viernes, 19 de octubre de 2012

El primer libro


Es de imaginar la ilusión de Rubén Darío cuando afronta, con la inestimable ayuda de algunos amigos, la edición de Azul....en Valparaíso en 1888. Los textos ya son conocidos a través de su publicación en la prensa, pero no tienen sentido más que en conjunto. Una de las cosas que aporta Darío al lenguaje de la modernidad es ese sentido de unidad: en él cada parte explica el todo de forma, a la vez, fragmentaria y completa. Cada uno de los textos son variaciones de un mismo tema. Siempre he tenido que Darío lo aprende de su lectura de Bécquer: es el primero que sabe ver en el poeta sevillano lo que en su época no se veía, encasillado en ese postromanticismo sensiblero al que le había atado una edición falsificada de sus obras y una recepción cursi dispuesta a desarmar cualquier profundidad poética en las rimas.

Don Juan Valera, el novelista y crítico, recibe uno de los escasos ejemplares que se editan de Azul... y se apresura a dar cuenta de él en dos de sus Cartas americanas, sus colaboraciones en El Imparcial de Madrid que tienen tanto eco y causan polémica en aquellos años: el 22 y el 29 de octubre. Darío siempre le estará agradecido a Valera por esta crítica, en la que lo presenta como el camino a seguir, aunque le reproche algunas cosas menores. En el fondo, Darío sabe que Valera lanzó su nombre al mundo hispánico y le abrió las puertas para presentarse como el gran renovador que la literatura en español del momento demandaba.

Valera se asombraba de que Darío, salido de Nicaragua para recaer en Chile, conozca tan bien la cultura francesa y las nuevas formas y no sabe bien a qué atribuirlo. A pesar de su apertura ideológica, de su conocimiento y de su sensibilidad y de que las Cartas americanas tienen la idea de tender puentes necesarios entre lo que se producía en España y las repúblicas hispanoamericanas, Valera no comprende bien que en las grandes ciudades de estos países hay una juventud burguesa bien formada que ya no necesita a España para informarse de lo que ocurre por el mundo. Darío le ayudará a comprenderlo.

Pero vuelvo a Darío, con los nervios de joven poeta, recogiendo los ejemplares de su libro en la imprenta, con la energía de quien sabe que hace lo que le nace de dentro pero con los nervios de quien no conoce si aquello tendrá el predicamento necesario. Pero todas las historias tienen un inicio. En aquellas manos ilusionadas con las que había recogido el joven poeta su primer ejemplar de Azul..., se encontraba Darío con el inicio verdadero del nuevo lenguaje de la modernidad artística en español, un mundo rico que sumaba tradiciones y novedades. El libro crecería en la segunda edición, sabiéndonse ya el autor en el camino correcto.

17 comentarios:

Lichazul dijo...

lo tengo en pdf, y me resulta algo especial leerlo, ya que en su forma de escritura contiene términos algunos en antigua grafía, es una especie de máquina del tiempo poético para mí (muy personal opinión)

te dejo estos versos que son preciosos y dan inicio al poema

El año lírico

Primaveral

Mes de rosas. Van mis rimas
en ronda, a la vasta selva,
y recoger miel y aromas
en las flores entreabiertas.
Amada, ven. El gran bosque 5
es nuestro templo: allí ondea
y flota un santo perfume
de amor. El pájaro vuela
de un árbol a otro y saluda
la frente rosada y bella 10
como a un alba; y las encinas
robustas, altas, soberbias,
cuando tú pasas agitan
sus hojas verdes y trémulas,
y enarcan sus ramas como 15
para que pase una reina.
¡Oh amada mía! Es el dulce
tiempo de la primavera.


besitos

Lichazul dijo...

esos números son de cuenta para el pdf

Azul dijo...

cielo y mar

Azul dijo...

Si pierde luminosidad tiene un aire triste

erobleto dijo...

Que lindo detalle que la edición que muestras es la primera del libro...

erobleto dijo...

Con Estival Darío se adelanta además alas tendencias de protección de especies en peligro de extinción, humanizando el drama de la Tigre de Bengala que muere a manos del Príncipe que va de caza, interrunpiendo un idilio sensual capaz de ser imaginado y pintado por Darío.

José M. Martínez dijo...

