miércoles 30 de noviembre de 2011

De paseo para despejar la mente


A finales de noviembre, ando entre la niebla y el frío. Algo típico de las ciudades que habito cuando el otoño se inclina ya hacia el invierno. La niebla es una sensación de mi infancia, casi un estado anímico. Aquellos que no han vivido nunca en ciudades con niebla no podrán comprenderme. Aun recuerdo semanas enteras de niebla en las que la humedad se metía muy adentro y hacía que se caminara encogido por unas calles que parecían pertenecer a ciudades fantasmales. Todo parecía irreal, quizá porque lo era o quizá por eso era más esencia: los lugares aparecían sorprendentemente y solo cabía mirarlos individualizados, como si no pertenecieran al plano de una misma ciudad sino a un puzle cuyas piezas se encuentran al azar. Cuando comencé a viajar una de las sorpresas era descubrir finales de otoños sin niebla: no importaba el frío porque la luz lo disminuía. Pero la otra ciudad que habito reserva el cuchillo del viento frío del norte, que también te hace encoger en el abrigo  levantar el cuello para abrigarte.

Lo mejor de una mañana de niebla es una tarde despejada, que permite el paseo: uno se echa a la calle con ganas de recorrer la ciudad entera para comprobar que las cosas, cuando se levanta la niebla, siguen como se recuerdan.  Necesitaba este paseo de hoy. Mi vida actual se parece tan poco a la que llevaba hace un año que es necesario el sosiego para comprenderla. Hay unas cuantas cosas que me afirman, pero otras muchas que me interrogan. Eso es bueno: estoy vivo. Ahora que lo escribo, me doy cuenta de que llevaba mucho tiempo sin hacer una entrada en La Acequia de este tipo. Mañana comienza el mes de diciembre.

martes 29 de noviembre de 2011

Pulió las cosas para que se reflejara en ellas el cielo


Pulió las cosas para que se reflejara en ellas el cielo.Tanto, que consiguió hacerlas invisibles.Le dijeron que era un esfuerzo inútil.

- Por eso mismo.

lunes 28 de noviembre de 2011

Europa y la crisis


Desde la caída del muro de Berlín en 1989, la etapa histórica que conocemos como Postmodernidad estaba necesariamente superada aunque podamos marcar esa fecha como su hito central. El cúmulo de ideas que la sostenían había nacido para dar salida a la situación de bloqueo de la etapa final de la Modernidad, que había dividido radicalmente el mundo en dos en lo que parecía un conflicto sin solución posible. Aunque muchos negarán el éxito a las ideas postmodernas, lo tuvo. Pero, como suele ocurrir en todas las fases históricas, el éxito es el anuncio de que nace un nueva realidad, una nueva situación histórica. Y las ideas que la han propiciado comienzan, por erosión, a no ser válidas para dar salida a los nuevos problemas.

La caída del muro de Berlín significó la desaparición de un status quo basado en el enfrentamiento entre dos concepciones del mundo: la capitalista y la comunista; el mundo basado en las ideas liberales tal y como se entendía el liberalismo tras el final de la II Guerra mundial (el liberalismo, por mucho que se empeñen algunos guardianes de la ortodoxia no ha sido siempre igual) y el mundo basado en las ideas soviéticas (también con sus variantes). Este enfrentamiento buscaba un equilibrio frágil pero equilibrio, al fin y al cabo, basado en la carrera de armamentos (con la culminación en la amenaza de la guerra nuclear), los conflictos locales en los que se jugaban posiciones estratégicas del tablero mundial y la medida tensión de la política internacional.

Tras la caída del muro de Berlín, Fukuyama pudo anunciar, incluso, el fin de la historia y el advenimiento de un mundo basado en el neoliberalismo y el pensamiento único. Pronto aparecieron grietas en un sistema que parecía haber logrado la estructura perfecta: una sola potencia se declaró la guardiana exclusiva de este mundo, se barrieron las fronteras nacionales para que pudieran actuar a su antojo las grandes multinacionales que se convirtieron en un factor de poder real muy superior a los gobiernos locales provocando desajustes en un continuo choque de placas en el que parecía incuestionable el camino a tomar, los llamados países emergentes tomaban solo las partes convenientes del neoliberalismo (proceso fomentado por los intereses financieros internacionales) mientras seguían aplicando en el interior medidas poco o nada liberales puesto que no se había procurado una mínima cohesión social previa, aparecieron factores religiosos y de otro tipo en grandes zonas del mundo a los que el neoliberalismo no podía dar soluciones correctas, etc.

