martes, 25 de septiembre de 2012

El problema de España (II)


Una de las falsedades más graves en el relato de la historia de España es la que hace motor exclusivo de la unidad a Castilla. Curiosamente, ha sido defendida por los que quieren favorecer a Castilla en una visión imperial de España, como la salvaguardia de los valores eternos y por sus contrarios, los que acusan a Castilla de someter a las otras regiones españolas. Y, finalmente, gracias a su ladera poética patente en lo que se llamó Generación del 98 -otra falsificación histórica que sirvió a los mismos fines-, terminó calando en la mentalidad colectiva como construcción histórica indiscutible. Pero no lo es.

La visión castellanista de la historia de la nación por la cual Castilla hizo y deshizo España, no se ajusta a los hechos o, al menos, peca de parcial y justifica los argumentos separatistas de otras regiones tanto como los intereses de sectores económicos para someter todo a un solo principio de unidad. Aunque es innegable que la potencia económica, demográfica y militar que suponía el Reino de Castilla hizo que su peso decantara gran parte de los empeños y que en otras zonas la cultura castellana terminara imponiéndose a las locales puesto que las élites sociales abandonaban sus propias tradiciones, esto no supuso nunca la exclusividad. Durante gran parte de la historia de España hubo leyes y normas diferentes en cada uno de los Reinos que la componían y también intereses diversos e intereses comunes. En gran medida, esto se conserva hoy y está en la base de muchas de las reivindicaciones de los nacionalistas que pretenden la independencia de Cataluña o del País Vasco, aunque con argumentos que no son validables históricamente en su totalidad puesto que parten de la misma visión interesada de la historia de España que la versión castellanista, aunque desde posiciones opuestas: aquellos usan demasiados argumentos victimistas -piensan que sus regiones salieron y salen perdiendo con la unión tanto cultural como económicamente-; y estos un tanto grandilocuentes. Ambos, por igual, inoperantes y estériles para solucionar los problemas planteados y que solo sirven para tensar intencionadamente el diálogo.

La versión castellanista de la historia de España, tan fácilmente asumida tanto por los nacionalismos separatistas como por los propios castellanos, no conduce hoy a ningún sitio. Cuando un nacionalista catalán declara que Cataluña está cansada de España y España está cansada de Cataluña, no hace más que simplificar la realidad a partir de esa versión, como cuando desde fuera de Cataluña se habla de la unidad de España sin más. Y, además de no conducir a ningún sitio, debemos contrastarla con la historia para darnos cuenta de que es falsa.

La nación moderna en la que se basa España nació por un pacto entre los gobernantes y las clases dirigentes de los reinos de Castilla y Aragón. No fue, en absoluto, una imposición. Este pacto tenía una dimensión absolutamente moderna y validable hoy en día: una suma de intereses en las que cada uno de los territorios que se unían conservaban sus propias leyes y tradiciones.

De hecho, los momentos más importantes de la historia de España son aquellos en los se fraguó la necesidad de un pacto entre las diferentes regiones, cosa más moderna que cualquier nacionalismo excluyente a la manera de lo que pretenden los independentistas actuales, por ejemplo. Estos pactos nunca han sido castellanistas y siempre han dado buen fruto: la unión entre Castilla y Aragón, el proyecto imperial, la Constitución de 1812, etc. El último ejemplo, la Constitución de 1978. Pero estos pactos, como cualquier otro, no son validos eternamente y deben renovarse con intereses mutuos. Cuando no se generan, aparecen pronto los descontentos.

Continuará.

11 comentarios:

Juan Navarro Fernández-Pacheco dijo...

Antonio Pérez, secretario de Felipe II, es una prueba de lo que dices: acusado de alta traición y del asesinato de Escobedo, se refugió en Aragón, de donde no pudo ser extraditado, y de allí pasó a los Países Bajos para sumarse a los rebeldes de Orange.

Merche Pallarés dijo...

Sigo con interés estos posts :)) Besotes pactados, M.

São dijo...

Para mim, estou recebendo uma valiosa lição de História e isso te agradeço imenso, querido Pedro.

Bom dia.

PENELOPE-GELU dijo...

