jueves, 19 de abril de 2012

El café. Los editoriales de La Acequia

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¿Cuántos cafés equivalen a una cena?

La entrada de esta semana correspondiente al club de lectura se publicará mañana viernes.

28 comentarios:

Juan Navarro Fernández-Pacheco dijo...

¿Cuántas palabras son necesarias para construir una mentira? ¿Cuántas veces hay que repetir una mentira para que parezca cierta? Algunos han resucitado a Goebbels. ¿Hace falta tomar café para estar despierto?

Chencho dijo...

y que van a hacer nuestros jóvenes sin poder estudiar y sin poder trabajar? Se tomarán el cafecito con el pensionista?

Spaghetti dijo...

Noooooooo la pregunta es si habrá suficiente café en Brasil para pagar todas las subidas de los servicios sociales!!!!!!!

lichazul...elisa dijo...

sin duda volverán tiempos en donde cada quien mata su hambre con lo que puede y tiene, y es que los subsidios son bonanza corta para cualquier país, no se puede pretender mantener un sistema y estátus de vida si no hay quien o qué produzca la riqueza para esas arcas que se reclaman constantemente

Besos

Isabel Huete dijo...

¿Sabes lo que pasa Pedro con esas equivalencias tan ridículas que hacen para explicar los disparates que hacen? Que pierden el poco respeto que ya les tenemos. Quizá sea por eso, por la prepotencia de la que hacen gala y la falta de consideración que demuestran tener con la ciudadanía, por lo que me río de ellos (no de lo que hacen, que me espanta, sino de cómo lo explican) y los ridiculizo. Es mi derecho al pataleo, a echar fuera toda la bilis que me generan, por pura cuestión de salud mental que es, en definitiva, lo que me permite luego sobrellevar los largos y negros días con los que amanecemos desde hace ya mucho tiempo. Demasiado.

Merche Pallarés dijo...

Y, ¿cuántas cacerías? Besotes asqueados, M.

JESUS y ENCARNA dijo...

Buenos dias Pedro, precisamente el cafecito es un estimulante que hace que el sistema nervioso se ponga en marcha.
Pero claro, tambien nos estimula la mente y nos da que pensar, quitando el cafe con semejantes comparaciones de P3, seremos mas productivos y esos eurillos que nos ahorraremos los tendremos a disposicion del resto de impuestos que nos estan metiendo.
Este gobierno y sus tecnicos que son multitud en la Moncloa, muchos mas que el anterior, tratan al pueblo como parvulos que no saben lo que hacen y sobre todo con tomarse el cafecito.
Estas acciones les reventaran algun dia, al tiempo.
Saludos cordiales
Jesus
P.D. Recibo tus videos que me parecen un idea estupenda.

Txema dijo...

Para algunos será imposible cenar, tomar un café o sencillamente vivir.

saludos

LA ZARZAMORA dijo...

El problema es que somos la metáfora del café.
Recuerdas aquel "Café para todos" ?

A partir de ahora será de sobre y con sacarina...

Besos, Pedro.

Abejita de la Vega dijo...

No sé el precio de las cenas en Casa PePe, pero seguro que hay para muchos cafés. A euro con treinta o cincuenta...

Lo que duele es la mala leche del que habla de los "cafeletes" de los funcionarios, seguro que se lo sirve, en un lujoso despacho, un camarero enguantado y no sabe su precio...ni le importa.

Por cierto, te estás quedando en los huesos...

Besos

Joselu dijo...

Cuando leemos lo que escribe alguien, el lector se hace una imagen mental sobre el físico, la apariencia y el atuendo del autor. He comprobado que muchas veces esta imagen es rota por la realidad cuando conoces al bloguero en cuestión. Por primera vez veo tu imagen que es la de un profesor joven, dinámico, apuesto… y ello contrasta poderosamente con la que yo tenía: te imaginaba mayor, con un aire institucional, severo, profesoral, sesudo.. Toda una sorpresa, Pedro. Tu videoblog me ha recordado poderosamente a las intervenciones geniales de Iñaki Gabilondo. Un cordial saludo, joven profesor.

Juan Luis Garcia dijo...

Y tienen razón; ya no necesitamos café, para crisparnos los nervios ya tenemos a los políticos.

Hernando dijo...