Una buena parte de la crisis actual, que tanto ha afectado a la vertebración europea, se debe a que no se ha hallado una nueva forma de equilibrio a ese pensamiento único, capitalizado, además, por los sectores más duros del nuevo liberalismo, los llamados neoconservadores y las empresas que trasformaban al cliente en mero consumidor. Durante la época de bonanza a nadie le preocupó tal cuestión puesto que todo el mundo parecía satisfecho con el enriquecimiento fácil y rápido. Parecía haberse alcanzado, de verdad, el fin de la historia: un paraíso del capitalismo en el que todos pudiéramos soñar con ser ricos o, al menos, parecerlo de una manera lo suficientemente atractiva como para que las reivindicaciones sociales no contuvieran peligro para el sistema establecido sino, en todo caso, su fortalecimiento (nadie parecía querer otra cosa sino lo mismo que los demás). Europa -sus dirigentes, sus ciudadanos- no supieron ver que el neoliberalismo que se les ofrecía, sin contrapeso, no encajaba bien con una de las virtudes de la esencia europea por la que venía luchándose desde el siglo XVIII y que, aunque no se había conseguido del todo en el XX, estaba más cerca que nunca: la cohesión social, un sistema de democracia liberal que la protegía y, por ello, defendía el estado de equilibrio social que, sin ser perfecto, era el mejor que había existido nunca y, a todas luces, el más equilibrado que existía en el mundo. Pero la realidad estaba envenenada del llamado pensamiento único y de un consumismo irracional que se convirtió, finalmente, en el motor único de Europa. Europa, hasta la crisis, ya no era una idea, sino un mercado en el que prescindir de las ideas que habían hecho del continente un proyecto.

Con la crisis, Europa ha tomado parte de la medicina que había recetado a otros países cuando lideraba el mundo: en esto, si se aprendiera de la experiencia, podríamos sacar una buena lección. No soy optimista al respecto, por supuesto. Una de las cosas que se juega ahora es, precisamente, si Europa es capaz de generar ideas como las que hicieron aparecer el concepto de ciudadano o de democracia. Ver solo la crisis como una cuestión financiera es no entender lo que ocurre: esta crisis es una fractura de las ideas que han sostenido el concepto de Europa.

sábado 26 de noviembre de 2011

Esto no es una crisis


Si esto no fuera una crisis sino un ataque contra una forma de entender la vida basada en la cohesión social y en la extensión de un bienestar mínimo a la mayoría de la población sería más fácil comprender lo que ocurre y reaccionar. ¿O es así y no lo queremos ver?

viernes 25 de noviembre de 2011

Una rosa en noviembre


Es curiosa la resistencia de las últimas rosas florecidas que permanecen, en decadencia hermosa, firmes ante el frío del otoño en una esquina del jardín. Mi padre trabajó un jardín en un pedregal y lo llenó de rosales. A veces recuerdo cómo arañaban sus espinas cuando ayudaba con las tijeras de podar. No sé cómo, algunos inviernos aparecía una de estas rosas que había escapado a la cuidadosa vigilancia: me parecieron siempre las más hermosas. Llegué a sospechar que brotaban así, decadentes y hermosas, a contratiempo. Quizá tengan el secreto de los malos tiempos.

jueves 24 de noviembre de 2011

El final de la Sonata de otoño y noticias de nuestras lecturas


El final de Sonata de otoño enfrenta al Marqués con sus propios miedos. Por supuesto que siente la muerte de Concha, pero no da la cara ante las niñas y oye los llantos desde lejos, sin aproximarse:

¡Y qué mortal instante aquel de la mañana alegre, vestida de luz, cuando en el fondo del Palacio se levantaron gemidos inocentes, ayes desgarrados y lloros violentos!

Opta por el distanciamiento emocional de lo que ocurre a pocos metros. Y su preocupación, en lo que adivina ya la última etapa de su vida, se vuelve egoísta:

¿Volvería a encontrar otra pálida princesa, de tristes ojos encantados, que me admirase siempre magnífico? Ante esta duda lloré. ¡Lloré como un dios antiguo al extinguirse su culto!

Llora el Marqués al final del volumen no por la amante fallecida ni por las pequeñas huérfanas, sino por sí mismo. Bradomín solo puede quererse, en verdad, a sí mismo. Pero hay algo que impide que el lector se lo tenga en cuenta: habilidad de Valle Inclán que sin ocultar las debilidades de su protagonista las hace perdonar. Siempre se ha dicho que hay algo atractivo en algunos canallas...

Como sabéis, optamos por no leer las Sonatas en el orden argumental, sino en el de su publicación, para comprender esa primera recepción de la obra. Por eso, la próxima semana comenzamos Sonata de Estío.

Noticias de las Sonatas

Paco Cuesta aborda una cuestión esencial para comprender las Sonatas: el género literario al que pertenecen. No os perdáis su entrada.

Merche Pallarés termina la lectura de Sonata de otoño declarando los principios que rigen sus comentarios... y lo mucho que ha disfrutado sensorialmente con la lectura.

Ele Bergón nos lanza una propuesta más que interesante que deberíamos considerar: una visita al Madrid de Valle tras terminar la lectura de las Sonatas. Opinad en su entrada sobre esto.

Mª Ángeles Merino nos lleva a una serie de televisión y, de su mano, a una interpretación muy interesante sobre la posible influencia de Sonata de otoño en Mariona Rebull, de Ignacio Agustí. No os perdáis esta entrada.

