sábado, 16 de marzo de 2013

Elogio del silencio


Este texto solo es comprensible porque entre las letras hay espacios en blanco y cada una de ellas ocupa su lugar en lo escrito.

Una de las estrategias de la desinformación es facilitar toda la información y hacerlo indiscriminadamente con lo sustancial y lo no sustancial. Los políticos, cuando son acusados de corrupción o autoritarismo suelen facilitar inmediatamente toda la información insustancial sobre los casos en los que se les implica. Recientemente, en España, para demostrar que no han participado en un escándalo que ha ocupado las primeras páginas de los periódicos, muchos políticos han hecho públicas sus declaraciones de la renta y del patrimonio de los últimos años: no es más que ruido. Estas declaraciones ya deberían ser públicas en su calidad de diputados y, además, en ellas, por lógica, jamás figurarán posibles ingresos irregulares, que era de lo que se trataba.

Es muy frecuente que en cualquier debate se argumente a partir de algo insustancial dicho por el otro: no se detiene el debate, pero se deriva hacia los matices más ínfimos hasta conseguir tal distancia con el tema inicial que nada importe más que el mero hecho de debatir.

Hay que tener mucha fuerza de voluntad para apagar la televisión o el ordenador o el teléfono móvil y apartarlo de nosotros para tener el tiempo suficiente para ordenar los pensamientos. Uno de los problemas del mundo actual es que debemos procesar más información para tomar cualquier decisión que nuestros antepasados cuando, en realidad, las decisiones esenciales son las mismas que debían tomar ellos. Y el porcentaje de la que es pertinente para tomarla es igual que hace mil años. Por eso, cada vez más, delegamos una buena puerta de nuestras decisiones en expertos: de la fiabilidad de estos técnicos en cada materia depende gran parte de nuestro éxito. En realidad, la mayor parte de nuestras buenas o malas decisiones diarias se corresponden con esta delegación en la toma de decisiones.

Hasta hace poco había silencio en los parques de nuestras ciudades. Cuando alguien salía al campo -que estaba a un paso de las ciudades-  a pasear o a hacer deporte no se podía conectar a un equipo digital con música o noticias que lo apartara del propio pensamiento o la contemplación del paisaje.

Es difícil escapar del ruido. En efecto, es un logro tecnológico de la humanidad poder acceder desde cualquier lugar del mundo a la información más completa, a la más general o a la más concreta de cualquier tema. Es entrañable hablar con los seres queridos que se encuentran a miles de quilómetros a cualquier hora del día o de la noche y poderlos ver a través de la cámara de nuestro móvil. A veces parece que no nos hemos separado de ellos, lo que es contradictorio con la misma condición de la distancia física.

Curiosamente, este acceso a la información, cuando no se controla, no nos hace ganar tiempo, sino no tenerlo. Cada vez es más frecuente ver personas trabajando en el ordenador o el teléfono en momentos y situaciones en las que antes se charlaba con los amigos o los compañeros o, simplemente, se daba una cabezada o se descansaba. De camino al trabajo, en el metro, trabajamos. En la piscina del hotel de vacaciones, trabajamos. En la cama, antes de apagar la luz, trabajamos. Aun recuerdo cuando nos decían que la informática nos iba regalar más tiempo libre. En estos momentos, el mismo aparato que nos facilita el ocio o la comunicación con los seres trabajos, nos lleva al mundo laboral o a una necesidad de información casi patológica.

La siguiente conquista, necesaria, será la de que todo esto nos permita hallar el silencio con la misma facilidad con la que podemos leer el periódico de nuestra localidad aunque estemos en otro continente. Sin ese silencio perderemos la condición más preciada de la individualidad, su misma raíz: entre dos individuos hay un espacio que los diferencia para que puedan tomar sus propias decisiones, cuanto más debe haberla entre un individuo y aquellos que dominan la información y la han mezclado con el ocio y con los ámbitos labores y personales. Pero esta conquista es más difícil porque va contra la corriente del mundo. Qué difícil resulta pulsar el botón de apagado y hallarse con uno mismo para poder ordenar los propios pensamientos tomando el tiempo necesario para ello. Deberíamos comprender que el mundo seguirá igual de ruidoso cuando volvamos a encender el aparato. Si es que volvemos a encenderlo. Siempre está la posibilidad de descubrir lo poco que necesitamos del ruido para nuestra vida cotidiana, aunque algunos deban pagar la factura de encontrarse consigo mismos en el espejo cada mañana y no con un holograma diseñado por alguno de los técnicos en los que delegamos las cosas que deberían importarnos más.

15 comentarios:

Lichazul dijo...

hay silencios que son absolutamente necesarios y provechosos sobre todo para la creación
pero hay otros que solo dejan heridas y desconfianzas

besos

São dijo...

Tens razão, sim!

Estamos cercados de ruído sonoro e insonoro, direi até ..sufocados por informações que mais não são que manobras de diversão e também por música de ambiente que nada nos traz sequer esteticamente.

O sil~encio permite-nos estar connosco, ter vida interior, reflectir, isto é, todas as coisas que o actual Poder não quer de maneira nenhuma.

