" son ciudadanos que por uno u otro motivo deciden asumir un rol protagonista dentro de la actividad política, no son una casta diferente, no nacieron de un repollo, son como son porque la sociedad en que se gestaron los formaron de esa manera y es tan responsable de su accionar como ellos mismos. Muchos de los que ahora quizás pidan "que se vayan todos" no actuarían muy distinto si les dieran la oportunidad de ser electos. me da risa -aquí al menos sucede- cuando aparecen esos salvadores surgidos de otro círculo -algunos son actores, otros deportistas- incursionando en la arena política, pero haciendo la salvedad de que ellos "no son políticos". Aspiran a ejercer algún cargo mostrándose críticos hacia los políticos tradicionales- según ellos mismo, corruptos e ineptos- y se olvidan que, en el momento en que se han decidido a participar en política partidaria, ellos mismos han pasado a ser de la "casta" a la que dicen contraponerse. Un absurdo de su parte, según mi entender.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

El miedo a los medios no afines y a pisar (sin populismos) la calle es buena muestra de la herencia cortesana que citas. De acuerdo
Un abrazo

Natàlia Tàrraco dijo...

La calle no es su hábitat natural, la temen y se quedan en sus cortesanos hábitos medrando, removiendo su propia inmundicia que crece hora a hora, hasta para cagarla son mediocres. Son decimonónicos hasta para los tics detrás del plasma mediático en el que se ocultan aviesos para soltar mentiras o nada. Asco en lunes.

Ele Bergón dijo...

En esta crisis todos tenemos responsabilidad, por una parte los políticos por no comportarse algunos como debe ser y sus compañeros dejarlos que hicieran, sabiendo que estaba mal hecho y por otra parte, los ciudadanos no exigiendo y estando atentos a lo que pasaba con nuestro dinero. Hasta que no seamos conscientes, tanto ciudadanos como políticos, que ellos están a nuestro servicio y nosotros debemos estar vigilantes en su cumplimiento, creo que no vamos a resolver el problemas. Tenemos que saber y cumplir unos y otros de nuestros derechos y nuestros deberes.

Buen análisis y estoy muy de acuerdo contigo

Besos

Luz

Lichazul dijo...

siempre habrá complicidad entre quienes son miembros de una sociedad
los elegidos y los electores

al final cada quien siempre juega a su comodidad y conveniencia
pero tiene discursos alternativos para distintas ocasiones jejeje

mentir o amoldar las apariencias es un juego que se practica a todo nivel no solo los políticos

política somos todos eso no hay que olvidarlo
:)

muak

Anónimo dijo...

Si les pidiéramos responsabilidades sobre lo que "prometen" en las campañas electorales, otro gallo nos cantaría, tanto a los electores como a los políticos.

Lo que se "promete" en las campañas electorales debería ser tratado como un contrato verbal, legal en España, y que cuenta además con la ventaja de que esta grabado en todos los medios de comunicación...es verdad que salen elegidos, como tanto cacarean pero para hacer lo que prometieron, cosa que en este país han obviado desde Felipe González hasta, sin dejar ninguno fuera, Mariano Rajoy.

No es que no sepan que necesita la sociedad, lo saben, es que no les importa lo mas mínimo con tal de seguir en el poder y creerse sus propias mentiras…que solamente, que casualidad, benefician a la clase política.

Teresa

São dijo...

Mas que mania esta a dos políticos acharem que o afastamento entre eles e as populações se dever a erros de comunicação!!

Não entendem que é o seu comportamento e as sua mentiras que cavam o fosso entre o povo e quem diz representá-lo!!

Hoje falei com um compatriota teu: está muito preocupado com a sirução em toda a Ibéria e afirmou algo que me surprendeu tanto que lhe pedi para repetir: Portugal será daqui a uns anos o maior país ibérico.

Meu querido Pedro, desejo-te boa semana

enletrasarte (omar) dijo...

la modorra que cargan los pueblos sobre su lento andar, la cerrazón que nubla sus ojos, la enseñanza que han recibido sobre sus derechos cívicos, son crudos estigmas que sangran, no solo en ellos, sino en los que nos involucramos día a día en la causas impostergables de los pueblos
un abrazo

Luis Antonio dijo...

El único reparo que pongo al escrache es que dañe a terceros (familiares, vecinos, etc). No me refiero a daño físico, claro.

Cuando se recupere la normalidad democrática y la comunicación entre los dirigentes y los ciudadanos, no habrá justificación para semejante forma de protesta

Montserrat Sala dijo...

El escache es una medida justa, de defensa del perjudicado. O ¿es que el cuidadano de a pié no tiene derecho a nada?? mas ahora con las costas de abogados y demás, no tiene otra salida
Saludos muy cordiales, profesor.

dafd dijo...

Si bien es verdad que los ciudadanos debemos estar muy atentos, creo que las decisiones de los políticos serán apoyadas por parte de nosotros, los ciudadanos. Y, en tal caso, las protestas pueden chocar con los consentimientos. Claro, una cosa es la discusión sobre medidas, otra es la ilegalidad, el cohecho, prevaricación, responsabilidad política, etc.