Pancho analiza, con precisión, cómo cambian las circunstancias con la llegada al palacio de Isabel y la niñas.

Noticias de lecturas anteriores

J.G.  comenta un aspecto interesante de Riña de gatos: la forma en la que Mendoza construye un argumento para el protagonista que siguiendo las convenciones se escapa de ellas...

Pancho también comenta Riña de gatos, en concreto desde la situacion de comedia en la que el protagonista escucha escondido hasta la reunión en la sede de la Falange. Es un momento interesante de la novela, en el que Mendoza  juega con una realidad dura para distanciarla con el tratamiento literario.

miércoles 23 de noviembre de 2011

Dos momentos del día



Esto sucede así: te levantas, vas a tus cosas, regresas a casa. Vas y vuelves por el mismo lugar pero todo tiene otra luz. Ni más cierta ni menos: diferente. Dejas, por el camino, algo de lo que cargas en el regreso para limpiar el día y aliviarlo de lo que no quieres llevarte a casa. Mañana, en efecto, será otro día.

lunes 21 de noviembre de 2011

Toda flor


Derecho a la flor hasta en la reja más oxidada. Por eso, más hermosa como más vivida. Toda flor, nada más, pura esencia, flor en el tiempo.

domingo 20 de noviembre de 2011

La luz del vecino


Te intriga la luz del vecino a estas horas de la madrugada. Hasta que te das cuenta de que tú también estás despierto y con la luz encendida esperando, sin más, a que amanezca. Y aun faltan unas horas.

viernes 18 de noviembre de 2011

No renuncio a ser ciudadano

Este domingo se celebran elecciones generales en España. Son las primeras en las que la opinión pública percibe una tendencia que comenzó hace décadas: los gobiernos democráticos nacionales están subordinados a políticas económicas supranacionales que les imponen directrices, decisiones que afectan a políticas de cohesión social, reformas constitucionales o, incluso, cambios de presidentes de gobierno para recurrir a lo que, en un eufemismo deplorable, se han denominado gobierno técnicos. No es algo nuevo, pero es la primera vez que los países europeos constatan que ellos también pueden sufrir unas imposiciones que antes parecían reservadas para otras zonas del planeta sobre las que ejercían cierta hegemonía: algo así como probar la medicina que se recetaba antes para otros. Ni siquiera se trata de aquel abortado proyecto que consistía en hacer de Europa una especie de confederación de estados que hubiera evitado muchos de los males de la actual crisis.

Ante esta sensación generalizada hay varias opciones: muchos votarán a quienes piensan que pueden sacarles de forma rápida del gravísimo problema económico a costa de lo que sea, aunque la ideología de quienes reciban estos votos no corresponda con la forma de pensar habitual del votante y de su condición social real; otros muchos han caído en un estado de desánimo o de indignación contra los partidos políticos -en especial contra los mayoritarios- que, dicho sea de paso, se han ganado a pulso esta deserción, y se abstendrán.

Mi opción es una tercera. Nunca he dejado de votar en unas elecciones, incluso aunque el programa o los candidatos del partido al que votara en cada ocasión no contaran con todo mi apoyo (en democracia es muy sano no actuar como un fanático o un hincha de un equipo de fútbol). Tampoco dejaré de votar en esta ocasión. Votaré por mí, pero también votaré por mi padre -que ya no puede hacerlo y no pudo durante gran parte de su vida- y por mi hija -que aun no puede hacerlo porque no tiene la edad requerida-. Votaré porque pienso que la democracia es parte de mi constitución como persona, aunque el sistema democrático actual pueda ser mejorable y los partidos políticos se hayan profesionalizado y burocratizado de una manera escandalosamente mediocre e interesada y sean responsables en gran medida de la falta de ética en el ejercicio de la política. Votaré porque siempre he votado pero hoy tengo esta otra razón, la que nace de la conciencia de que solo la sociedad puede hacer cambiar el sistema y la forma de actuar de la mayoría de los políticos españoles, tan criticable. Votaré porque tengo la conciencia de que abstenerse no contribuye, en nada, a la mejora de la democracia: a no ser que sucediera, como en la utopía de Saramago, que todos nos abstuviéramos y al día siguiente de las elecciones hubiera una sensación de que todo debería comenzar de nuevo, como si nos diéramos una oportunidad de construir desde abajo la democracia con la ingenuidad de quien piensa que en el fondo del ser humano está la bondad y la generosidad necesaria para no caer en los mismos errores.

