jueves, 24 de noviembre de 2011

El final de la Sonata de otoño y noticias de nuestras lecturas


El final de Sonata de otoño enfrenta al Marqués con sus propios miedos. Por supuesto que siente la muerte de Concha, pero no da la cara ante las niñas y oye los llantos desde lejos, sin aproximarse:

¡Y qué mortal instante aquel de la mañana alegre, vestida de luz, cuando en el fondo del Palacio se levantaron gemidos inocentes, ayes desgarrados y lloros violentos!

Opta por el distanciamiento emocional de lo que ocurre a pocos metros. Y su preocupación, en lo que adivina ya la última etapa de su vida, se vuelve egoísta:

¿Volvería a encontrar otra pálida princesa, de tristes ojos encantados, que me admirase siempre magnífico? Ante esta duda lloré. ¡Lloré como un dios antiguo al extinguirse su culto!

Llora el Marqués al final del volumen no por la amante fallecida ni por las pequeñas huérfanas, sino por sí mismo. Bradomín solo puede quererse, en verdad, a sí mismo. Pero hay algo que impide que el lector se lo tenga en cuenta: habilidad de Valle Inclán que sin ocultar las debilidades de su protagonista las hace perdonar. Siempre se ha dicho que hay algo atractivo en algunos canallas...

Como sabéis, optamos por no leer las Sonatas en el orden argumental, sino en el de su publicación, para comprender esa primera recepción de la obra. Por eso, la próxima semana comenzamos Sonata de Estío.

Noticias de las Sonatas

Paco Cuesta aborda una cuestión esencial para comprender las Sonatas: el género literario al que pertenecen. No os perdáis su entrada.

Merche Pallarés termina la lectura de Sonata de otoño declarando los principios que rigen sus comentarios... y lo mucho que ha disfrutado sensorialmente con la lectura.

Ele Bergón nos lanza una propuesta más que interesante que deberíamos considerar: una visita al Madrid de Valle tras terminar la lectura de las Sonatas. Opinad en su entrada sobre esto.

Mª Ángeles Merino nos lleva a una serie de televisión y, de su mano, a una interpretación muy interesante sobre la posible influencia de Sonata de otoño en Mariona Rebull, de Ignacio Agustí. No os perdáis esta entrada.

Pancho analiza, con precisión, cómo cambian las circunstancias con la llegada al palacio de Isabel y la niñas.

Noticias de lecturas anteriores

J.G.  comenta un aspecto interesante de Riña de gatos: la forma en la que Mendoza construye un argumento para el protagonista que siguiendo las convenciones se escapa de ellas...

Pancho también comenta Riña de gatos, en concreto desde la situacion de comedia en la que el protagonista escucha escondido hasta la reunión en la sede de la Falange. Es un momento interesante de la novela, en el que Mendoza  juega con una realidad dura para distanciarla con el tratamiento literario.

16 comentarios:

elisa...lichazul dijo...

que triste Pedro, pero hay muchos que toda sus vida lo han pasado así, este personaje que retratas en tus palabras me recuerda al ciudadano kane, siempre buscando que lo admiraran y los contemplaran como la perfección andante

besos Pedro

Merche Pallarés dijo...

Brado, efectivamente es un canalla egoista pero, como dices, la habilidad de Valle Inclán es conseguir que no le odiemos. Ya casi he terminado la Sonata de Estío para dejar mis resúmenes sacrílegos programados. Besotes llenos de calor mexicano, M.

Myriam dijo...

Maestoso el cierre tuyo para esta Sonata:

En Marquéz es en definitiva un pusilánime y tremendo egoísta, que a pesar de todo no podemos odiar, por la virtuosidad literal del autor.

Voy hacia México en fragata.

Un beso

Aldabra dijo...

más que por la lectura (relectura en mi caso) en sí misma me da mucha pena no poder participar en los post tan buenos que hacen los lectores implicados...

¡ay, a ver si saco tiempo y leo la de Estío!


biquiños,

Asun dijo...

Pedro, yo creo que definitivamente me descuelgo de la lectura de las sonatas.
Entre que la literatura nunca ha sido mi fuerte, y que no estoy centrada me está costando demasiado.
Ya me reengancharé más adelante en otra lectura.

Besos.

José Antonio del Pozo dijo...

canalla, claro, pero no todos los días se encuentra una pálida princesa admirándole magnífico a uno, siendo feo, católico y lo otro, normal e incluso contenido entonces.
saludos blogueros

enletrasarte(Omar) dijo...

como un Dios al que nadie venera,
eso es maravilloso pues aún en la distancia de nuestro entendimiento, creemos saber cuánto agobio y tristeza significaría
saludos

Neogeminis dijo...

Poco dura el duelo cuando en realidad es el propio egoísmo el que se lamenta...

Un abrazo.

São dijo...

Estas criaturas que se resguaradm e acabam por deixar as pessoas sem apoio , enojam-me.

Um fuerte abrazo, querido amigo mio.

pancho dijo...

El relato oscila entre el anuncio de la propia muerte de Concha escrito en una carta perdida hace tiempo y el lloro de Bradomín: ¡Lloré como un dios antiguo al extinguirse su culto!( ¡qué frase!, vale por un libro)es la mejor confirmación de que lo que hemos leído es un breve camino hasta la decadencia del Don Juan ya viejo también. Antes ha defendido a los indefensos que quedan en la casa, ha matado a la propia muerte ( o a él mismo) representada en el milano depredador de palomas sin alas.