Buenos días, profesor Ojeda:

Volvamos al presente.
El día a día para el trabajador en Cataluña es muy costoso. Más que en otras Comunidades.
De este malestar se aprovechan los políticos. Las nuevas generaciones, aunque sus padres no sean originarios de Cataluña, aman el País, porque es donde han nacido y donde han crecido y hecho amigos, y donde se ganan el pan.
El idioma une. En Cataluña todo es mundo es bilingüe, al menos por parte de los catalanes.
Conozco muchos catalanes que pensando y hablando en catalán no sabían escribir correctamente su lengua. No se les había permitido expresarse en ella.
Desde hace unos años, para ocupar un puesto en la administración es necesario superar unos niveles de conocimiento del idioma.
Para los venidos de fuera, esto es una barrera momentánea más.
En cuanto a la población -de procedencia tan variada- y la convivencia pienso que es buena. Todo el mundo va a la lucha diaria, y no hay tiempo de ocuparse de crear dificultades al vecino.
Lo que se pide y se debe exigir, con estas manifestaciones, es que administren bien los impuestos y los recursos, porque a los contribuyentes les cuesta sudor y sangre conseguirlos.
Molesta, y es comprensible, cuando se ven las obras faraónicas y los despilfarros en otras ciudades. Y las subvenciones para cosas inútiles. Y el que piensen que Cataluña es Jauja .
Habría que analizar cómo están sus cuentas, y sus saldos. Y entonces, se encontrarían las respuestas para estas aparentes diferencias y se callarían y hermanarían muchos de los descontentos, pues -al fin y al cabo- están con los mismos problemas los ciudadanos de las Comunidades todas.

Saludos.

Luis Antonio dijo...

Tienes razón, pero luego vino Felipe V y dejó este país "hecho unos zorros". La España de los Austrias era monarquyía plurinacional...

Francisco O. Campillo dijo...

Comparto tu tesis: la construcción de España, no es un empeño de Castilla... solamente
¿De dónde viene entonces la equiparación de Castilla con los males de España? Ese es en realidad un tema complejo. Franco tuvo gran culpa de ello, al ponerles la camisa azul a los héroes castellanos. Así, parece que el Cid, o Isabel la Católica eran los adalides de aquella España tan nefasta. Pero no fue así en modo alguno.
Y para la reflexión, una frase que se le atribuye a Claudio Sánchez Albornoz: Castilla construyó España y España destrozó a Castilla. Cito de memoria.

P.S. Al hilo de tu post de ayer, entre las múltiples diferencias entre Isabel de Castilla y Fernando de Aragón hay una notable. Isabel apoyó decididamente la empresa de Colón ¿Por qué? Ese si que es un pasaje de nuestra historia apasionante y desconocido. Un judio converso (Luis de Santángel) desempeño un papel crucial en aquellos días, a las puertas de una Granada sitiada.
Pero no nos enrollemos y sigamos atentos a tu saga ;-)

mj dijo...

Hola Pedro, voy leyendo, y aprendiendo cosas nuevas, atentamente toda tu exposición y comentarios de esta España nuestra.
Espero la siguiente entrega.
Un beso

virgi dijo...

En algunos lugares por donde pasé este verano ví "País leonés", y tachado lo de Castilla-León.
Y un hermoso Viriato con pañuelo amarillo.
Besos besos

Pamisola dijo...

Muy interesantes las clases de Historia, toda explicación siempre viene bien. Y puede ayudar a comprender este "galimatías".


Besos.

Estrella dijo...

Los españoles, a lo largo de la Historia, unas veces combatimo entre nosotross y otras nos unimos para luchar contra los invasores. Eso es importante conocerlo. Conocer lo que hicimos, lo que fuimos, para saber por qué estamos donde estamos. Sólo el conocimiento de nuestra historia común nos hará comprendernos unos a otros. Sin eso nos convertimos en egoistas, interesados y resentidos. Todos. Centro y periferias.

Saludos, Pedro

Campurriana dijo...

Desgraciadamente, creo que sabiendo o sin saber la historia, somos egoístas, interesados y tremedamente resentidos. Ese resentimiento creado, en gran parte, por los manipuladores de masas, que hay muchos...