En esta ocasión hay dos razones más para votar y para elegir el sentido del voto: como ciudadano no hay que dejarse dominar por el pánico o el desánimo que se ha instalado entre nosotros y que, en gran medida, ha sido fomentado por los medios de comunicación que buscan con ansiedad noticias alarmantes que vuelcan sin digerir en la opinión pública; en segundo lugar, no renunciar, como ciudadano, a participar en las decisiones que me afectarán en los próximos cuatro años. No renuncio a ser ciudadano, es decir, a tener derechos y deberes y ser corresponsable de la política que se hace en mi país. Si no me dejaran, solo cabría la opción de la revolución desde fuera del sistema, por supuesto, porque la revolución es la única salida cuando una parte sustancial de la sociedad se percibe fuera de cualquier sistema político (¿hemos llegado ya a ese momento?). La abstención no es revolucionaria ni le importa a aquellos que nos han decepcionado a no ser que sea como en la ficción de Saramago. Aun no ha llegado ese tiempo. Yo no voy a renunciar a ser ciudadano: lo contrario sería declararme súbdito de un nuevo monarca absoluto que decide por mí sin tenerme en cuenta. Eso sí, para ser ciudadano, hay que seguir ejerciendo como tal a diario tras depositar el voto en la urna el próximo domingo.

jueves 17 de noviembre de 2011

La prima Isabel y noticias de nuestras lecturas.


Valle es implacable con su personaje: el Marqués no puede dejar de ser lo que es. Concha acaba de morir entre sus brazos y Bradomín siente pánico. La única persona que puede ayudarlo en esa situación sin comprometer las apariencias que deben guardar los dos amantes es su prima Isabel y acude a buscarla para contarle todo. Pero cuando llega hasta su cama siente la pulsión sexual: no puede dejar de besar un rizo del cabello que se le ofrece tentador. Ni siquiera tiene remordimientos ante lo que hace -la traición a Concha, cuyo cadáver yace a pocos metros-: Yo soy un santo que ama siempre que está triste. La pobre Concha me lo habrá perdonado allá en el Cielo. Ella, aquí en la tierra, ya sabía mi flaqueza. Solo después de gozar de Isabel -qué significativa la elipsis con la que termina el fragmento- acude de nuevo ante el cadáver de Concha para llevarlo a su dormitorio para evitar que hallen a la amada muerta en el lecho del amante.

Evidentemente, Bradomín no podía considerarse un santo, solo obra según su instinto. Para indicarlo, Valle escribe este paréntesis amoroso que protagoniza la prima del protagonista.


Noticias de las Sonatas


Merche Pallarés ha encontrado el punto a sus comentarios de la Sonata de otoño: más que punto, contrapunto, con lo que no deja de poner en evidencia el comportamiento de los personajes...

Mª Ángeles Merino comenta el final de la Sonata de otoño, prestando atención especialmente a dos cuestiones: en primer lugar, el tratamiento sensorial de la historia; en segundo, la condición fragmentaria. No os perdáis las ilustraciones.

Myriam publica un excelente análisis de la intertextualidad en las Sonata de otoño a partir de su acertada propuesta de la primera entrada que concluye con gran lucidez en una segunda que da la clave del trabajo de Valle sobre el texto de partida.

Pancho redacta una entrada que ayuda a comprender, desde dentro, el secreto del ritmo narrativo de Valle y la estructura del texto de las Sonatas.

Ele Bergón susurra al oído de Valle Inclán que le estamos leyendo las Sonatas, aunque no le haya puesto bufanda...

Noticias de lecturas anteriores

Pancho llega al momento en el que Riña de gatos acelera el ritmo narrativo para jugar aun más al enredo y hacer que el protagonista no tenga dominio sobre su propia vida...

miércoles 16 de noviembre de 2011

Solo es una esquina pintada de amarillo


Solo es una esquina de un edificio que tuvo tiempos mejores. No hay más en esta imagen. Podría escribir la historia de la calle y su relación con un momento de mi vida: cómo hace más de treinta años era refugio de besos apasionados y abrazos inexpertos; podría escribir versos que hablaran de ojos verdes y ojos negros y labios adolescentes; podría escribir la historia de un amor que dejó una cicatriz en la memoria -qué amor no la deja-. Pero no hay nada más que la imagen de la esquina de un edificio que espera la piqueta para dejar un solar más en la ciudad que yo recuerdo y que ya no existe -qué insistencia la de la memoria de caminar por la ciudad como por un cementerio-. Pero no hay nada más que esta certeza: la imagen de una esquina que en su día alguien quiso pintar de amarillo.

lunes 14 de noviembre de 2011

La necesidad de las Humanidades


La posible eliminación de las Humanidades y Ciencias Sociales del Programa Marco de Investigación y Desarollo de la Unión Europea ha provocado la inquietud lógica en el ámbito académico. Desde hace unas décadas, la investigación se ha orientado preferentemente hacia las aplicaciones técnicas. Pero es ahora, en tiempo de crisis, cuando la balanza se ha inclinado definitivamente. No es solo el ámbito de las Humanidades el que peligra: en general es el de todas las que antes eran conocidas como Ciencias puras. Cada vez hay menos espacio tanto en la docencia como en la investigación para ellas, como si no fueran el peldaño necesario sobre el que construir las ciencias aplicadas y la tecnología. Algunos suponen que la tecnología -herramientas como las que me sirven para escribir este texto y que mis lectores puedan acceder a él y comentarlo- no tiene ideología, que un aparato como puede ser un iPad no la tiene. Nada más lejos de la realidad. Si no somos capaces de comprender la necesidad de defender los campos humanísticos en la investigación más puntera estaremos huérfanos sin la necesaria capacidad de reflexión y comprensión de nuestra dimensión histórica.