Bradomín se hace querer. Al fin y al cabo lo que quiere es querer y ellas también. En ningún momento da la impresión de ser un perro que se encare con la luna.

Ya parece que voy otra vez atrasado. Habrá que darse prisa para no andar otra vez corriendo.

Agradecido por el trabajo de referenciar los escritos de todos y los propios.

Abejita de la Vega dijo...

Me parece de una crueldad tremenda el permitir que unas niñas, con un pajarraco muerto en las manos, encuentren muerta a su madre.

No esperábamos ese distanciamiento final, es más egoísta de lo que pensábamos.

Nos vamos a otro clima, qué salto vamos a dar desde un pazo gallego hasta tierras mexicanas. La niña Chole ha de ser muy distinta a la moribunda Concha.


Besos

Delgado dijo...

La fuerza de Brado está en el control de los sentimientos, aunque se deja llevar, a la hora de la verdad mantiene distancias, ya veremos en la próxima sonata, no desvelo más ;D

Euphorbia dijo...

Ay con el marqués... su distanciamiento es muy mezquino.
Ese cambio de escenario va a costar, me sabe mal abandonar la humedad otoñal de ese jardín gallego. Tengo pedida la sonata de primavera y estío en la biblioteca de hace días pero aún no me han avisado, a ver si lo hacen pronto.
Un beso

Estrella dijo...

El marqués de Bradomín es en el fondo un pobre hombre; un hombre débil, incapaz de enfrentar su propia soledad, y eso le hace estar indefenso ante la derrota y la adversidad. Quizás ese triste final nos hace no llegar a odiarlo, pobre diablo.

Paco Cuesta dijo...

El personaje termina haciéndose familiar, como el hijo al que se le perdonan los deslices.

Señor De la Vega dijo...

Mi Señor Ojeda,

La suerte de no haber leído autores ni literatura de altura, es que cuando tropiezas con ella la disfrutas como un tesoro inesperado, repleto con abundancia obscena y desproporcionada de gemas, oros, bienes suntuarios y riquezas de un cuento oriental y que convierte en joyero de alpaca aquella forja y tallado que intentas engarzar con el diseño ingenuo de la bisutería propia.

Ayer leí Sonata de Otoño, y mi única advertencia antes de abordarlo fueron las no leídas todavía apreciaciones del jardín amigo regado por la Acequia y alguna crítica en Internet acerca del Señor Valle-Inclán, digerida con pesadez pílxica para acercarme al autor; con todo, las insinuaciones anteriores me perfilaban a su personaje Marqués de Bradomín como a un Don Juan desfigurado, y mi sorpresa fue el encontrar un monstruo; y no era Tenorio un monstruo sino un humano.

El Marqués no es humano, no desea mujeres, ni demostrar nada, ni placer, ni vanidad, sino posesiones, el Marqués busca no cantidad de lances ni demostrar a nadie, sino la calidad de poseer a los otros, poseyendo la íntima posesión de lo que él carece, lo que nos humaniza y a él lo desfigura.

Xavier es una farsa insensible, maligna, perversa, representa el poder sobre el débil (por eso la mujer parece el único objeto, pero solo parece), no en la versión clasista o estamental del noble y el siervo (también representada como monstruo alterego), sino en su versión íntima, y en ella, toda perversión es lícita para humillar el alma y poseerla, en contraposición a lo sagrado (poseedora pura frente a la posesión sucia); Satanás hecho carne, que viola la pureza y traspasa todos los límites para imaginarse más poderoso que la fuerza del cielo. Fornicar con la enfermedad, con la carne cadáver, violar lealtades, despreciar la bondad, el respeto, el cuerpo, la inocencia, lo digno...cualquier cosa imaginable y respetada por los otros entre la vida y muerte, sirve en su propósito iniciático.

No es sádico, porque no goza con el sufrimiento del otro, goza en el gozo que provoca su control absoluto en los límites y traspasándolos, ser más que Dios y parecerlo a los ojos de sus poseídas y demostrarlo sometiendo a su antojo.

Él es feo solo ante la conciencia y a la vez resulta el más hermoso en el deseo de sus poseídas. No existe amor en la Sonata, solo enfermizos vacíos, que en la posesión gozan, porque solo eso conocen, sabiéndose sometidos-encadenadas o ejerciendo lo que los vivifica y los condena a no ser más que eso.

Valle-Inclán, como escritor ejerce de Marqués buscando Conchas y todo lo recrea, lo sugiere, lo explicita con maestría, para después crear el suspense de lo prohibido, el truco literario, porque en realidad sin decorado, todo resultaría sórdido, cruel y más que detestable, pero cuando nos damos cuenta, igualmente nos sentimos víctimas violadas por las formas y en la última línea de la sonata, habiendo participado con sonrojo similar a pétalos de rosa, somos cómplices morbosos por el permiso dado al autor para sodomizar nuestra moral, virtud o ética.

Solo el lector profanado y sintiéndose culpable o desprevenido, humaniza al monstruo, advertido constantemente por los personajes: en su rabo, cuernos y barba de chivo; así cuando finalmente advertimos en el libro su cadáver de celulosa en nuestros brazos, evitamos el vernos reflejados en cualquier espejo de lo propio mientras que atravesamos las salas de nuestros palacios para depositar en la librería, restos de hojas secas y fuerte olor a azufre.

Suyo, Z+-----