Interesante la entrada, y también lo que dices de las cartas de Valera. Igualmente interesante es el prólogo a la primera edición (las cartas de Valera las usó Darío para la segunda), que, no creo que fuera simple casualidad, iba dirigido a las mujeres lectoras de Chile. Saludos. JMM

Merche Pallarés dijo...

No he podido acceder a todos los links excepto a la carta de Juan Valera del 22. La he encontrado muy interesante y he aprendido mucho sobre todo de la influencia francesa en los escritos de Rubén Dario por otra parte muy típico de los intelectuales hispanoamericanos a quienes Francia y todo lo francés les tira muchísimo. Besotes literarios, M.

Abejita de la Vega dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Abejita de la Vega dijo...

Azul es el mejor nombre para un primer libro de poemas.
¡Qué difícil ser poeta! Una gracia que le cielo, azul, concede muy pocas veces.
Atención a las fotos, en azul, que nos ofrece Vivanco, unas líneas más arriba.Poemas en azul.

Besos

Anónimo dijo...

Precioso color para dar nombre a un libro de poesía
Grande Rubén Darío.
Gracias por acercarlo.
Rita.

Spaghetti dijo...

Me gusta el título "Azul" (es la mitad de mi alma, la mitad de mi blog).Un título joven, para empezar un joven libro.
Muchas veces he comprado libros por el título y discos por la foto de portada...a veces he acertado, pero no menos veces que cuando me los han recomendado, incluso gente con criterio.Un gran "titulador"con el que siempre se acierta es García Marquez.
bsssoss

Ele Bergón dijo...

Gracias Pedro por traernos a Rubén Darío y a su libro Azul. Siempre me gustó este libro empezando por su título. Como te dice Merche no he podido acceder a todos los enlaces.

Es muy interesante todo lo que comentas.

Un abrazo

Luz

Luis Antonio dijo...

Es justo rehabilitar la figura poética de Rubén Darío. Todavía queda mucho por hacer en este sentido.

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda,

Aunque no me guste citarme, en Diciembre 2011, en un comentario también en la Acequia, me posicionaba sobre el Señor Rubén Darío con las siguientes líneas:

"Basta repasar algunas estrofas del Señor Darío (si apreciamos la rima) para asegurar sin temor a equivocarnos que poseía un cerebro prodigioso, un don en el dominio de la lengua y una musicalidad propia de un compositor sin duda portentoso.

La poesía sin embargo, apunta a más que el virtuosismo con las formas, y ese horizonte a veces la sitúa en lo inasible también para los genios, y las formas trabajadas tan solo con las notas de la lengua, penetran en ingenuas muchedumbres que ofrecen eco y coro, vaciando al poeta.

Leyendo a Darío, uno observa que se vació más veces de las que pudo soportar su genio, la razón imagino, que fue el vacuo fondo cuando nos acompaña de por vida; que no por trágico resulta único, sino habitual entre mentes (geniales o vulgares) usurpadas por la banalidad del mundo que se escoge.
"

La poesía de 'Azul' en general me embota y empalaga, como cuando arde el incienso o velas con esencias y no permiten percibir el aroma y sexo de la carne, y perdieses al menos un sentido, sin estar seguro de la química o si son feromonas de tu gusto, y acabas dudando que quizás el atractivo consistía en que te recordaba el arroz con leche acanelado de la infancia; así que recortando estrofas, me quedaría con un puñado, que no es poco, porque una buen trozo de rima o párrafo lírico, cuando se encuentra, vale su peso en "mirra", "oro" y quizás también en "incienso", al menos por Navidad, para ofrecer la regalía.

Suyo, Z+-----

Gastón Avale dijo...

Que lindo recorrido por la vida de un gran poeta... Me encanta dario... Cuando leí sus poemas quede fascinado... Un buen relato para darnos ganas de leerlo... Un abrazo!

LA ZARZAMORA dijo...

Con él llegó el modernismo, con sus culteranismos, el cisne, la preciosidad de Oriente y la mitología.
El parnasianismo francés, la evasión de la sociedad de su tiempo...

Prefiero su última etapa, los Cantos de vida y esperanza, con las primeras gotas de un existencialismo y pesimismo ya latentes.

Besos, Pedro.