Los lectores más antiguos de La Acequia recordarán lo que simbolizaba en este espacio un humilde peral -y por ello mismo, necesario- que se encuentra en el aparcamiento de mi Facultad. Muerto desde hace unos años, su tronco permanece como testigo triste de todos estos acontecimientos. Lo hice la clave argumental del discurso sobre las Humanidades que pronuncié en junio de 2007. No sé si podrá aparecer en el discurso que pronunciaré este año, puesto que la promoción que se gradúa en el presente curso me ha hecho el honor de elegirme como padrino, pero lo que sí haré es volver a declarar mi convencimiento de que sin el cultivo de las ciencias humanas somos más fácilmente víctimas de quienes nos quieren solo como usuarios de nuevas tecnologías.

domingo 13 de noviembre de 2011

Sale uno a pasear un domingo de otoño y reclama la primavera


Sale uno a pasear un domingo por la tarde y olvida por un momento que estamos en campaña electoral o que los países caen uno tras otro, como fichas de dominó, en las fauces del dios mercado. No es extraño: si antes nos creíamos los dueños del dinero ahora los dueños son otros y deciden por nosotros. Es lo malo: la sociedad europea se ha olvidado de que Europa solo lo es si conserva alguno de su sellos de identidad, como la cohesión social. Si se olvida, quizá obtenga aquello que sembró en otros países, cuando marcaba las dinámicas del mundo. Sale uno a pasear un domingo por la tarde y percibe que definitivamente el otoño está ya aquí, que vendrá el invierno y estallará la primavera, no necesariamente por este orden. Es otra de las consecuencias de lo revuelto que está el mundo. Tal y como están las cosas, quizá necesitemos ya la primavera para sacarnos de los cuarteles de invierno.

viernes 11 de noviembre de 2011

De pronto, los hijos crecen.


Debut de Pequeña Carolina (myspace) en los conciertos organizados con motivo del Encuentro de Proyectos Solidarios, una actividad del Programa de acompañamiento de la Cumbre Mundial del Microcrédito que se celebra en Valladolid.

De izquierda a derecha: Sandra García Gómez (guitarra y voz), Ana Sánchez Roda (voz), Alejandro Cerro Villafruela (batería) y Elena Ojeda (guitarra).

jueves 10 de noviembre de 2011

Fetichismo en las Sonatas y noticias de nuestras lecturas.


Como parte del juego artístico con el que Valle recrea el amor entre los dos maduros protagonistas hay que resaltar el fetichismo recurrente. El Marqués ama a Concha, pero su pasión se entrega hacia partes de su cuerpo, gestos y actitudes en los que se detiene con veneración, así como a las prendas de ropa de la amada. No es obstáculo su enfermedad, sino todo lo contrario: a sus ojos, la hace más hermosa y deseable. De ahí, por ejemplo, que tras el reencuentro insista en ayudarla a vestirse y se desaten todos los sentidos: el olfato (Descolgué aquella túnica, que aún parecía conservar cierta tibia fragancia), la vista (Sacó los pies fuera de la cama, los pies blancos, infantiles, casi frágiles, donde las venas azules trazaban ideales caminos a los besos), el tacto (el juego con el que roza sus pies, la caricia con la que le pone las medias de seda negra, que tenian bordadas ligeras flechas color malva). No puede el Marqués más que cometer una blasfemia: Yo la vestía con el cuidado religioso y amante que visten las señoras devotas a las imágenes de que son camaristas. Pero donde todo llega a su culminación es en el pasaje en el que traslada el cadáver de la amada a su habitación.

Valle sabe jugar con todo esto: crea una atmósfera delicadamente sexual no exenta de impactos visuales que debieron causar asombro y escándalo hipócrita en los lectores de su tiempo. No importa: es tan atractivo tanto lo que cuenta como, sobre todo, cómo lo hace que el lector ha quedado ya irremediablemente atrapado.


Noticias de las Sonatas

Merche comenta el reencuentro de los amantes: no os perdáis cómo subraya con sus comentarios lo que sucede, como si observara desde un agujero en la pared la escena para contárnosla...

Kety dedica unos versos a cantar y glosar el jardín del Palacio de Concha...

Gelu reflexiona -e ilustra con música- sobre las razones que empujan al Marqués a marchar a ver a Concha cuando ella lo reclama. ¿La quería?

Firvulag sigue buceando en las hemerotecas digitales y da con una perla: una de las primeras reseñas de Sonata de otoño, obra de Manuel Bueno. Para debatir en su entrada, también, la posible filiación carlista de Valle.

Myriam hace un inteligente y profundo análisis del signficado del laberinto como símbolo en la Sonata de Otoño. Entrada imprescindible.