A mí esta palabra"Café" ya me resulta amarga como su sabor, cuántos eufemismos estamos creando alrededor de ella. Hubo un general asesino compañero de Franco, que mandaba en Andalucía,(no se merece ni que le nombre) que para mandar al paredón al pobre rojo, decía "dale café" ya era suficiente para que su muerte fuera próxima.
Hubo un presidente que ante un programa de televisión no sabía lo que costaba un café.
Ahora hablan de "café para todos" refiriéndose a unas autonomías cada día con menos peso, se habla de una subida de la bombona de gas equivale a un café, y me pregunta sería, cuántos cafés nos cuesta el mantener a un corrupto con responsabilidades políticas?.

Luis Antonio dijo...

Yo prefiero alguna que otra infusión de té, poleo, mate...
El café/metáfora del Gobierno me desvela...

Ele Bergón dijo...

Lo más irritante de todo esto de las explicaciones para recortarnos en todo, es el modo en cómo nos insultan a todos para justificar lo injustificable:

Los funcionarios, vagos porque toman café y leen periódicos. Los profesores vagos, están mal acostumbrados, los jubilados derrochadores porque se ponen enfermos y no tienen mesura en tomar las medicinas... y así seguiremos.

Parece que lo que hemos tenido hasta ahora, no era tan bueno, es mejor lo que nos imponen. Mejor no tomarse tantos cafés que dañan la salud y ellos ¿ cuántos cafés se toman? ¿ cuántas comilonas se dan?

En fin, seguimos estando indignados, pero creo que ya es hora de reaccionar y sin embargo seguimos paralizados.

Besos

Luz

Neogeminis dijo...

Curiosa manera que han encontrado de medir los "ajustes" jejee...nooooooooo, si no se les puede decir que no son creativos!

Un abrazo...y me termino mi café.

El Gaucho Santillán dijo...

Lo peor, es que la gente se olvida.

Se sufre hoy, pero en diez años, estos funcionarios volveràn a estar "en funciones".

En Argentina pasò asì.


Un abrazo.

Spaghetti dijo...

En el diario digital "elpaís.com" Iñaki Gabilondo tiene un "videoblog" desde hace algo más de un año, comentando las noticias más relevantes según su criterio.
El formato es el mismo que el tuyo pero con más medios. El se arriesgó también a los comentarios que al poco tiempo lamentaba ... http://elpais.com/diario/2011/12/18/opinion/1324162805_850215.html ...
Pero tu eres nuestro, cercano, y nosotros somos tuyos.

enletrasarte(Omar) dijo...

Tiene razón nuestro amigo Luis Antonio, un buen mate, energético, antioxidante, anticancerígeno
y también tiene razón el amigo Gaucho Santillán, el tiempo hará olvidar a muchos lamentablemente.
Quien olvida su pasado, está condenado a repetirlo
saludos para toda la Acequia

Natàlia Tàrraco dijo...

No me cuelan sus cuentas ni quiero entar en ellas, sus cenas valdrían...por un decir, cien cenas de las personas normales. No entro en el cómputo o vomito la cena. Más trampitas saduceas...!amos anda!
Canto un bolero del olvido que jamás olvida ningún detalle de los importantes, que perdure. Besito.

pancho dijo...

Debo ser antiguo, prefiero leer tus reflexiones a escucharlas. Me pierdo con tantas cuentas y cálculos.

Sancho dijo...

ya me pasarè por ahì para dejarte unas patatas fritas

virgi dijo...

Muchacho, quedaste genial. A esta editorial ni le sobra ni le falta. Cuando oí lo del café y las recetas de los pensionistas, me quedé a cuadros...¡chiquita caradura!

XuanRata dijo...

Vamos a ver si me aclaro, o sea, que a partir de ahora la cena se reduce al café, ¿no es así? ¿y qué soñaremos tras una cena de café solo?

Asun dijo...

Podría dar para muchos cafés con esas comidas y cenas. Cafés que podrían ayudar a paliar los apuros económicos de muchos pensionistas.

Besos

Paco Cuesta dijo...

El cafelito fue durante un tiempo el signo de una clase social, como para los currantes el bocata. Con las expendedoras automáticas de bebidas, el cafelito está al alcance de todos, resulta por tanto un elemento comparativo comprensible universalmente.

Antón de Muros dijo...

Los políticos están convencidos de la falta de inteligencia de los votantes.
Muchas veces sus explicaciones parecen sacadas del libreto de un humorista...

Abrazo.

Antón.

elena clásica dijo...

¡Genial! Pues ni que los pensionistas sse dedicaran a beber litros de cafeína, pobres míos.

Indignación máxima requerida por la mentira y la maldad a la que asistimos.

Un abrazo, querido Pedro.