sábado, 5 de enero de 2013

Los lugares y las gentes y noticias de nuestras lecturas


Como uno propone y Dios dispone, ayer no cumplí mi palabra de publicar esta entrada y me redimo hoy. Algo de pereza, algo de melancolía y unas gotas de meditación me apartaron ayer de mi tarea. Sé que sabréis disculparme.

Baroja es un constructor de ambientes y personajes. Lo hace con pocos elementos, muchas descripciones son apenas unas frases pero el ambiente queda retenido en la mente del lector porque lo hace de forma muy visual. A diferencia de las largas descripciones de las novelas realistas, Baroja usa los recursos exactos para que el lector haga el resto del trabajo con su propia experiencia. Es, sin duda, otro tipo de técnica literaria que el de la novela anterior. Algunos han sugerido la influencia del cine. Algo puede haber de eso, pero también el de los pintores de la época, al estilo de José Gutiérrez Solana. Ya no se describe minuciosamente un lugar sino que se le sugiere con los elementos justos. Lo mismo sucede con los personajes, a los que nos encontramos tras una brevísima presentación más en su diálogo y acciones -a veces mínimos gestos.

Hay algo en La busca que debemos indicar: la adecuación de ambientes y personajes es tratada como símbolo vital. Esos personajes se han ajustado a los espacios que habitan y parecería imposible encontrarlos en otros. Vivir en la pensión en la que arranca la acción termina por imprimir un carácter, así como frecuentar las tabernas en las que trascurren algunos capítulos.

Cuando no sucede algo así, el autor busca algo, proponer una distorsión al lector. Las damas de la alta sociedad que acuden a la Doctrina generan en ese espacio un paréntesis hipócrita: por parte de quienes van allí a por la recompensa material pero también por parte de ellas mismas, que cierran los ojos ante lo que sucede en realidad. Lo mismo ocurre cuando Roberto frecuenta los bajos fondos: no pertenece a ellos, pero en ellos busca algo, hasta con cierta desesperación misteriosa. O su extraña prima, que también tiene su propia búsqueda misteriosa en esos lugares que le son tan impropios. Y aquí una de las claves de la lectura: ¿es posible escapar del lugar al que uno pertenece?

Noticias de nuestras lecturas

Gelu, que nos trae un relato breve barojiano, nos recuerda, con oportunidad, algunas películas realizadas sobre novelas de Baroja, tan abandonado hoy por el cine español.

Mª Ángeles Merino primero se pone a la tarea de describir el ambiente de la pensión con la que arranca la obra y en el medio de esa tarea se detiene en reflexión clave para comprender la intención del estilo de Baroja. Mª Ángeles, que hasta en su felicitación del Año Nuevo nos trae a don Pío, nos lleva de la mano a pasear barojianamente por los cerros de Úbeda. Todo un acierto.

Pancho desentraña, con sutil inteligencia, la técnica narrativa barojiana, en especial en lo que hace a la presentación de los personajes. No os lo perdáis.

Ele Bergón supera todos las circunstancias adversas y nos regala una imagen de don Pío situada en un lugar bien conocido para todos los amantes de Madrid.

7 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Sigo tus noticias al igual que a todos los colegas. Besotes barojianos, M.

Myriam dijo...

Igualmente, es un placer leer tus clases, Pedro y las contribuciones de los compañeros de lectura.

Meditación: ¿Sólo unas gotas?

Un beso

Myriam dijo...

PD- Y lo que tan generosamente nos das, no tiene que convertirse en una obligación, así que bienvenida la pereza cuando aparezca, o la melancolía o lo que sea...

pancho dijo...

Sol negro de la melancolía. Esos silencios hondos, llenos de tantas voces (JRJ) no dejan coger el ritmo de esta Acequia exigente.

Una de las cosas en el haber de Pío Baroja es esa facultad que tiene para hacer atractiva una narración. Es muy difícil que una vez enfrascado en su lectura, haya alguien que se salte páginas enteras hacia adelante con la seguridad de que no se vaya a perder algo que valga la pena. Con su técnica consigue lo contrario: estás todo el rato pasando páginas hacia atrás para releer capítulos o párrafos completos, algo sólo al alcance de los dotados de talento y capacidad de trabajo casi infinita. Conoce el mecanismo de generar emociones. Domina las distancias, nada importa que se trate de algo parecido a una patada por sorpresa en la espinilla del lector. Cuando se está en contra de todas las cosas en las que la gente cree, se corren esos riesgos.

Las criaturas literarias de Pío Baroja no tienen futuro. Los compartimentos estancos generan odios atávicos que arrastran a los personajes a una involución, a las fases antiguas de la civilización: el mundo es un microcosmos, un bosque de caza.

Gracias por la referencia.

Un abrazo y Feliz Año.

Abejita de la Vega dijo...

Que Dios, o la Naturaleza,te libre, nos libre de la melancolía o bilis negra.

Lo de las disculpas, por descontado que no hay nada que disculpar.

Al leer a Pío Baroja percibimos como un todo a los personajes y a la mugre que los rodea. Ahora me doy cuenta, al leer tu reflexión. Los de Galdós tienen narices, boca, un físico determinado, una personalidad. Estos de Baroja se definen por la cochambre que les rodea. Prefiero a don Benito, qué se le va a hacer.

Vengo de viaje, pasé cerca de los cerros de Úbeda, al menos así rezaba un cartel por tierras de Jaén.

Besos

Pamisola dijo...

Sigo leyendo el libro, y me ha coseguido enganchar, aunque según avanza las historias, sobre todo la de Manuel, se va haciendo todo más gris oscuro.

Muy de acuerdo con todo lo que tú describes, todo es así, de momento me queda poco por decir.



Saludos.

José Luis Ríos Gabás dijo...

Cuando tenía quince años pasé unos meses, cuatro o cinco, "de patrona", como solía decirse. No tengo mal recuerdo y conservo cierta relación con otro de los huéspedes, al que veo de vez en cuando. La barbería de mi padre se llamaba "La Moderna", nunca supe la razón ni él me la supo explicar muy bien. Cerró en 1975, más o menos.
Creo que leí "La busca" en 2º de Bachillerato, obligado por el profesor. El libro es literalmente el mismo, pero yo no, claro, de hecho no lo recordaba.
Me está gustando mucho, la manera en que presenta la enorme cantidad de personajes que aparecen, el despertar a la vida y a sus circunstancias de Manuel, aunque su apatía y falta de energía vital no le están llevando por muy buen camino.La influencia de sus amistades, y la poca de su familia, al menos hasta ahora. En la segunda parte de la novela Manuel ejerce de acompañante más que de protagonista y también otros personajes están apareciendo con fuerza, brillando aunque sea brevemente, como el Titiri o el Tabuenca. Me gusta esa diversificación de la novela, y las historias que cuentan los personajes. El mundo que Baroja retrata es terrible, pero seguramente era así, no hacía falta exagerar.
Preguntas si es posible escapar del lugar al que uno pertenece. Manuel parece que no, aunque en sus conversaciones hable de dinero y de mejorar su posición, más o menos. Hasta hace unos años la educación y la formación actuaban como ascensor social. Hoy día muchos están escapando a la fuerza de su lugar, la clase media, para entrar en la clase baja, donde parece que cada día hay más personas con nombres y apellidos, y no es una novela.

Un abrazo