Delgado comenta y hace una pequeña antología de la faceta como poeta de Valle-Inclán, quizá la menos conocida de las suyas.

Mª Ángeles Merino nos lleva con palabras e imágenes al capítulo central de Sonata de otoño, en el que el laberinto interior del Marqués se hace visible en el Palacio...

Pancho consigue -desde el título de su entrada, tan acertado- recoger la belleza de la prosa de Valle a la hora de tratar el amor y la fragilidad de Concha.

Noticias de las lecturas anteriores

Pancho llega, en su comentario de Riña de gatos, al pasaje en el que el protagonista es encarcelado y cómo sale del apuro.

J.G., al comentar los riesgos y propuestas varias que se encuentra el protagonista de Riña de gatos, pone en evidencia una de las características del inglés, que vive una aventura casi a su pesar...

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, nos lleva al monte al comentar el capítulo 11 de la Primera parte del Quijote de la mano de otro secundario: un cabrero de los que tienen la fortuna (o no) de escuchar el discurso de Cervantes sobre la Edad de Oro. No faltan las bellotas...

miércoles 9 de noviembre de 2011

una niña de nuef años a ojo se parava

El Cid pretende pasar su última noche en Burgos en una posada. No puede: el rey lo prohibe bajo severas amenazas a quien desobedezca sus órdenes (le arrebatará sus propiedades, le arrancará los ojos de la cara y, después, lo matará) y nadie se atreve a dar amparo a Rodrigo. En ese momento se produce una de las escenas más conocidas del Cantar. Pocas escenas como esta para explicar la técnica con la que está construido todo el texto: la ideología del poema puede ser aceptada por todos porque se comunica instrumentalizando magistralemente las emociones más básicas y universales. El autor consigue alcanzar el sentimiento del que escucha la narración, esa es su estrategia para que tomemos la dosis doctrinal que se halla por debajo. Frente a una tropa de recios soldados armados y a caballo, decididos a todo, solo una niña de nueve años. Sería fácil apartarla y entrar en la posada. El pasaje es extraordinariamente visual y está construido para que nos provoque emoción. El Cid, tras escuchar a la niña -que le invita a pasar a pesar de las consecuencias que tendrá para ella y su familia ese gesto a la vez que le hace ver que no gana nada con provocar su desgracia-, decide no traspasar la puerta para dormir bajo techo y sale de Burgos para acampar junto al Arlanzón.

Es un fragmento magnífico que seguro fue rentabilizado oportunamente por los juglares que lo cantaban por los pueblos castellanos. La niña tiene tan solo nueve años: no hay en ella asomo de sexualidad, por lo tanto, puede simbolizar sin matices peligrosos la fragilidad de la inocencia.

Pero demos un paso más allá para no quedarnos en el argumento: Rodrigo pertenece al estamento nobiliario aunque su sangre no proceda de las mejores familias. Debe, por lo tanto, procurar el bien del pueblo, cumplir con la función que le otorga su nacimiento. Al respetar a la niña y a sus padres -por generalización, a todos los temerosos burgaleses que no osan ayudarlo- cumple esta función y se demuestra como un buen señor. Es la primera decisión que toma y lo hace de la forma correcta para el ideario medieval. Por eso, la niña, es decir, el pueblo burgalés -por extensión, castellano- sabe que Rodrigo es su héroe y no el iracundo rey de León. Se inicia aquí la identificación del Cid con la idea de lo que debe ser un noble castellano (al menos, de lo que debería ser), una de las líneas de propaganda ideológica del texto.

martes 8 de noviembre de 2011

La Noria del morbo y la hipocresía social.


Desde el conocido como crimen de Alcácer en el que fueron asesinadas tres adolescentes en 1992, los medios de comunicación españoles han prestado atención morbosa sin tapujos a los hechos cruentos que ocurren para cumplir, con tozuda persistencia, la estadística negra de toda sociedad. La crónica de sucesos, desde el inicio del periodismo en papel, siempre apasionó a los lectores: algunas cabeceras se dedicaron en exclusiva a esta tarea, inclinándose pronto por los aspectos más cruentos y los detalles menos relevantes pero de mayor gusto popular. En España era el campo en el que se movía el semanario El Caso, de gran tirada y que, curiosamente, comenzó a declinar cuando el resto de los periódicos, las televisiones y las radios dieron entrada generosa a estas cuestiones para ganar audiencia. El crimen de 1992 marcó un triste hito en la historia del periodismo español: lo que antes se reservaba para algunas publicaciones en papel o pequeñas gacetillas en periódicos más o menos serios, saltaba, por primera vez, a las televisiones en horas de máxima audiencia y llenaba horas de su parrilla y de las emisiones de las cadenas de radio. Se había levantado, para siempre, la prudencia a la hora de tratar estos temas. Esta circunstancia ha motivado la reflexión de sociólogos y se insertó en la literatura desde un punto de vista crítico, como en la novela Plenilunio de Antonio Muñoz Molina.