Temos, sim, que (re)conquistar o direito ao silêncio, à solidão, enfim... ao nosso espaço e tempo.

Querido Pedro, te abraço

Txema dijo...

Dentro de un ratito cogeré mi cámara de fotos cargada con una película, un viejo fotómetro fabricado en la URSS y me daré ese paseo por el campo del que hablas.

Y si, creo que seré capaz de escuchar los sonidos del silencio que me llevaran hasta la imagen que quiero captar y, a través del visor, me concentraré en aquello que quiero ver y plasmar.

Debemos ser capaces de hacer el esfuerzo sobre el que (con excelencia) escribes.

Acepto la propuesta.

Saludos

Abejita de la Vega dijo...

Desconectar y escuchar el silencio, se queda encendida la emisora interior, de eso se trata.

Besos

Natàlia Tàrraco dijo...

Tenemos las tragaderas a topes, apaga y vayámonos a escuchar el silencio a lo mejor nos encontramos con nosotros mismos. Besito dominguero.

Anónimo dijo...

No es fácil desconectar, aunque si imprescindible para poder tener las cosas claras, tanto las exteriores como las interiores. El silencio es un lujo, que cuesta muy poco, y al que hemos renunciado sin medir el gran precio que pagamos por ello.
Mirarse al espejo y encontrar unos ojos satisfechos; que te sonrían, por estar orgullosos, de lo que ven es la mejor vitamina para empezar el día, o para irse a la cama con la conciencia tranquila.

Myriam dijo...

Los políticos -en especial aquellos que tienen mucho que ocultar- son expertos en generar ruido, bochinche, aturdimiento, porque ésto es una excelente estrategema de engaño artificioso o de camuflaje y desviación de la atención.

mpmoreno dijo...

¡Qué razón tienes! Yo misma me veo metida en esa vorágine informativa y eso que la tv. no existe para mi, sólo internet.
La falta de información no es el problema sino el exceso y el tener que procesarlo.
¡Para reflexionar!

José Luis Ríos Gabás dijo...

Muy cierto todo lo que dices, y la manera de hacerlo. Es muy difícil encontrar un término medio entre el ruido que nos rodea, informativo y de otros tipos, y el silencio, pero está llegando, para mí y supongo que para otros, un momento en el que prefieres cierto exilio interior a estar rodeado de eso, de ruido que debes procesar continuamente.

Un abrazo

Paco Cuesta dijo...

Con tu permiso me quedo con: "Hay que tener mucha fuerza de voluntad para apagar..."
Es una de mis luchas con el entorno que, creo me está venciendo.
Un abrazo

Aldabra dijo...

todo es ruido y algarabía, en los debates se grita para hacer cortinas de humo... y los polítcis hablan y hablan para no decir nada, o para evitar hablar de lo que no les interesa.

biquiños,.

Spaghetti dijo...

Dice Saramago, que si antes de tomar una decisión, analizásemos las consecuencias inmediatas, y luego las que se derivan de éstas y las siguientes...nunca nos moveríamos del punto de partida...Realmente es, como tu dices, porque no dejaríamos ese espacio de silencio que permite escoger al instinto; sin la contaminación de los medios y la manipulación de las informaciones.

Estrella dijo...

Y parece que quieran, o queramos, acostumbrarnos a esos ruidos que tan perdidos nos dejan. Yo cada día soporto peor los tumultos. Sean de la clase que sean.

pancho dijo...

"Dicen que la soledad y el silencio son como el padre y la madre de los pensamientos profundos. Manuel, en medio de la soledad y el silencio, no encontró la idea más insignificante en su caletre". Reflexionaba pío Baroja. O sea, que algo hay que tener en la cabeza para sacarle partido al silencio y a la soledad.
Un abrazo

dafd dijo...

Estamos conectados mucho tiempo. Conectados a gente que conocemos y que no. Qué sentido tiene hacerlo, sobre todo, con estos últimos. Qué sentido tiene esta nueva relación que ha irrumpido en nuestras vidas. Antes, estaba claro, los amigos, los compañeros, los distantes, etc. Pero ahora hay un nuevo sujeto, el remoto. Pero, lo curioso, es que es tan real como los otros. ¿Por qué conectarnos con alguien así? Tal vez debamos ampliar un poco la comprensión e ir haciendo sitio poco a poco a los nuevos actores, a los internautas con los que también mantenemos relaciones sociales, bien que de una manera distinta, pero las relaciones sociales son, por esencia, humanas, pues somos animales sociales.
Pero nuestro internauta interlocutor también es la información, esto es, la personificación social más formidable de todas. Y ahí corremos el peligro de perdernos en su vasto interior. Interior que, además, puede alguien haber intoxicado maliciosamente, convirtiendo su aire virtual en irrespirable cuando nos impide actuar embobados en una mezcla injerarquizable de titulares contradictorios y, como bien dices, vanos, o, incluso, en aire virtual venenoso, que nos intoxica con falsedades imposibles de distinguir de las verdades, pues en la noche digital todos los gatos son pardos.