Desde entonces, el interés de la audiencia y de los responsables de los medios de comunicación, ha ido en aumento vertiginoso. Se ha demostrado, además, que no sirve de nada la conmoción creada cuando sucede algún escándalo nuevo porque alguien rompe el nuevo techo creado cuando se pensaba que ya no se podía ir más lejos. El último caso ha ocurrido con la presencia -cobrando, según parece, una buena cantidad de euros- de la madre de El Cuco en el programa de Tele5, La Noria. El Cuco es uno de los implicados en el asesinato de Marta del Castillo y la posterior ocultación de su cadáver, que todavía no ha aparecido. La novedad de la situación es el éxito obtenido por la campaña lanzada a través del blog de Pablo Herreros, que ha conseguido presionar a las empresas patrocinadoras del espacio, que han terminado por retirar sus anuncios del horario que ocupa este espacio. Sin duda, esta retirada de los anunciantes ocasionará un perjuicio al programa mayor que cualquier crítica y si no consigue sustituirlos por otros, puede ser motivo para que se replantee su orientación o desaparezca, cosa que me parece difícil porque es uno de los programas estrella de esta cadena televisiva que, cada vez más, se orienta al morbo y el sensacionalismo como espectáculo, tendencia avalada por el aumento de espectadores. Lo peor es que suele encubrirlo de ideología, dañando irremediablemente lo que aparenta proteger.

Los mejores analistas de televisión han dirigido el dedo acusador a los programadores de esta cadena y a los profesionales que conducen estos programas. Yo no lo voy a hacer hoy así. La Noria es el espejo de una parte de la sociedad española con capacidad de decisión: si los medios de comunicación tienen una responsabilidad ética -aunque ya no sé qué significa esta palabra hoy- cuando programan contenidos como estos y deciden cómo tratarlos, cada una de las personas que se sientan en su sofá para ver estos programas tienen también su cuota de participación en esa responsabilidad. Me niego a considerar que esta parte de la sociedad española -como aquella que ve canales de TDT en los que se trata la información como si fuera basura de interés propio sin ningún tipo de reparo, como la que consulta espacios de internet claramente manipuladores cuando no delictivos como referente de pensamiento- sea víctima de los programadores. Aquí todos somos responsables de nuestros actos diarios.

lunes 7 de noviembre de 2011

Abercrombie & Fitch o cómo ha cambiado todo.

La apertura en Madrid de una de las tiendas de la cadena norteamericana Abercrombie & Fitch ha desencadenado la esperada polémica -fomentada por la empresa por razones publicitarias- sobre la poca ropa de los dependientes que atienden a los compradores, pero también una queja de los periodistas especializados de los grandes medios de comunicación puesto que no se les ha dejado acceder de forma prioritaria al local. Su queja aumenta cuando critican que sí se haya permitido la entrada previa a los autores de blogs más importantes sobre moda en España. Todavía recuerdo -no fue hace tanto tiempo- cuando la situación era la inversa: en ningún acto -cultural, político, social- se permitía la entrada a los autores de blogs, por muy importantes que fueran y los organizadores buscaban, con ridícula ansiedad, la presencia de los fotógrafos y las cámaras de los medios de comunicación tradicionales: nada mejor que el acto fuera recogido el domingo por el periódico local. Han cambiado tanto los tiempos que aquellos editores de periódicos que negaban cualquier interés a la red ahora se afanan en corregir su ceguera de estos años. Algunos, me temo, llegan demasiado tarde puesto que su espacio en Internet ha sido ya ocupado. De que los dependientes sean modelos con poca ropa hablaremos otro día, que este no es un espacio financiado por esta empresa de ropa.

domingo 6 de noviembre de 2011

Un sabio punto de imperfección.


Busca siempre un sabio punto de imperfección que responda a tu mirada. Lo demás es razón de técnica y oficio y se aprende con dedicación y tiempo.

viernes 4 de noviembre de 2011

Asomarse al insomnio en los patios de luces


Hubo un tiempo, cuando no éramos ricos, en los que en España se construían las casas de las ciudades con patios de luces. Se construía mal y deprisa, para alojar a los que escapaban de la dureza del campo para vivir el sueño urbano. Asomarse a ellos era tener la realidad en unos metros cuadrados: era tan sólida, que nadie podía aislarse de la vida, para bien o para mal. Volver a ellos, en una noche de insomnio, es recuperar la consciencia de aquello de lo que hemos huido pero llevamos dentro. Muchos no podrían superar la prueba de vivir alrededor de uno de ellos.

jueves 3 de noviembre de 2011

El jardín del palacio y noticias de nuestras lecturas.


El jardín del palacio de Concha tiene todas las claves de los jardines modernistas: es un símbolo de las pasiones y anhelos de los personajes que se relacionan emocionalmente con él y, a la vez, de claves eternas de un paisaje que acoge a los seres humanos que llegan de verdad a pisarlo -los amantes, los reflexivos, los paseantes solitarios- pero que no les desvela fácilmente su significado. Así visto, el jardín del palacio de Concha guarda -como todos los paisajes de esta estética- el secreto de las relaciones de Concha y el Marqués y a cada uno le devuelve el enigma de su personalidad. Estos jardines son interiores, íntimos y misteriosos, trabajados -incluso en su decadencia- por el ser humano a lo largo de la vida, aunque nunca nadie pueda hacerse dueño de su enigma. Este secreto lo canta el ruido del agua de la fuente que hay en ellos, constante y lo expresa el laberinto construido con flores, arbustos y caminos y que no parece, en principio -de ahí su peligro para el que queda atrapado en él- difícil de resolver.Da igual el momento del día en el que se mencione, pero si se le contempla en una noche de luna llena con un leve viento parece que abre la puerta a las verdades mejor guardadas por la naturaleza.

No es de extrañar que, de una manera o de otra, sea una constante referencia en la Sonata de otoño.


Noticias de las Sonatas

Merche Pallarés llega al reencuentro: se ve que le gusta la atmósfera creada por Valle, en la que dos antiguos amantes recuerdan los momentos del pasado.

Gelu encuentra el ejemplar para leer el libro, entre escobas, y nos regala con un enlace en vídeo que os recomiendo.

Paco Cuesta presta atención al trazo con el que Valle pinta la atmósfera y el otoño de los personajes, para llegar luego a fijarse en el alto contenido erótico del texto y su contradicción con la moral que dicen sustentar los personajes.

Siguiendo mi reto, Firvulag va al origen, en la prensa, de la Sonata de otoño. Con su análisis y el enlace que facilita al final comprenderéis el trabajo de Valle con este texto.

Mª Ángeles Merino, Abejita de la Vega, hace una entrada muy suya y recomendable comentando varios pasajes sobre sexo, muerte y otras cosas de las Sonatas. No os lo perdáis. 

Pancho explica la reunión de los amantes a partir del carácter de ambos. Una entrada certera, sin duda.



Noticias de lecturas anteriores


Pancho comenta, con todo acierto, el capítulo 7 de Riña de gatos. Y tiene razón, España se para a la hora del aperitivo...

Kety nos devuelve el amor del Quijote como objeto, con un libro "de bolsillo".

Y Mª Ángeles Merino, nuestra Abejita de la Vega, nos lleva a reflexionar sobre la Edad de oro quijotesca...


J. G. describe, con inteligencia, la forma en la que Mendoza construye al protagonista de Riña de gatos.

miércoles 2 de noviembre de 2011

quanto dexo no lo preçio un figo

Martín Antolínez aparece en el Cantar del Cid justo cuando Rodrigo tiene un grave problema: debe marchar al exilio y no encuentra forma de abastecerse de lo necesario sin dañar a los habitantes de Burgos, que no pueden ayudarlo porque el rey leonés lo ha prohibido bajo severas amenazas (arrebatar toda propiedad del que apoye al Cid, arrancarle los ojos y, después, matarlo). Martín Antolínez entrega al Cid y los suyos la comida suficiente para echar a andar: es rico (non lo conpra, ca él se lo avié consigo) y lo arriesga todo. Por eso, el Cantar lo adjetiva como el burgalés cumplido. Sabe que su gesto le acarrea la ira del rey y le obliga a marchar al exilio junto al Cid. Es generoso y decidido. ¿Qué haríamos nosotros en una situación semejante? La mayoría se escondería tras las ventanas y las puertas, como los burgaleses, que tanto quieren al Cid como el mejor de los suyos, pero no osan rebelarse contra el mandato real (la leyenda cidiana no es, ya lo sabemos, la de la rebeldía). Pero siempre hay un Martín Antolínez que decide, sin dudarlo, cruzar el Arlanzón y arriesgar su patrimonio y su vida. Hay momentos así en la vida de todos nosotros.

Pero Martín Antolínez sabe que juega sobre seguro tras su gesto valeroso y de rebeldía frente al rey leonés. Si se quedara tras abastecer al grupo de exiliados, sería perseguido por la justicia y todo lo que tiene no valdría nada, pero si marcha con el Cid al exilio, confía tanto en él que no le cabe duda alguna de su futuro: 

Si convusco escapo sano o bivo,
aun çerca o tarde el rey quererme ha por amigo,
si non, quanto dexo no lo preçio un figo
.

Esta es otra de las claves de la leyenda cidiana: genera amistad y confianza incluso en los momentos peores. Todo el que se acerca a él de forma sincera se sabe bajo seguro. El Cid, cumple y promete:

si yo bivo, doblarvos he la soldada

¿Cabe un riesgo así en nuestra vida, entregándonos por entero a la lealtad y la aventura?

martes 1 de noviembre de 2011

Día de difuntos


Mañana es el Día de difuntos. Este año, en contra de mis costumbres, no visitaré ningún cementerio. A mi difunto más reciente, como a los vivos que quieren caminar conmigo, los llevo muy adentro. Juntos, caminamos hasta que alguien me lleve dentro.